mercoledì 28 aprile 2010

CINCO.5 "CUANDO EL TEQUILA SE TORNA PELIGROSO"

El Perro era una especie de bodega enorme que habían acondicionado para bar que contaba con tres pisos. En la planta baja tenían 3 barras en las que preparaban las bebidas, y alrededor de 30 mesas con sillas altas, que siempre estaban ocupadas; el escenario se encontraba al fondo en el lado oeste del lugar. Si te sentabas en cualquier sitio, alcanzabas a ver bien a las bandas que se presentaban. Había también una pista de baile en el centro que al igual que las mesas, siempre estaba llena de gente. El piso de arriba era un poco más tranquilo, las luces eran tenues y podía comer algún bocadillo, era la sección “lounge” del lugar. Por último estaba la terraza, la cual era perfecta para los fumadores. Tenía asientos de piel y mesas pequeñas, el ruido y la música de la parte de abajo apenas se escuchaban hasta ese último piso.

Las nenas se encontraban obviamente en la planta baja, donde iba a ser el show. Sara se acercó a la mesa que tenía el grupo reservada para las chicas. Se sentó como si fuera la Reina Isabel y tratando de imitar un tono solemne dijo:

-Siéntense, están en su bar. Bienvenidas.

Todas rieron, la noche se prestaba para ponerse divertida. A pesar de que el lugar había cambiado tanto en un par de años, de que había dejado de ser “su” bar y de que había chavitos de 18 o 19 años que hacían sentir a las chicas todas unas ancianas, decidieron que no iban a poner atención a las miradas de scanner que les propinaban cada vez que se movían los otros grupitos de chavas. Incluso les divertía la reacción de los demás ante su presencia. Conocían perfectamente el modelo de comportamiento en esos lugares. Encima eran actrices, dominaban perfectamente la situación.

Faltaba más de una hora para que el grupo de Diego comenzara a tocar. Mientras el dj, en un repentino ataque de nostalgia, comenzó a poner música de los 80´s y 90´s. Ya iban por la tercera ronda de tragos y habían comenzado a bailar, les importaba poco si alguien las miraba o si no bailaban con los mejores pasos. Estaban juntas, era su noche. Patricia bailaba y parecía que en cualquier momento se iba a romper. No paraban de recordar anécdotas. Cada una tenía una versión distinta de cada suceso y se peleaban por la más verosímil. Le tocó a Pat acercarse a la barra, era su turno de traer los siguientes tragos. Erika y Alejandra tomaban ron, Asul había decidido no mezclar y continuaba con cerveza, y Pat, cual kozako, bebía un vodka tras otro.
Hacía un calor tremendo, no había espacio para un alma más. No le dejaba de sorprender a Patricia la rapidez con la que los años de la universidad habían transcurrido, los momentos que había vivido con sus amigos, las muertes que habían superado todos juntos, los infinitos rompimientos, las despedidas, los cambios de rumbo, las separaciones; y sin embargo, habían logrado hacer un grupo y algunos de ellos, ellas, para ser precisos, estaban ahí, como hacía 6 años con los ojos igual de limpios, la mirada más curtida y un poco menos de inocencia en la cara. Le alegraba pensar en todo lo que les faltaba por vivir. Estaban en esa edad en la que hay un justo medio para poder probar, echar todo a perder y volver a comenzar. Esperaba que esa sensación nunca se les escapara.

A pesar de que todas estaban cansadas, pues la semana había estado llena de ensayos, escritos y horarios invertidos, porque a algunos directores de teatro les parece que la mejor hora para trabajar es de 8 pm a 3 o 4 am, y claramente ya no tenían 17 ni 18, ni tampoco el mismo aguante para los desvelos, querían que la noche durara lo que más se pudiera. Pat las vio desde la barra y por un momento le pareció observarlas años atrás: un grupo de “gremblins” rarísimos que para ser “diferentes” se vestían re mal y usaban gafas obscuras. Ahora se respiraba un aire de cierta madurez y elegancia desfachatada que sólo se va adquiriendo con los años, como la seguridad, la amargura y la experiencia. Eran todas unas chavalas todavía, pero había algo en su postura que las iba definiendo como las mujeres que querían llegar a ser; mujeres independientes, profesionales, actrices con la capacidad de estar en cualquier lado, de trabajar con todo mundo sin despegar los pies de la tierra. Tenían claro que la inteligencia se construye, que el talento se forja día a día, y que la fama, en efecto, no es más que una resaca que desparece a media tarde.

Se fue acercando a su mesa haciendo un acto de malabarismo digno del mejor circo con los vasos de todas en las manos, tratando de no derramar ni una sola gota y esquivando bultos más que cuerpos, cuidando que ningún popote se le cayera al suelo y asombrándose por mantener todavía esa habilidad adquirida en los años en la prepa en los que había trabajado como mesera. Después de cruzar medio antro, llegó y una ovación la recibió seguida de un enérgico “salud”. Por alguna razón era una noche especial. Se habían permitido dejar la cotidianidad solitaria que acompañaba a cada una por separado para compartir unas horas de buenos recuerdos y buena música. Se bebieron todas el clásico “hidalgo” y a Pat no le quedó más que volver a la barra. Ni siquiera se había sentado, así que por votación democrática, las dictadoras de sus amigas decidieron que tenía que ser ella la que fuera de nuevo por las viandas de alcohol.

-Va, pero sólo si traigo tequila para todas. -Dijo retándolas.

Se miraron, lo dudaron. Recordaron la última vez que habían bebido tequila en cantidades industriales. Estaban en un seminario de historia del teatro griego, habían terminado clases y consideraron una buena opción cerrar la tarde en un pequeño bar cercano a su escuela. Todas acabaron mal. La peor fue Asul, que vomitaba cada tres pasos. Y fue precisamente ella quien aceptó primero el reto.

Pat volvió a la barra, las demás la observaban mientras bailaban “Like a virgin” de Maddonna. Se veían tan chistosas; no le parecía extraño ahora que todo el lugar las volteara a ver como bichos raros. Se pidió 6 tequilas. ¿Por qué media docena? ¿Por qué no? Se los dieron y volvía bebiéndose ya uno en el camino, cuando de pronto algo la detuvo.

Tenía suficiente espacio para regresar a la mesa, pero una fuerza inmensa de atracción la hizo volver la cabeza hacia la zona de la barra.

Nessun commento: