Ya en casa, después de conseguirse el collarín, y hacerse los análisis “post preservativo roto” que le había mandado su doctora, probó si su mentira funcionaría. Se lo dijo primero a Alex y a Alejandra, su hermano y amiga, quienes se ofrecieron a llevarla a donde fuera necesario para hacerle menos pesado el tiempo que permanecería semi lisiada. Se dio una ducha y se echó un rato en su cama tratando de unir las pocas imágenes que recordaba de la otra dimensión en su último viaje. La cara de aquél era poco clara, pero sus palabras sí que las memorizó. “Te equivocaste otra vez. Deja de hacerte la tonta. Ya sabes dónde encontrarlo y ya sabes qué hacer”. Con esto rondando en su mente y con el “On an island” de David Gilmour se durmió hasta media tarde. Luego fue al teatro a dar función y a pesar de que todo el mundo preguntó, ella hizo caso del consejo de Otif y no contó detalles a nadie.
Volvió a ser viernes. Pasó una semana desde que había visto a Leo. Entre todo, no tuvo mucho tiempo para pensar en él concretamente pero su olor no se le había escapado todavía. En la mañana despertó y al verse sola en su cama, no quiso salir de ahí. Él no la había llamado. “Maldito”, pensó ella. Comenzó el día con la novedad de echarlo muchísimo de menos.
Después se relajó, estudió sus textos, hizo intentos por leer algo pero como nada parecía hilarse en una sola frase, pronto desistió de seguir.
Por la noche, Alejandra llegó a casa con una brillante y salvadora propuesta: Su hermana las estaba invitando a pasar una semana en la casa de una amiga en Acapulco. Tanto Ale como Pat, andaban cortas de dinero pero la hermana había insistido en que les caería bien y el viaje no sería caro pues no había que pagar hospedaje. Si aceptaban, pasarían las fiestas de navidad en el mar. Después de platicarlo un rato, llegaron a la conclusión de que ambas merecían una semanita de descanso. Luego, Alex, el hermano mayor de Pat les propuso que pasaran año nuevo en Chacahua, una playa mágica en Oaxaca a la que solían ir a acampar en vacaciones.
De pronto, Patricia estaría dos semanas alejada de todo. La idea la relajó y la puso de buen humor. El período oficial de vacaciones coincidía con la fecha en la que estarían en la playa, así que arreglaron un par de asuntos, y comenzaron a planear todo para el viaje.
Partían en tres días. Pat tendría que llamar a Otif para verse antes de que se fuera; quería saber algo, tener una certeza, una pista que la llevara a descifrar el acertijo que se le presentaba. Se encontraba inmersa en una duda como una mosca atrapada en un vaso de agua. Nunca antes había tenido la necesidad de investigar sobre lo que le sucedía y ahora la curiosidad la invadía.
Pero la curiosidad mató al gato. Sí, pero aún le quedaban 8 vidas.
Al día siguiente, se vieron de nuevo en casa de Itares. Él había preparado toda una introducción sobre los universos paralelos. La recibió con una jarra de clericot, la hizo sentarse cómodamente y comenzó con su exposición:
-Todo este asunto de los universos paralelos no es tan nuevo. Escucha. Esta teoría fue propuesta por primera vez en 1950 por Hugh Everett.
-Mucho gusto. ¿Quién es ese señor?
-Ahí voy. Ese señor es un físico estadounidense que ayuda a explicar los intrincados misterios de la mecánica cuántica.
-Ok. Un placer saber del señor Everest.
-Everett.
-Perdona, Everett. Continúa por favor.
-Él propone la existencia de un universo de muchos mundos en el que cada vez que se explora una posibilidad física, el universo se divide creando un número de alternativas que a su vez se realizan en sus propios universos. Evidentemente, el número de escenarios alternativos es infinito. Bueno, muchos expertos han tirado de a loco a Everett y a la teoría que propone que por ejemplo, un motociclista se salva por un pelito de ser atropellado, pero otra versión del mismo motociclista está recuperándose en un hospital, y si me apuras, otra más no se salvó y está muerto.
-¿Y de los tres motociclistas aventureros, cuál es el de verdad?
-No se sabe, en cada universo ese motociclista existe. Para cada alternativa se crea un universo propio. No quiero decir con esto que haya tres Patricias viviendo cosas distintas, sino que las posibilidades que trae consigo un suceso, pueden ser infinitas.
-Bien. Creo que hasta el momento, te voy siguiendo.
-Hace algunos años, un equipo de amigos científicos de la universidad de Oxford demostró matemáticamente que la estructura del universo se puede ramificar como un árbol y se puede dividir en versiones paralelas de sí mismo. Es como si viéramos en una gráfica la línea del tiempo del universo.
-¿Sería como un árbol gigantesco con millones y millones de ramitas pegadas a él, pero independientes?
-Sí, más o menos. La mecánica cuántica dice que una partícula no existe hasta que no es observada.
-Mira, como en el teatro. Yo existo justamente porque el otro me hace ver que existo y que soy. Perdón. Continúa. Ya me estoy metiendo en asuntos con pretensiones ontológicas.
-Esas partículas se encuentran en estados “súper puestos” al mismo tiempo. Cuando son observadas adoptan un estado particular de realidad. Y si partimos del hecho de que el universo, tal y como podemos saber de él a través de los astrólogos y científicos es concretamente tiempo y espacio, podríamos plantearnos la existencia de otros universos con diferentes características y leyes físicas que los rijan.
-O sea, que puede haber muchos mundos según esta teoría.
-Exacto. La cuestión es que lo que te pasa a ti no solamente comprueba tajantemente la existencia de estos universos, sino que abre las posibilidades a la vez que las preguntas. Se supone que hay fronteras infranqueables pero tú pasas por encima de ellas abriendo puertas de las cuales nadie ha tenido llave antes.
-No me asustes Otif. ¿Por qué yo? Yo lo más que hago es acceder a la ficción desde la realidad utilizando una especie de bifrontalidad actoral. Eso de por sí ya es bastante difícil, no creas.
-Pues es justamente eso. Tienes una capacidad bifrontal o trifontal o multifrontal pero no en el terreno de la ficción teatral, sino en el terreno de otros universos. ¿Entiendes que tal vez no sea coincidencia el hecho de que seas actriz de teatro y te sumerjas constantemente en otros mundos para hablar y resolver algo de la realidad?
-Buen punto. Tiene sentido. Tal vez, como dice tu sobrino, las coincidencias no existan.
-Es divertido hacer la analogía. Tiempo y movimiento están relacionados. Lo que vamos a tratar de averiguar es si es otro universo u otros universos. Y si es así, ¿por qué te dejan saber de ello? Tal vez te encuentres en un estado de dilatación corporal porque no has cerrado las puertas que abriste y tienes que volver al lugar al que perteneces habiendo entregado las llaves correspondientes. Agradece que no te hayas quedado atrapada en un hoyo negro.
-¿Cómo no? Mi vida completa está inmersa en un hoyo negro desde hace mucho.
-Como sea, estoy seguro que es mucho más lindo que un agujero negro que conecta el tiempo y el espacio en el que puedas perderte por millones y millones de años porque algo no ha funcionado bien.
-Ok. Comparado con eso, declaro que mi vida está más bien en un hoyo medio gris que a veces tiende a ponerse púrpura. Mejor ése que el negro. De eso ni hablar. Pero no soy ninguna vaga existencial, creo. No necesito que nadie más venga a vivir por mí y mucho menos necesito vivir por alguien más.
-¿Lo ves? Por lo pronto esperemos que todo salga bien y no te quedes atrapada por ahí porque si eso pasa, quién sabe si pueda llegar alguien a salvarte.
-Sí. Todos allá me dicen que no vuelva. La cuestión es que, necia como siempre, regreso cada vez. Lo bueno es que ahora te tengo a ti de este lado.
Después de un rato, él, entre emocionado y nervioso le dijo: -Tardé todo el día en instalar lo que voy a mostrarte. Pienso que puede funcionar. Ven, que te enseño. Es un experimento aleatorio, puesto que no es previsible con certidumbre. Ya vas a ver. Vamos a observar si encontramos la probabilidad de que haya otra persona viviendo tu vida, que seas dos personas viviendo paralelamente o que una sola persona, o sea tú, puedas habitar distintos universos. Es un suceso aparentemente imposible, pero eso mismo le han dicho a los grandes científicos de la historia. De todos modos la probabilidad siempre es condicionada por características muy precisas, aunque siempre está el elemento del azar. Eso es lo que vamos a tratar de descubrir.
-¿El azar qué tiene que ver en esto?
-Si, mira. Con base en lo que veamos hoy, podremos saber, tal vez, si los lugares a donde te vas tienen un objetivo preciso de ser visitados por ti o si solamente eres atraída por fuerzas que se basan en el azar. Por ejemplo, cuando tiras los dados en un juego de un casino, las probabilidades se acotan puesto que los números del dado en un juego convencional llegan hasta el 12. Tienes que contabilizar el número de posibles resultados al lanzar el dado varias veces. Ahora, todo es más complicado si añades otro dado y si le sumas otro, o sea, si tienes tres, encontrarás que hay 216 combinaciones posibles. Lo mismo sucede con esto. Puede ser que por cada viaje que hagas, miles y millones de probabilidades se sumen a la gráfica de la estadística. Galileo Galilei fue el que llegó a esta conclusión utilizando el cálculo de 216=6(3). También desarrolló la teoría de los errores. Y aquí, muchachita hay que prestar atención. Eso mismo pasa con esto. No sabemos cuántas puertas atraviesas y tampoco el objetivo de ello. A lo mejor te estás equivocando y ya no te quedan muchas fichas para jugar. Una probabilidad puede ser aleatoria y puede tener valor de un rango que a su vez puede ser infinito, pero primero tenemos que ver la densidad de probabilidad y de su distribución acumulada. Tendremos que ver también la variabilidad dentro de la probabilidad que postulemos como la mayor. Pero sobre todo, tenemos que ser cautelosos con los errores. En este caso, puede ser de vida o muerte, pero ten calma. Vamos a ir entendiendo poco a poco.
-Lo único que entiendo es que voy a tener que viajar mucho y que es peligroso. ¿Es así?
-Mmm. Sí. Básicamente es eso. Pongámonos optimistas y hagamos como Christian Huygens, quien introdujo el concepto de “esperanza matemática” para variables aleatorias que toman dos o tres valores.
Pat trató de entender y guardarse aquellos datos, pero las palabras “probabilidad” y “azar” le sonaban como algo distante y lejano dichas desde ese lenguaje. A ella esos dos conceptos siempre le habían parecido de lo más mágicos; de esas cosas que no pueden explicarse pero que te toman por sorpresa y te hacen el día. Como cuando no tienes un centavo, sales a caminar y te encuentras con una cartera que dentro tiene 600 pesos. Piensas qué vas a comprar con eso. Decides que primero guardarás 300, luego irás a la dulcería, comprarás 100 gramos, no 200 gramos de mango con chamoy, pasarás por la librería y conseguirás un buen libro, irás al cine a ver una película dominguera, y en el asiento de al lado te encontrarás con un hombre con el que terminarás viviendo un tórrido “affair” en las Bahamas.
Además era rarísimo que alguien creara fórmulas para la probabilidad y el azar. Claro, seguro que esta visión sí que le serviría al dueño de un casino. Encima, resultaba que un loco, había inventado el concepto de “esperanza matemática”. Qué absurdo. De por sí ya era difícil hablar de la esperanza en un mundo como éste y por si fuera poco alguien la trataba de explicar, siendo algo totalmente abstracto, desde las reglas de los números.
-No me acuerdo quién dice que la esperanza sólo alarga el tiempo de agonía, pero pienso que es totalmente cierto. -Dijo Pat mientras prendía un cigarrillo.
-Hay demasiadas construcciones como la esperanza y la fé que lo único que hacen es aumentar el dolor y la agonía humana, pero no se trata de eso, chiquilla. Estamos a punto de descubrir algo que va a cambiar la historia de la ciencia. Y seguramente la historia de tu vida también.
Fueron escaleras arriba y se encontraron con todo un laboratorio que parecía de la NASA. Otif había preparado un circuito de televisión para poder dejarla sola a Pat y al tiempo, monitorear lo que físicamente le pasaba. Le puso una serie de cables complicadísimos con cinta adhesiva en la cabeza y en el pecho, los cuales medirían su pulso y el movimiento de las terminaciones nerviosas durante el viaje. Éstos estaban conectados a un aparatito que marcaba una gráfica en una pantalla de plasma. Otif se lo presumía orgulloso. Ya enchufada en todo el asunto tecnológico, se quedó sola en la habitación. Otif salió y se sentó en otra recámara, la cual tenía una televisión en la cual podía verla a ella.
Esperó.
Pasaron dos horas y no sucedió nada.
-Otif. ¿Me escuchas? ¿Puedes verme?
-Te escucho y te veo perfectamente.
-Sabes, creo que esto no va a funcionar. Te digo, no puedo planearlo. Me sucede de repente. Pienso que estoy tratando de concentrarme en irme y mientras más lo hago, tu probabilidad o lo que sea, se ve más lejana.
-No te preocupes, si quieres paramos.
-No, está bien. Sigamos un poco más.
-¿Por qué no intentas distraerte? Te dejé un par de películas y discos para que tengas qué hacer.
Patricia vio los films que Otif le dejó en el buró. Los títulos eran “Danza con lobos”, “Las memorias de Antonia”, “Adiós a mi concubina”, “Pulp ficition”, “Mar adentro”, “Los tres García”, “Naranja mecánica”, “Monster”, “Perdidos en Tokio”, “Rojo”, “Amelié” y una compilación de “Monty Python”, entre otros. Optó por este último.
-Me renté todo el block-buster. No sabía qué tipo de películas te gustaban así que te traje de todo un poco. -Se escuchaba la voz de Otif en una bocina que colgaba de una esquina de la habitación.
-Está buenísima tu selección. Opto por algo que me haga reír.
Sacó el disco de Monty Python de la caja, lo insertó en el dvd y se acomodó en la cama. La película empezó. Pat estaba disfrutándola, pero los números en el lector del aparato que marcan cuánto tiempo va y cuánto falta, la distraían.
Pestañeó. Abrió los ojos de nuevo en el instante en el que el lector marcó 60 60. Eran 60 minutos los que habían transcurrido y 60 los que faltaban para que terminara la película.
-Otif, ¿sigues ahí?
-¡Corre! ¡Por lo que más quieras, corre, no vuelvas más acá! ¿Por qué vienes? ¿De qué estás escapando?
-No escapo de nada. ¿Quién eres? ¿Dónde estamos?
-En Alaska o en Milán o en París, no importa.
-Todo está muy oscuro, no puedo verte bien.
-No es necesario que me veas. Es necesario que te vayas. No tienes mucho tiempo.
-¿Por qué todo el mundo me habla como en enigmas? ¿Dónde estoy? ¿Por qué hace tanto frío? ¿Quién vive en esas casas que están al fondo?
-Nadie. Todos. El tiempo vive allí. Los vivos y los muertos. Las respuestas y las interrogaciones. La locura y la razón.
-¿Los muertos? Ahora me vas a decir que eres una condenada muerta que me habla porque su espíritu no puede descansar.
-Nada más voy a decirte que tienes que buscar en otro lado. De tu lado. Tienes que buscar en ti.
-¿Y qué es exactamente lo que tengo que buscar?
-Trata de recordar. No te des por vencida.
-Por favor, ayúdame. Recientemente, ustedes los de esta acá, no han hecho más que confundirme.
-Yo no pertenezco a este sitio. Sólo estoy de paso. Yo voy a otro lado. Esto es como una estación. Un lugar en donde se conectan a su vez, más lugares.
-¿A dónde vas?
-¿A dónde vas?
-¿No me vas a decir nada?
-Recuerda. Permítete recordar. Es una historia realmente bonita. Me tengo que ir. Buena suerte Patricia.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-No sé… No es importante. Lo que sí importa es que tú no olvides ese nombre. No lo hagas.
-¿Cuál nombre? ¿De quién?
-Sólo recuerda.
-Lo haré, espero. Gracias, supongo.
-Oye, ¿puedes hacerme un favor?
-¿Un favor?
-Sí, un favor.
-Supongo que sí.
-¿Puedes decirle a Otif que no estoy enfadada con él.
-¿Qué? ¿Cómo sabes que conozco a Otif?
-Te digo que nada de eso importa. ¿Puedes hacerlo?
-Sí, creo que sí, si me acuerdo cuando regrese. ¿Quién le manda ese recado?
-Melina. Por favor dile que Melina le manda ese recado.
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