Eran las 5:00 am. El parte meteorológico anunciaba que el huracán "Alex" había subido de categoría. Era ahora mucho más peligroso. La chica del clima recibió el informe; tendría que recomendar abrigarse y evitar olvidar el paraguas. El huracán, por cierto, golpearía al golfo también. La ciudad sería un caos, además.
La mañana aparecía entre nubes y edifios y gotas de agua que entorpecían el paso de cualquiera.
La chica del clima salió esa mañana ya con la previa de cómo estaría climatológicamente el día.
Solamente para que conste en acta, ella, que tenía la estadística de las condiciones climáticas, que sabía en qué momento tal vez saldría el sol y cuándo dejaría de llover, no se imaginó que "Alex" llegaría doblando una esquina tirándole mucho más que el papeleo con mapas y números.
No hablaron demasiado. En la calle, el encuentro accidental, el primero, fue breve. Él venía cubiréndose de la lluvia con un maletín pequeño que formaba una figura típicamente imposible de ser seria, y ella entrecerraba los ojos mientras caminaba en contra del viento con su gabardina cerrada hasta el cuello.
Doblaban la ezquina y se toparon típicamente al dar la vuelta cada uno con su prisa personal, con la mente ubicada entre no perder la marcha del paso y llegar a tiempo. El choque fue duro, lo suficientemente duro como para que los sacara del encimismamiento cotidiano. La hebilla del maletín de él le dió a ella justo en la parte de la ceja, causando un brote de sangre pequeño pero escandaloso. El se escusó y ofreció acompañarla hasta un consultorio médico, ella medio atolondrada, dijo que no era necesario, que iría a la farmacia y que se pondría un bendolete. Miró el reloj y le advirtió que tenía que darse prisa, que era preciso llegar al canal de televisión en el que trabajaba para dar su predicción del tiempo. Sin embargo, él la tomó del brazo y la llevó hasta su auto, que no estaba lejos, diciéndole que después la llevaría al canal y que así llegarían más rápido.
La sangre no debaja de chorrear.
Pararon en una farmacia. El tráfico era total. Él se bajó del auto, ya sin importarle mojarse y volvió con un par de gasas y cinta adhesiva. El fenómeno climatológico los encerró en el auto y en el tráfico. Él, con calma le curó la herida. Había olvidado el alcohol o el mertiolate. Ella lo observaba de cerca los gestos que su rostro hacía al colcarle con cuidado la gasa y pegarla con la cinta.
A ella poco le importó la falta de alcohol o mertiolate. Él tenía las manos más cuidadosas que jamás había visto. Pensó que tal vez era doctor. A él no le importó llenarse todo de sangre. Ella tenía los ojos más atrayentes, el olor más rico que había percibido en mucho tiempo.
La herida dejó de sangrar. Paró de llover. Arrancaron el auto. Él condujo sin preguntar a dónde.
Después de un par de horas de plática, se encontraron en la carretera.
Otras dos horas... Alex se llamaba quien la llevaba entre cirrus y stratus en un motel de la autopista.
Pasaron todo el día allí. Toda la noche.
Cuando el reloj marcó las 7:00 am ella estaba lejos de decir si llovería o no, sabía sólo que se encontraba dormida en medio del huracán.
No llegó al canal a recomendar vitamina c y abrigos.
No fue más la chica del clima del canal 12.
Solamente para que conste en acta, algo que no le dijeron del parte meteorológico es que los fenómenos climatológicos son también caprichosos.
No se podía sentir mejor entre los restos de la tormenta y la cama caliente cuando se asomó a la ventana.
No, no. Ese día no salió el sol. y "Alex", húracán, temporal, se fue a media mañana.
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