El equipaje y el calendario con prisas...
y las palabras y las balas y el diccionario tan poco resuelto para decir lo que se tiene que decir de una manera precisa, y de pronto te ves sangrando de los dedos. Y no te queda màs que decir "sí, he sido yo". Y bancártela. Y de pronto te mira y detienes la memoria y unas ganas repentinas de irte te dan en la mèdula espinal como cosquillas en las pestañas, como alcohol de 96 en una herida que se hace cicatriz, en un recuerdo de una calle años atràs un poco más entrada la madrugada... efímero y fugaz.
Y de pronto, después de pensarlo menos de un segundo, te vas... y es que algo te hace falta. Mover los pies con un toque de furia... la furia necesaria para que las uñas te salten y dejen de buscar islotes de cemento y acetona. No es la gente ni el lugar en particular. No es el mute en medio del ruido, no es el hastío ni los ojos cansados. Es sólo que afuera hay una luna que sabes que te mira y se rìe y se cuelga de las nubes que se esconden detrás de las señales que alguien hizo para que los aviones no se conviertan en sinónimo de tragedia. Para que de arriba no caigan màs tormentos de metal y hierro hirviendo. Y es que en el diccionario no te escriben eso. Es la furia de todas las señales para aviones que tienen ganas de dejar de funcionar y causar un choque del que se hable mañana. Sales y caminas. y la ciudad està quieta. Y la quietud te da frío... Y la catástrofe se te mete en la boca. Y te gusta.
Y el horario de verano que lo mismo que el fin del mundo. Ni cómo, ni cuánto. Ni ayer ni mañana. Y de pronto pinta que el otoño traiga un par de lunas bien hijas de puta, que juguetean con las luces y enrevesan las rutas y caminos en el cielo. Y paradita, tratando de fijar la mirada en una sola, te bañas de petróleo y de smog y de miseria y desafías a los autos que vienen como olas sin avisar.
Así, sobreviviendo a lo que siempre viene sin decir agua va... A una señal para avión que se te sale del bolso, traviesa y a escondidas para decirte que igual estàs jodida, que caíste y que te des cuenta o no, las promesas en cigarros y el vacío y las cenizas te esperan cantando como en un kinky bar. Y te guardas el corazón en las botas y te aguantas las ganas de correr sin quicio. Y los cristales suenan como suena tu cadera... Y tratas de no olvidar el sonido de tus huesos mientras pasan los aviones y sientes que te rozan la frente. Y piensas que ojalá un avión se cayera. Y te sangran los dedos.
Y te da por decir un par de verdades sin complejos, que te aprovecha, que te desamparas en el intento que es quedarse acà mientras las señales para aviones tienen una falla en el motor. Te secas las manos...
Y es una pena saber que estás despierta y saber que estás despierto y que haya tanto de por medio. Y te da un poco de bronca... Y escribes un letrerito por si alguien lo ve. Por si alguien lo ve...
Y te quedas mirando la ciudad. y te sientas. Y te prendes un cigarro. Y te muerdes la manga del suèter. Y vuelves a caminar. Y hoy despuès de mucho tiempo, te da por llorar. Y lloras... Y te lavas la sangre de los dedos y la piel muerta se va con la última ráfaga de viento de la noche.
los aviones no hacen ruido ya.
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