venerdì 18 giugno 2010

"TIENEN TODA LA RAZÒN"

Tienen algo en comùn todos ellos. En todas las historias la mala soy yo.

De madrugada siempre llegué en silencio para no tener que decir "sabes, esta vez creo que tienes razón".

Por la puerta trasera pasò de todo... Jugué a la tranquilidad de la seguridad, al doctor, a la extranjera, a la buena, a la puta, a la peor, a la que dice apretando las manos "no eres tú, soy yo". A la que toma el té por la mañana y dos horas después cierra la puerta y se va en un tren; la que se queda sentadita en la escalera, la que conoce las salas de espera, la que no pide ni da una sola explicación.

Tienen razón, toda la razòn... La mala siempre he sido yo. De puntitas y en silencio besé uno a uno los cerrojos que acabarían en adiós.
Sé bien a lo que saben las lágrimas escondidas en la bañera, el abismo en la cuchara del azúcar, el recado en la contestadora equivocándome de nombre y los silencios eternos en el auto.

Tienen toda la razòn... Tenía toda la razón... Supe ya lo que es tomar por desayuno un biscocho con traición.

Tal vez es que tienen razòn... Debí haber dicho la verdad.
Tomar la película de antes y proyectarla en la sala de estar.
Tal vez debí olvidar el cepillo de dientes y guardar un par de medias en el placard. No echarlos antes del amanecer ni dar teléfonos falsos.
Tienen toda la razón. Soy cruel y tarada...
No fui nunca de decir llámame uno de estos días, aunque me muriera de ganas...

Tienen toda la razòn... Mi tranquilidad por la ausencia de vínculos apresurados hace mucho más fácil la dura tarea de odiar y decir que hubiera sido mejor no hablarme esa noche, no invitarme a dormir.

Porque siempre al final resulta que me equivoco. Cuando quiero no estar sola un noviembre tampoco hay a quien quiera llamar.

No pido perdón porque sé que no importa. Cuando no dejas una huella tan poco profunda para ser llorada el proximo fin de semana entre reproches y alcohol puedes salir a media madrugada sin la preocupación de ser recordada.

No pongo una sola queja. y no acepto un no.
Porque tienen razòn mis amantes... la mala del cuento siempre he sido yo.

Sòlo entonces pregunto, ¿por què diablos siguen llamando?

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