martedì 28 dicembre 2010

DIEZ Y NUEVE. 19. "CORTO CIRCUITO"

El lugar era una especie de cubo en el que podías ver que a lo lejos, todo parecía transcurrir de la manera más normal. Había un bosque, se escuchaba un río y estaba lleno de pequeñas casas que a su vez, eran cubos más pequeños. La temperatura era más bien baja y todo el ambiente estaba en blanco y negro. Los personajes hostiles con los que Patricia se había encontrado anteriormente, estaban lejos, distantes. Observaban y hacían comentarios en torno a su presencia. Seguía pareciendo que no era bienvenida. Exceptuando a aquella chica que Pat no pudo alcanzar a ver, todos le lanzaban miradas de advertencia. Igual sabía que tenía que buscar a alguien y que por lo visto, lo estaba haciendo en el sitio equivocado. Entonces, ¿por qué seguía yendo hacia allá? ¿Por qué seguía viajando?

-Pat, volviste. ¿Estás bien? ¿Te hicieron daño otra vez?

Otif entró a la habitación con una tabla gráfica en las manos.

-No, no me hicieron daño. ¿Cuánto tiempo me fui?

Otif miró su reloj de pulsera y dijo: -Exactamente 5 minutos con 55 segundos. ¿Allá también te pareció que transcurrió esa cantidad de tiempo?

-Sí. No siento que haya estado más que eso. Pero es diferente, ¿sabes? Todo es mucho más denso y luego toma un aire de ligereza que espanta. Era un bosque, pero no era un bosque. Y estaba en Milán o en Alaska, me dijeron. Pero era más bien como estar en ningún lado.

-¿Te dijeron? ¿Quiénes?

-Una chica. No vi cómo era físicamente, sin embargo hablé con ella. Me dijo más de lo que ninguno me había dicho antes y al mismo tiempo no me dijo nada.

-¿Cómo?

-Sí. Es como si todos allá supieran lo que tengo que hacer y nadie pudiera decírmelo. Como si lo tuvieran prohibido. Tal vez es sólo que les da placer verme así de angustiada y juegan con la información porque saben que les da poder. Saben que tienen poder sobre mí porque yo no tengo idea de qué es de lo que hablan y gozan con eso. Como cuando un niño tiene una lupa y descubre el efecto del sol en el cuerpo de los insectos a través de la lente de una lupa.

-¿Qué te dijo?

-Que lo único que tenía que hacer era recordar; dejar de buscar allí y recordar. Pero entonces, ¿por qué sigo yéndome quién sabe a dónde? Me dijo también que ella estaba de paso, que iba a otro lugar.

Otif le quitó los cables de la cabeza y le dio a beber una de esas bebidas re hidratantes para deportistas junto con un par de aspirinas.

-Me punza la cabeza.

-Sí. Ahora entiendo. Tu cerebro registró haber trabajado 8 veces más de lo normal, pero no hay ningún tipo de daño neuronal. Sólo es como si estuviera operando a marchas forzadas. Tu pulso también subió, pero en cuanto regresaste, rápidamente se normalizó.

-Dime ¿Volví a desaparecer?

-Sí. Los cablecitos que estoy quitándote ahora se quedaron como flotando en la nada.

-Ay, mira. Como yo. Flotando en la nada.

-Si quieres puedes ver tu momento “houdinesco” en la grabación. Pareces un holograma.

-¿Qué pasa si un día no puedo volver?

-No sé. Estoy pensando en algo para poder hacerte regresar en caso de que eso suceda. Lo mejor por ahora es no correr más riesgos.

-Siento como si hubiera corrido un maratón. Me entró un sueño pesadísimo. ¿Puedo dormir un poco?

-Sí, claro. Entonces, recapitulemos. Aquella chica te dijo que estás ahí porque tienes una misión que debes que recordar, que hay alguien a quien debes encontrar ¿no es cierto? Bueno, me parece que es un avance. Ahora, trata de acordarte. ¿Alguna información más que pueda servirnos para la investigación?

-Sí. Parece ser que este lugar en especial, es como una estación de autobuses que van al espacio exterior o qué se yo. No se parece a ningún otro en los que había estado. Creo que todo el paisaje se movía a mi alrededor.

-Descansa un poco. Te despierto en un rato y cenamos algo. ¿Si?

-Sí. Ah, Otif. Una cosa más.

-Dime.

-Esa chica, Melina. Me pidió que te dijera que no está enfadada contigo.

-¿Melina?

-Así me dijo que se llamaba y me pidió que te diera este recado.

Otif se quedó un segundo sin respirar, movió las manos como dos molinos de trigo en un día de arduo trabajo, levantó la cabeza y de súbito la bajó, como si con ese movimiento pudiera acomodar sus ideas en una caja de cartón que se ha roto de la base.

En silencio y con pasos largos salió de la habitación.

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