Me parece que esta arritmia que vuelve cada tanto me va llenando de cenizas las banquetas, de hojas secas los ojos... piedritas en los zapatos...
De verdad necesito que no sea porque una tarde todo parece indicar que algo como la colita de la soledad me abofetea y los adolescentes en el parque asechan los pasos peatonales. Los miro de reojo y me dan ganas de arrancar plantas de raíz y en cada cambio de pierna pienso en que necesitaría invertir en un par de pecados y regarlos con ácido clorídrico... Que no estaría nada mal gritar como un niño grita si le da la gana gritar. Entonces grito...
En voz bajita grito...
Camino y hago lo que tengo que hacer... Y la arritmia se siente ya en la vena del cuello. Tun tun... tun tun tun... tun... Silecio... Tun tun... Tun... En serio que tengo que dejar de ir al supermecado y parecer una zombie caminando entre los pasillos. El de seguridad me conoce ya, igual a él tambièn le parezco un zombie que no ha sido perdonado. Pescado y pollo. Y un brócoli solo y seco. Lo tomo. Vino y cerveza... Y luego, después de pensarlo bien, me llevo sólo el vino.
Necesitaría llevarme nueces y aceite de hígado de bacalao...
Necesitaría también otro par de rodillas. Otro sistema nervioso y otra médula para hilar todo aquello inconexo que va a marchas forzadas en mi cabeza. Más me valdría no tener que elegir entre el sudor y la línea divisoria del todo bien y la totalidad a dos del caos. Entre la mantequilla y la mayoneza light. la puta que me parió...
No me vendría mal entender un par de cosas de mí misma parada allí en la puerta abierta del inmenso refri con el helado y el yogurt tratando de convencerme de cuan sanos son. Se me congela la boca.
Parada allí con el carrito estorbando y la boca congelada como paleta de uva de los muppets, de èsas que venían con dos palitos y que podías romper y compartir. Parada allí de verdad espero que este llanto imparable y repentino sea una consecuencia de mis hormonas y su guerra en el refri... De verdad espero que no sea grave y que no esté yéndome pa donde sé que me voy a ir... Y es que no le voy a poner stop.
Y es que no se puede poner stop. Cierro la puerta y la arritmia ahora está en las manos... Tun tun... tun... tun tun tun tun... Silencio... Tun...
y la fila es eterna... Y la gente parece que está parada con los ojos cerrados hojeando las revistas y decidiendo qué tiene menos cantidad calórica. Si el pan de muerto o el ajax amonia.
Toallas absorventes y jabón de ropa... Me cago en la diletancia, en la cobardía y en el desidio. Y salgo, maldición y vuelvo a escribir letreritos y letreros y letrerotes enormes por si alguien los ve, por si alguien los ve. Y la cajera me mira raro... Y la miro. Y le digo "buenas tardes" y me llevo el pan y trato de defender todavía la alegría...
Y me pinta hacer una batalla de agua y hojas y me pongo a llorar porque no encuentro los play movils en el bolso...
Y pienso luego, con las llaves en la mano tun tun... tun... tun tun tun tun tun... que de verdad me vendría bien no darle vueltas al carrusel y decir bàsicamente que el talento y la inteligencia se van mucho a la mierda si te quedas sentado en la silla del hall.
Porque en realidad es lo que he estado pensando toda la tarde. Y es por eso que se me congela la boca... Y es por eso la arritmia.
A la mierda la creatividad,
A la mierda las imágenes
A la mierda las palabras
A la mierda yo
A la mierda el ticket y las bolsas de plástico
A la mierda todos.
no me soporto.
hoy a nadie.
Me olvidé la pasta de dientes...
Te dije que me importas, carajo, y que me parece que tú también te puedes ir mucho a la mierda?
Ronroneo a domicilio, desfibrilizadores en el bolso y morfina caduca. Sip. Esto es lo que hay...
lunedì 7 novembre 2011
domenica 6 novembre 2011
SEÑALES PARA AVIONES
El equipaje y el calendario con prisas...
y las palabras y las balas y el diccionario tan poco resuelto para decir lo que se tiene que decir de una manera precisa, y de pronto te ves sangrando de los dedos. Y no te queda màs que decir "sí, he sido yo". Y bancártela. Y de pronto te mira y detienes la memoria y unas ganas repentinas de irte te dan en la mèdula espinal como cosquillas en las pestañas, como alcohol de 96 en una herida que se hace cicatriz, en un recuerdo de una calle años atràs un poco más entrada la madrugada... efímero y fugaz.
Y de pronto, después de pensarlo menos de un segundo, te vas... y es que algo te hace falta. Mover los pies con un toque de furia... la furia necesaria para que las uñas te salten y dejen de buscar islotes de cemento y acetona. No es la gente ni el lugar en particular. No es el mute en medio del ruido, no es el hastío ni los ojos cansados. Es sólo que afuera hay una luna que sabes que te mira y se rìe y se cuelga de las nubes que se esconden detrás de las señales que alguien hizo para que los aviones no se conviertan en sinónimo de tragedia. Para que de arriba no caigan màs tormentos de metal y hierro hirviendo. Y es que en el diccionario no te escriben eso. Es la furia de todas las señales para aviones que tienen ganas de dejar de funcionar y causar un choque del que se hable mañana. Sales y caminas. y la ciudad està quieta. Y la quietud te da frío... Y la catástrofe se te mete en la boca. Y te gusta.
Y el horario de verano que lo mismo que el fin del mundo. Ni cómo, ni cuánto. Ni ayer ni mañana. Y de pronto pinta que el otoño traiga un par de lunas bien hijas de puta, que juguetean con las luces y enrevesan las rutas y caminos en el cielo. Y paradita, tratando de fijar la mirada en una sola, te bañas de petróleo y de smog y de miseria y desafías a los autos que vienen como olas sin avisar.
Así, sobreviviendo a lo que siempre viene sin decir agua va... A una señal para avión que se te sale del bolso, traviesa y a escondidas para decirte que igual estàs jodida, que caíste y que te des cuenta o no, las promesas en cigarros y el vacío y las cenizas te esperan cantando como en un kinky bar. Y te guardas el corazón en las botas y te aguantas las ganas de correr sin quicio. Y los cristales suenan como suena tu cadera... Y tratas de no olvidar el sonido de tus huesos mientras pasan los aviones y sientes que te rozan la frente. Y piensas que ojalá un avión se cayera. Y te sangran los dedos.
Y te da por decir un par de verdades sin complejos, que te aprovecha, que te desamparas en el intento que es quedarse acà mientras las señales para aviones tienen una falla en el motor. Te secas las manos...
Y es una pena saber que estás despierta y saber que estás despierto y que haya tanto de por medio. Y te da un poco de bronca... Y escribes un letrerito por si alguien lo ve. Por si alguien lo ve...
Y te quedas mirando la ciudad. y te sientas. Y te prendes un cigarro. Y te muerdes la manga del suèter. Y vuelves a caminar. Y hoy despuès de mucho tiempo, te da por llorar. Y lloras... Y te lavas la sangre de los dedos y la piel muerta se va con la última ráfaga de viento de la noche.
los aviones no hacen ruido ya.
y las palabras y las balas y el diccionario tan poco resuelto para decir lo que se tiene que decir de una manera precisa, y de pronto te ves sangrando de los dedos. Y no te queda màs que decir "sí, he sido yo". Y bancártela. Y de pronto te mira y detienes la memoria y unas ganas repentinas de irte te dan en la mèdula espinal como cosquillas en las pestañas, como alcohol de 96 en una herida que se hace cicatriz, en un recuerdo de una calle años atràs un poco más entrada la madrugada... efímero y fugaz.
Y de pronto, después de pensarlo menos de un segundo, te vas... y es que algo te hace falta. Mover los pies con un toque de furia... la furia necesaria para que las uñas te salten y dejen de buscar islotes de cemento y acetona. No es la gente ni el lugar en particular. No es el mute en medio del ruido, no es el hastío ni los ojos cansados. Es sólo que afuera hay una luna que sabes que te mira y se rìe y se cuelga de las nubes que se esconden detrás de las señales que alguien hizo para que los aviones no se conviertan en sinónimo de tragedia. Para que de arriba no caigan màs tormentos de metal y hierro hirviendo. Y es que en el diccionario no te escriben eso. Es la furia de todas las señales para aviones que tienen ganas de dejar de funcionar y causar un choque del que se hable mañana. Sales y caminas. y la ciudad està quieta. Y la quietud te da frío... Y la catástrofe se te mete en la boca. Y te gusta.
Y el horario de verano que lo mismo que el fin del mundo. Ni cómo, ni cuánto. Ni ayer ni mañana. Y de pronto pinta que el otoño traiga un par de lunas bien hijas de puta, que juguetean con las luces y enrevesan las rutas y caminos en el cielo. Y paradita, tratando de fijar la mirada en una sola, te bañas de petróleo y de smog y de miseria y desafías a los autos que vienen como olas sin avisar.
Así, sobreviviendo a lo que siempre viene sin decir agua va... A una señal para avión que se te sale del bolso, traviesa y a escondidas para decirte que igual estàs jodida, que caíste y que te des cuenta o no, las promesas en cigarros y el vacío y las cenizas te esperan cantando como en un kinky bar. Y te guardas el corazón en las botas y te aguantas las ganas de correr sin quicio. Y los cristales suenan como suena tu cadera... Y tratas de no olvidar el sonido de tus huesos mientras pasan los aviones y sientes que te rozan la frente. Y piensas que ojalá un avión se cayera. Y te sangran los dedos.
Y te da por decir un par de verdades sin complejos, que te aprovecha, que te desamparas en el intento que es quedarse acà mientras las señales para aviones tienen una falla en el motor. Te secas las manos...
Y es una pena saber que estás despierta y saber que estás despierto y que haya tanto de por medio. Y te da un poco de bronca... Y escribes un letrerito por si alguien lo ve. Por si alguien lo ve...
Y te quedas mirando la ciudad. y te sientas. Y te prendes un cigarro. Y te muerdes la manga del suèter. Y vuelves a caminar. Y hoy despuès de mucho tiempo, te da por llorar. Y lloras... Y te lavas la sangre de los dedos y la piel muerta se va con la última ráfaga de viento de la noche.
los aviones no hacen ruido ya.
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