venerdì 18 giugno 2010

Hojas de papel tiradas en las vías del tren.

Abro la nevera...

Me encuentro con varias cosas echadas a perder. Hay un litro de helado de dulce de leche con moho, una lata de conservas vacía y una carta que dice que te iba a echar de menos cuando me fuera para volver, de nuevo para estar sola. Hay un tarro de miel imposible de abrir y un vasito con salsa golf. Una o dos canciones escritas atrás de la cerveza quemada. Inacabadas y húmedas... la nevera las tararea... y dan frío...

Se ahogaba todo en una habitación y yo... no estaba... Y no quise que se ahogara todo lo que era verdad, pero al final fueron más las cosas no ciertas. Y no quise ver. Me compré una licencia, una que expiró ya. Y debo impuestos, y tengo el jean manchado de salsa de soya. Y debo más de un par de explicaciones. Pero no hubo tiempo ni palabras... No las hay aún.

Estuve muy cerca para ver lo que estaba quemándome las manos... Estaba muy cerca y muy lejos para verme.

Abro la nevera y pienso en cómo podría haber sido…

No en cómo fue ni en cómo es. La cabeza no me da. Como en este momento hay demasiadas libélulas que han escapado de la nevera y hacen quilombo en el patio trasero, sólo puedo pensar en aquello que queda fracturando el tiempo entre alitas mojadas en el ponche del último asado y antenas descompuestas.

Pasa que las libélulas vuelan ciegas y chocan unas con otras. Es imposible no pensarlas posadas en los árboles, como es imposible saberlas tranquilas en el ocaso. Por eso sólo puedo apenas imaginar cómo hubiera podido ser si no hubieran salido todas juntas. Es que sí, pueden salir pero no se puede todas a la vez… Pero yo las encerré y ahora entre los zumbidos, el viento y la confusión, sólo se miran remolinos que escarchan los ojos. Eso es absurdo, que se estampen mientras vuelan, y que sigan; que la única manera de volar sea estamparse. Como es absurdo haber salido a correr con el tobillo roto, como es absurdo haber intentado dormir de un lado de la cama cuando no se puede dormir en absoluto.

O simplemente decir que todo anda bien, salir a la calle y cruzar una avenida sin fijarte a ambos lados, y volver a decir que todo anda bien. O despertarse apretando la mandíbula, con trozos de dientes rotos y volver a decir que todo anda bien, o no contar las cosas, o contarlas a medias, darte un baño, pasarte el lápiz de ojos y volver a decir que todo está bien. Otro fernet y todo bien.

Es absurdo ¿no? Es absurdo pensar en algo que pasó de ser una posibilidad a un tarro de helado caduco en la nevera. Es totalmente encabronante mirar a la probabilidad quemarse por una serie de descuidos y observar a las gaviotas a lo lejos comiéndose los restos sabiendo que van a intoxicarse. Es absurdo, es triste darte cuenta de que el mar, ese mar que se veía por la ventana es sólo una muy buena litografía hecha en China.

Apenas abres la puerta las libélulas entran con todo el caos a las habitaciones y se acomodan en los armarios y en las gavetas para hacerte buscarlas y preguntarles qué carajos les sucede. Y están llenas de arena. Y de petróleo. Y la combinación es una masa que necesita un baño urgente de solvente.

Y por ahí un pájaro muerto que dice que también he sido yo.

Un poco difícil decir lo que está pasando.

No sé si es solamente absurdo y triste, y otra cosa y mil cosas más y luego...

Busco adjetivos para tratar de definir algo con un toque mínimo de claridad. Pero es que los adjetivos no vienen siempre en ambulancia ante una emergencia. Es sobre todo por esto que no puedo desperdiciar palabras y tendría que quedarme callada.

¿Y cómo terminar de caer cuando eres sostenida por un par de libélulas necias y moribundas?

¿Cómo pretender abrir la nevera de una casa que no existe?

Todo aquello que se construyó, todos los recuerdos de cierto espacio sólo son ahora hojas de papel tiradas en las vías del tren, en calles con nombres que no recuerdo.

Y con todo sé que éste es justo el lugar menos adecuado para pensar en ti… Y somos necios, siempre pensamos en lo que pudo haber sido.

Es totalmente absurdo. Porque no sé quién es la que piensa. Si la que se sabe, la que se pierde, la que se sabe perdida y se esconde, la que se encuentra escondida, o la que se esconde sin saberse, o simplemente la que se pierde pensando que sabe en dónde está. O la que se quedó paradita al lado de un bote de basura después de escuchar aquello que dijiste. La que no se defendió porque no había nada que defender porque la propia integridad estaba perdida en alguno de esos botes, en alguna ciudad.

Nunca supe bien cómo hacer para seguir manuales.

Con todo y mi ejército de libélulas dije: “a quemar las naves”. Tendí las velas y aceleré la marcha. Y así ha sido. Acelerar… sin mirar... y era evidente el golpe, era evidente el naufragio... Pero seguí en la tormenta que yo misma hice, como una limonada que se agita con el único propósito de refescar pero que acaba por ser amarga.

Me hubiera gustado salir a mirar a las libélulas de una a una pero vinieron a volar dentro y vinieron furiosas.

Porque digo que Moiras, pero son más bien Erinias.

Es curioso, trato o tal vez sólo digo que trato de encontrar un trozo de tierra firme y apenas siento que salgo de la base petrolera que es una especie de isla, sólo que un poco más fea, vuelvo a zarpar y me quedo en mi barco y vuelvo a decir que todo está bien. Se rompe el timón y todo está bien. Se pierde la brújula y se rasgan las velas… Y todo está bien. Y el escorbuto anda en la atmósfera, y todo está bien.

Y no. No todo bien. Pero eso se supo ya.

El concepto de bárbaro como extranjero me queda tan bien estos días. Navego con la nave quemada. Meteca que regresa con una sensación parecida a la de auto destierro. ¿Existe eso? Bue, lo patento.

La sensación de fracaso es parecida a la que da cuando comes de ese helado y sabe mal porque lo has dejado fuera. Y nada bueno en la nevera. Y estaría bien un delivery de comida china...

Y pesa mucho en la maleta. Y es porque dice éste nombre. Tá bueno, me banco el exceso de equipaje, los zapatos no los dejo ni en pedo. Por el momento me pego el post it de persona peligrosa. Mantenerse alejado. De una me pongo un warning en el cinturón.

A vos, un par de lágrimas ahora. Por el pudo haber sido. Y muchas sonrisas por los momentos que fueron.

Una nota del congelador. Allí me meto un rato.

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