El lugar era una especie de cubo en el que podías ver que a lo lejos, todo parecía transcurrir de la manera más normal. Había un bosque, se escuchaba un río y estaba lleno de pequeñas casas que a su vez, eran cubos más pequeños. La temperatura era más bien baja y todo el ambiente estaba en blanco y negro. Los personajes hostiles con los que Patricia se había encontrado anteriormente, estaban lejos, distantes. Observaban y hacían comentarios en torno a su presencia. Seguía pareciendo que no era bienvenida. Exceptuando a aquella chica que Pat no pudo alcanzar a ver, todos le lanzaban miradas de advertencia. Igual sabía que tenía que buscar a alguien y que por lo visto, lo estaba haciendo en el sitio equivocado. Entonces, ¿por qué seguía yendo hacia allá? ¿Por qué seguía viajando?
-Pat, volviste. ¿Estás bien? ¿Te hicieron daño otra vez?
Otif entró a la habitación con una tabla gráfica en las manos.
-No, no me hicieron daño. ¿Cuánto tiempo me fui?
Otif miró su reloj de pulsera y dijo: -Exactamente 5 minutos con 55 segundos. ¿Allá también te pareció que transcurrió esa cantidad de tiempo?
-Sí. No siento que haya estado más que eso. Pero es diferente, ¿sabes? Todo es mucho más denso y luego toma un aire de ligereza que espanta. Era un bosque, pero no era un bosque. Y estaba en Milán o en Alaska, me dijeron. Pero era más bien como estar en ningún lado.
-¿Te dijeron? ¿Quiénes?
-Una chica. No vi cómo era físicamente, sin embargo hablé con ella. Me dijo más de lo que ninguno me había dicho antes y al mismo tiempo no me dijo nada.
-¿Cómo?
-Sí. Es como si todos allá supieran lo que tengo que hacer y nadie pudiera decírmelo. Como si lo tuvieran prohibido. Tal vez es sólo que les da placer verme así de angustiada y juegan con la información porque saben que les da poder. Saben que tienen poder sobre mí porque yo no tengo idea de qué es de lo que hablan y gozan con eso. Como cuando un niño tiene una lupa y descubre el efecto del sol en el cuerpo de los insectos a través de la lente de una lupa.
-¿Qué te dijo?
-Que lo único que tenía que hacer era recordar; dejar de buscar allí y recordar. Pero entonces, ¿por qué sigo yéndome quién sabe a dónde? Me dijo también que ella estaba de paso, que iba a otro lugar.
Otif le quitó los cables de la cabeza y le dio a beber una de esas bebidas re hidratantes para deportistas junto con un par de aspirinas.
-Me punza la cabeza.
-Sí. Ahora entiendo. Tu cerebro registró haber trabajado 8 veces más de lo normal, pero no hay ningún tipo de daño neuronal. Sólo es como si estuviera operando a marchas forzadas. Tu pulso también subió, pero en cuanto regresaste, rápidamente se normalizó.
-Dime ¿Volví a desaparecer?
-Sí. Los cablecitos que estoy quitándote ahora se quedaron como flotando en la nada.
-Ay, mira. Como yo. Flotando en la nada.
-Si quieres puedes ver tu momento “houdinesco” en la grabación. Pareces un holograma.
-¿Qué pasa si un día no puedo volver?
-No sé. Estoy pensando en algo para poder hacerte regresar en caso de que eso suceda. Lo mejor por ahora es no correr más riesgos.
-Siento como si hubiera corrido un maratón. Me entró un sueño pesadísimo. ¿Puedo dormir un poco?
-Sí, claro. Entonces, recapitulemos. Aquella chica te dijo que estás ahí porque tienes una misión que debes que recordar, que hay alguien a quien debes encontrar ¿no es cierto? Bueno, me parece que es un avance. Ahora, trata de acordarte. ¿Alguna información más que pueda servirnos para la investigación?
-Sí. Parece ser que este lugar en especial, es como una estación de autobuses que van al espacio exterior o qué se yo. No se parece a ningún otro en los que había estado. Creo que todo el paisaje se movía a mi alrededor.
-Descansa un poco. Te despierto en un rato y cenamos algo. ¿Si?
-Sí. Ah, Otif. Una cosa más.
-Dime.
-Esa chica, Melina. Me pidió que te dijera que no está enfadada contigo.
-¿Melina?
-Así me dijo que se llamaba y me pidió que te diera este recado.
Otif se quedó un segundo sin respirar, movió las manos como dos molinos de trigo en un día de arduo trabajo, levantó la cabeza y de súbito la bajó, como si con ese movimiento pudiera acomodar sus ideas en una caja de cartón que se ha roto de la base.
En silencio y con pasos largos salió de la habitación.
Ronroneo a domicilio, desfibrilizadores en el bolso y morfina caduca. Sip. Esto es lo que hay...
martedì 28 dicembre 2010
lunedì 27 dicembre 2010
"DIEZ Y OCHO. 18. “P(x) 28 X- X2 - 24Y = TE AMO”
Ya en casa, después de conseguirse el collarín, y hacerse los análisis “post preservativo roto” que le había mandado su doctora, probó si su mentira funcionaría. Se lo dijo primero a Alex y a Alejandra, su hermano y amiga, quienes se ofrecieron a llevarla a donde fuera necesario para hacerle menos pesado el tiempo que permanecería semi lisiada. Se dio una ducha y se echó un rato en su cama tratando de unir las pocas imágenes que recordaba de la otra dimensión en su último viaje. La cara de aquél era poco clara, pero sus palabras sí que las memorizó. “Te equivocaste otra vez. Deja de hacerte la tonta. Ya sabes dónde encontrarlo y ya sabes qué hacer”. Con esto rondando en su mente y con el “On an island” de David Gilmour se durmió hasta media tarde. Luego fue al teatro a dar función y a pesar de que todo el mundo preguntó, ella hizo caso del consejo de Otif y no contó detalles a nadie.
Volvió a ser viernes. Pasó una semana desde que había visto a Leo. Entre todo, no tuvo mucho tiempo para pensar en él concretamente pero su olor no se le había escapado todavía. En la mañana despertó y al verse sola en su cama, no quiso salir de ahí. Él no la había llamado. “Maldito”, pensó ella. Comenzó el día con la novedad de echarlo muchísimo de menos.
Después se relajó, estudió sus textos, hizo intentos por leer algo pero como nada parecía hilarse en una sola frase, pronto desistió de seguir.
Por la noche, Alejandra llegó a casa con una brillante y salvadora propuesta: Su hermana las estaba invitando a pasar una semana en la casa de una amiga en Acapulco. Tanto Ale como Pat, andaban cortas de dinero pero la hermana había insistido en que les caería bien y el viaje no sería caro pues no había que pagar hospedaje. Si aceptaban, pasarían las fiestas de navidad en el mar. Después de platicarlo un rato, llegaron a la conclusión de que ambas merecían una semanita de descanso. Luego, Alex, el hermano mayor de Pat les propuso que pasaran año nuevo en Chacahua, una playa mágica en Oaxaca a la que solían ir a acampar en vacaciones.
De pronto, Patricia estaría dos semanas alejada de todo. La idea la relajó y la puso de buen humor. El período oficial de vacaciones coincidía con la fecha en la que estarían en la playa, así que arreglaron un par de asuntos, y comenzaron a planear todo para el viaje.
Partían en tres días. Pat tendría que llamar a Otif para verse antes de que se fuera; quería saber algo, tener una certeza, una pista que la llevara a descifrar el acertijo que se le presentaba. Se encontraba inmersa en una duda como una mosca atrapada en un vaso de agua. Nunca antes había tenido la necesidad de investigar sobre lo que le sucedía y ahora la curiosidad la invadía.
Pero la curiosidad mató al gato. Sí, pero aún le quedaban 8 vidas.
Al día siguiente, se vieron de nuevo en casa de Itares. Él había preparado toda una introducción sobre los universos paralelos. La recibió con una jarra de clericot, la hizo sentarse cómodamente y comenzó con su exposición:
-Todo este asunto de los universos paralelos no es tan nuevo. Escucha. Esta teoría fue propuesta por primera vez en 1950 por Hugh Everett.
-Mucho gusto. ¿Quién es ese señor?
-Ahí voy. Ese señor es un físico estadounidense que ayuda a explicar los intrincados misterios de la mecánica cuántica.
-Ok. Un placer saber del señor Everest.
-Everett.
-Perdona, Everett. Continúa por favor.
-Él propone la existencia de un universo de muchos mundos en el que cada vez que se explora una posibilidad física, el universo se divide creando un número de alternativas que a su vez se realizan en sus propios universos. Evidentemente, el número de escenarios alternativos es infinito. Bueno, muchos expertos han tirado de a loco a Everett y a la teoría que propone que por ejemplo, un motociclista se salva por un pelito de ser atropellado, pero otra versión del mismo motociclista está recuperándose en un hospital, y si me apuras, otra más no se salvó y está muerto.
-¿Y de los tres motociclistas aventureros, cuál es el de verdad?
-No se sabe, en cada universo ese motociclista existe. Para cada alternativa se crea un universo propio. No quiero decir con esto que haya tres Patricias viviendo cosas distintas, sino que las posibilidades que trae consigo un suceso, pueden ser infinitas.
-Bien. Creo que hasta el momento, te voy siguiendo.
-Hace algunos años, un equipo de amigos científicos de la universidad de Oxford demostró matemáticamente que la estructura del universo se puede ramificar como un árbol y se puede dividir en versiones paralelas de sí mismo. Es como si viéramos en una gráfica la línea del tiempo del universo.
-¿Sería como un árbol gigantesco con millones y millones de ramitas pegadas a él, pero independientes?
-Sí, más o menos. La mecánica cuántica dice que una partícula no existe hasta que no es observada.
-Mira, como en el teatro. Yo existo justamente porque el otro me hace ver que existo y que soy. Perdón. Continúa. Ya me estoy metiendo en asuntos con pretensiones ontológicas.
-Esas partículas se encuentran en estados “súper puestos” al mismo tiempo. Cuando son observadas adoptan un estado particular de realidad. Y si partimos del hecho de que el universo, tal y como podemos saber de él a través de los astrólogos y científicos es concretamente tiempo y espacio, podríamos plantearnos la existencia de otros universos con diferentes características y leyes físicas que los rijan.
-O sea, que puede haber muchos mundos según esta teoría.
-Exacto. La cuestión es que lo que te pasa a ti no solamente comprueba tajantemente la existencia de estos universos, sino que abre las posibilidades a la vez que las preguntas. Se supone que hay fronteras infranqueables pero tú pasas por encima de ellas abriendo puertas de las cuales nadie ha tenido llave antes.
-No me asustes Otif. ¿Por qué yo? Yo lo más que hago es acceder a la ficción desde la realidad utilizando una especie de bifrontalidad actoral. Eso de por sí ya es bastante difícil, no creas.
-Pues es justamente eso. Tienes una capacidad bifrontal o trifontal o multifrontal pero no en el terreno de la ficción teatral, sino en el terreno de otros universos. ¿Entiendes que tal vez no sea coincidencia el hecho de que seas actriz de teatro y te sumerjas constantemente en otros mundos para hablar y resolver algo de la realidad?
-Buen punto. Tiene sentido. Tal vez, como dice tu sobrino, las coincidencias no existan.
-Es divertido hacer la analogía. Tiempo y movimiento están relacionados. Lo que vamos a tratar de averiguar es si es otro universo u otros universos. Y si es así, ¿por qué te dejan saber de ello? Tal vez te encuentres en un estado de dilatación corporal porque no has cerrado las puertas que abriste y tienes que volver al lugar al que perteneces habiendo entregado las llaves correspondientes. Agradece que no te hayas quedado atrapada en un hoyo negro.
-¿Cómo no? Mi vida completa está inmersa en un hoyo negro desde hace mucho.
-Como sea, estoy seguro que es mucho más lindo que un agujero negro que conecta el tiempo y el espacio en el que puedas perderte por millones y millones de años porque algo no ha funcionado bien.
-Ok. Comparado con eso, declaro que mi vida está más bien en un hoyo medio gris que a veces tiende a ponerse púrpura. Mejor ése que el negro. De eso ni hablar. Pero no soy ninguna vaga existencial, creo. No necesito que nadie más venga a vivir por mí y mucho menos necesito vivir por alguien más.
-¿Lo ves? Por lo pronto esperemos que todo salga bien y no te quedes atrapada por ahí porque si eso pasa, quién sabe si pueda llegar alguien a salvarte.
-Sí. Todos allá me dicen que no vuelva. La cuestión es que, necia como siempre, regreso cada vez. Lo bueno es que ahora te tengo a ti de este lado.
Después de un rato, él, entre emocionado y nervioso le dijo: -Tardé todo el día en instalar lo que voy a mostrarte. Pienso que puede funcionar. Ven, que te enseño. Es un experimento aleatorio, puesto que no es previsible con certidumbre. Ya vas a ver. Vamos a observar si encontramos la probabilidad de que haya otra persona viviendo tu vida, que seas dos personas viviendo paralelamente o que una sola persona, o sea tú, puedas habitar distintos universos. Es un suceso aparentemente imposible, pero eso mismo le han dicho a los grandes científicos de la historia. De todos modos la probabilidad siempre es condicionada por características muy precisas, aunque siempre está el elemento del azar. Eso es lo que vamos a tratar de descubrir.
-¿El azar qué tiene que ver en esto?
-Si, mira. Con base en lo que veamos hoy, podremos saber, tal vez, si los lugares a donde te vas tienen un objetivo preciso de ser visitados por ti o si solamente eres atraída por fuerzas que se basan en el azar. Por ejemplo, cuando tiras los dados en un juego de un casino, las probabilidades se acotan puesto que los números del dado en un juego convencional llegan hasta el 12. Tienes que contabilizar el número de posibles resultados al lanzar el dado varias veces. Ahora, todo es más complicado si añades otro dado y si le sumas otro, o sea, si tienes tres, encontrarás que hay 216 combinaciones posibles. Lo mismo sucede con esto. Puede ser que por cada viaje que hagas, miles y millones de probabilidades se sumen a la gráfica de la estadística. Galileo Galilei fue el que llegó a esta conclusión utilizando el cálculo de 216=6(3). También desarrolló la teoría de los errores. Y aquí, muchachita hay que prestar atención. Eso mismo pasa con esto. No sabemos cuántas puertas atraviesas y tampoco el objetivo de ello. A lo mejor te estás equivocando y ya no te quedan muchas fichas para jugar. Una probabilidad puede ser aleatoria y puede tener valor de un rango que a su vez puede ser infinito, pero primero tenemos que ver la densidad de probabilidad y de su distribución acumulada. Tendremos que ver también la variabilidad dentro de la probabilidad que postulemos como la mayor. Pero sobre todo, tenemos que ser cautelosos con los errores. En este caso, puede ser de vida o muerte, pero ten calma. Vamos a ir entendiendo poco a poco.
-Lo único que entiendo es que voy a tener que viajar mucho y que es peligroso. ¿Es así?
-Mmm. Sí. Básicamente es eso. Pongámonos optimistas y hagamos como Christian Huygens, quien introdujo el concepto de “esperanza matemática” para variables aleatorias que toman dos o tres valores.
Pat trató de entender y guardarse aquellos datos, pero las palabras “probabilidad” y “azar” le sonaban como algo distante y lejano dichas desde ese lenguaje. A ella esos dos conceptos siempre le habían parecido de lo más mágicos; de esas cosas que no pueden explicarse pero que te toman por sorpresa y te hacen el día. Como cuando no tienes un centavo, sales a caminar y te encuentras con una cartera que dentro tiene 600 pesos. Piensas qué vas a comprar con eso. Decides que primero guardarás 300, luego irás a la dulcería, comprarás 100 gramos, no 200 gramos de mango con chamoy, pasarás por la librería y conseguirás un buen libro, irás al cine a ver una película dominguera, y en el asiento de al lado te encontrarás con un hombre con el que terminarás viviendo un tórrido “affair” en las Bahamas.
Además era rarísimo que alguien creara fórmulas para la probabilidad y el azar. Claro, seguro que esta visión sí que le serviría al dueño de un casino. Encima, resultaba que un loco, había inventado el concepto de “esperanza matemática”. Qué absurdo. De por sí ya era difícil hablar de la esperanza en un mundo como éste y por si fuera poco alguien la trataba de explicar, siendo algo totalmente abstracto, desde las reglas de los números.
-No me acuerdo quién dice que la esperanza sólo alarga el tiempo de agonía, pero pienso que es totalmente cierto. -Dijo Pat mientras prendía un cigarrillo.
-Hay demasiadas construcciones como la esperanza y la fé que lo único que hacen es aumentar el dolor y la agonía humana, pero no se trata de eso, chiquilla. Estamos a punto de descubrir algo que va a cambiar la historia de la ciencia. Y seguramente la historia de tu vida también.
Fueron escaleras arriba y se encontraron con todo un laboratorio que parecía de la NASA. Otif había preparado un circuito de televisión para poder dejarla sola a Pat y al tiempo, monitorear lo que físicamente le pasaba. Le puso una serie de cables complicadísimos con cinta adhesiva en la cabeza y en el pecho, los cuales medirían su pulso y el movimiento de las terminaciones nerviosas durante el viaje. Éstos estaban conectados a un aparatito que marcaba una gráfica en una pantalla de plasma. Otif se lo presumía orgulloso. Ya enchufada en todo el asunto tecnológico, se quedó sola en la habitación. Otif salió y se sentó en otra recámara, la cual tenía una televisión en la cual podía verla a ella.
Esperó.
Pasaron dos horas y no sucedió nada.
-Otif. ¿Me escuchas? ¿Puedes verme?
-Te escucho y te veo perfectamente.
-Sabes, creo que esto no va a funcionar. Te digo, no puedo planearlo. Me sucede de repente. Pienso que estoy tratando de concentrarme en irme y mientras más lo hago, tu probabilidad o lo que sea, se ve más lejana.
-No te preocupes, si quieres paramos.
-No, está bien. Sigamos un poco más.
-¿Por qué no intentas distraerte? Te dejé un par de películas y discos para que tengas qué hacer.
Patricia vio los films que Otif le dejó en el buró. Los títulos eran “Danza con lobos”, “Las memorias de Antonia”, “Adiós a mi concubina”, “Pulp ficition”, “Mar adentro”, “Los tres García”, “Naranja mecánica”, “Monster”, “Perdidos en Tokio”, “Rojo”, “Amelié” y una compilación de “Monty Python”, entre otros. Optó por este último.
-Me renté todo el block-buster. No sabía qué tipo de películas te gustaban así que te traje de todo un poco. -Se escuchaba la voz de Otif en una bocina que colgaba de una esquina de la habitación.
-Está buenísima tu selección. Opto por algo que me haga reír.
Sacó el disco de Monty Python de la caja, lo insertó en el dvd y se acomodó en la cama. La película empezó. Pat estaba disfrutándola, pero los números en el lector del aparato que marcan cuánto tiempo va y cuánto falta, la distraían.
Pestañeó. Abrió los ojos de nuevo en el instante en el que el lector marcó 60 60. Eran 60 minutos los que habían transcurrido y 60 los que faltaban para que terminara la película.
-Otif, ¿sigues ahí?
-¡Corre! ¡Por lo que más quieras, corre, no vuelvas más acá! ¿Por qué vienes? ¿De qué estás escapando?
-No escapo de nada. ¿Quién eres? ¿Dónde estamos?
-En Alaska o en Milán o en París, no importa.
-Todo está muy oscuro, no puedo verte bien.
-No es necesario que me veas. Es necesario que te vayas. No tienes mucho tiempo.
-¿Por qué todo el mundo me habla como en enigmas? ¿Dónde estoy? ¿Por qué hace tanto frío? ¿Quién vive en esas casas que están al fondo?
-Nadie. Todos. El tiempo vive allí. Los vivos y los muertos. Las respuestas y las interrogaciones. La locura y la razón.
-¿Los muertos? Ahora me vas a decir que eres una condenada muerta que me habla porque su espíritu no puede descansar.
-Nada más voy a decirte que tienes que buscar en otro lado. De tu lado. Tienes que buscar en ti.
-¿Y qué es exactamente lo que tengo que buscar?
-Trata de recordar. No te des por vencida.
-Por favor, ayúdame. Recientemente, ustedes los de esta acá, no han hecho más que confundirme.
-Yo no pertenezco a este sitio. Sólo estoy de paso. Yo voy a otro lado. Esto es como una estación. Un lugar en donde se conectan a su vez, más lugares.
-¿A dónde vas?
-¿A dónde vas?
-¿No me vas a decir nada?
-Recuerda. Permítete recordar. Es una historia realmente bonita. Me tengo que ir. Buena suerte Patricia.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-No sé… No es importante. Lo que sí importa es que tú no olvides ese nombre. No lo hagas.
-¿Cuál nombre? ¿De quién?
-Sólo recuerda.
-Lo haré, espero. Gracias, supongo.
-Oye, ¿puedes hacerme un favor?
-¿Un favor?
-Sí, un favor.
-Supongo que sí.
-¿Puedes decirle a Otif que no estoy enfadada con él.
-¿Qué? ¿Cómo sabes que conozco a Otif?
-Te digo que nada de eso importa. ¿Puedes hacerlo?
-Sí, creo que sí, si me acuerdo cuando regrese. ¿Quién le manda ese recado?
-Melina. Por favor dile que Melina le manda ese recado.
Volvió a ser viernes. Pasó una semana desde que había visto a Leo. Entre todo, no tuvo mucho tiempo para pensar en él concretamente pero su olor no se le había escapado todavía. En la mañana despertó y al verse sola en su cama, no quiso salir de ahí. Él no la había llamado. “Maldito”, pensó ella. Comenzó el día con la novedad de echarlo muchísimo de menos.
Después se relajó, estudió sus textos, hizo intentos por leer algo pero como nada parecía hilarse en una sola frase, pronto desistió de seguir.
Por la noche, Alejandra llegó a casa con una brillante y salvadora propuesta: Su hermana las estaba invitando a pasar una semana en la casa de una amiga en Acapulco. Tanto Ale como Pat, andaban cortas de dinero pero la hermana había insistido en que les caería bien y el viaje no sería caro pues no había que pagar hospedaje. Si aceptaban, pasarían las fiestas de navidad en el mar. Después de platicarlo un rato, llegaron a la conclusión de que ambas merecían una semanita de descanso. Luego, Alex, el hermano mayor de Pat les propuso que pasaran año nuevo en Chacahua, una playa mágica en Oaxaca a la que solían ir a acampar en vacaciones.
De pronto, Patricia estaría dos semanas alejada de todo. La idea la relajó y la puso de buen humor. El período oficial de vacaciones coincidía con la fecha en la que estarían en la playa, así que arreglaron un par de asuntos, y comenzaron a planear todo para el viaje.
Partían en tres días. Pat tendría que llamar a Otif para verse antes de que se fuera; quería saber algo, tener una certeza, una pista que la llevara a descifrar el acertijo que se le presentaba. Se encontraba inmersa en una duda como una mosca atrapada en un vaso de agua. Nunca antes había tenido la necesidad de investigar sobre lo que le sucedía y ahora la curiosidad la invadía.
Pero la curiosidad mató al gato. Sí, pero aún le quedaban 8 vidas.
Al día siguiente, se vieron de nuevo en casa de Itares. Él había preparado toda una introducción sobre los universos paralelos. La recibió con una jarra de clericot, la hizo sentarse cómodamente y comenzó con su exposición:
-Todo este asunto de los universos paralelos no es tan nuevo. Escucha. Esta teoría fue propuesta por primera vez en 1950 por Hugh Everett.
-Mucho gusto. ¿Quién es ese señor?
-Ahí voy. Ese señor es un físico estadounidense que ayuda a explicar los intrincados misterios de la mecánica cuántica.
-Ok. Un placer saber del señor Everest.
-Everett.
-Perdona, Everett. Continúa por favor.
-Él propone la existencia de un universo de muchos mundos en el que cada vez que se explora una posibilidad física, el universo se divide creando un número de alternativas que a su vez se realizan en sus propios universos. Evidentemente, el número de escenarios alternativos es infinito. Bueno, muchos expertos han tirado de a loco a Everett y a la teoría que propone que por ejemplo, un motociclista se salva por un pelito de ser atropellado, pero otra versión del mismo motociclista está recuperándose en un hospital, y si me apuras, otra más no se salvó y está muerto.
-¿Y de los tres motociclistas aventureros, cuál es el de verdad?
-No se sabe, en cada universo ese motociclista existe. Para cada alternativa se crea un universo propio. No quiero decir con esto que haya tres Patricias viviendo cosas distintas, sino que las posibilidades que trae consigo un suceso, pueden ser infinitas.
-Bien. Creo que hasta el momento, te voy siguiendo.
-Hace algunos años, un equipo de amigos científicos de la universidad de Oxford demostró matemáticamente que la estructura del universo se puede ramificar como un árbol y se puede dividir en versiones paralelas de sí mismo. Es como si viéramos en una gráfica la línea del tiempo del universo.
-¿Sería como un árbol gigantesco con millones y millones de ramitas pegadas a él, pero independientes?
-Sí, más o menos. La mecánica cuántica dice que una partícula no existe hasta que no es observada.
-Mira, como en el teatro. Yo existo justamente porque el otro me hace ver que existo y que soy. Perdón. Continúa. Ya me estoy metiendo en asuntos con pretensiones ontológicas.
-Esas partículas se encuentran en estados “súper puestos” al mismo tiempo. Cuando son observadas adoptan un estado particular de realidad. Y si partimos del hecho de que el universo, tal y como podemos saber de él a través de los astrólogos y científicos es concretamente tiempo y espacio, podríamos plantearnos la existencia de otros universos con diferentes características y leyes físicas que los rijan.
-O sea, que puede haber muchos mundos según esta teoría.
-Exacto. La cuestión es que lo que te pasa a ti no solamente comprueba tajantemente la existencia de estos universos, sino que abre las posibilidades a la vez que las preguntas. Se supone que hay fronteras infranqueables pero tú pasas por encima de ellas abriendo puertas de las cuales nadie ha tenido llave antes.
-No me asustes Otif. ¿Por qué yo? Yo lo más que hago es acceder a la ficción desde la realidad utilizando una especie de bifrontalidad actoral. Eso de por sí ya es bastante difícil, no creas.
-Pues es justamente eso. Tienes una capacidad bifrontal o trifontal o multifrontal pero no en el terreno de la ficción teatral, sino en el terreno de otros universos. ¿Entiendes que tal vez no sea coincidencia el hecho de que seas actriz de teatro y te sumerjas constantemente en otros mundos para hablar y resolver algo de la realidad?
-Buen punto. Tiene sentido. Tal vez, como dice tu sobrino, las coincidencias no existan.
-Es divertido hacer la analogía. Tiempo y movimiento están relacionados. Lo que vamos a tratar de averiguar es si es otro universo u otros universos. Y si es así, ¿por qué te dejan saber de ello? Tal vez te encuentres en un estado de dilatación corporal porque no has cerrado las puertas que abriste y tienes que volver al lugar al que perteneces habiendo entregado las llaves correspondientes. Agradece que no te hayas quedado atrapada en un hoyo negro.
-¿Cómo no? Mi vida completa está inmersa en un hoyo negro desde hace mucho.
-Como sea, estoy seguro que es mucho más lindo que un agujero negro que conecta el tiempo y el espacio en el que puedas perderte por millones y millones de años porque algo no ha funcionado bien.
-Ok. Comparado con eso, declaro que mi vida está más bien en un hoyo medio gris que a veces tiende a ponerse púrpura. Mejor ése que el negro. De eso ni hablar. Pero no soy ninguna vaga existencial, creo. No necesito que nadie más venga a vivir por mí y mucho menos necesito vivir por alguien más.
-¿Lo ves? Por lo pronto esperemos que todo salga bien y no te quedes atrapada por ahí porque si eso pasa, quién sabe si pueda llegar alguien a salvarte.
-Sí. Todos allá me dicen que no vuelva. La cuestión es que, necia como siempre, regreso cada vez. Lo bueno es que ahora te tengo a ti de este lado.
Después de un rato, él, entre emocionado y nervioso le dijo: -Tardé todo el día en instalar lo que voy a mostrarte. Pienso que puede funcionar. Ven, que te enseño. Es un experimento aleatorio, puesto que no es previsible con certidumbre. Ya vas a ver. Vamos a observar si encontramos la probabilidad de que haya otra persona viviendo tu vida, que seas dos personas viviendo paralelamente o que una sola persona, o sea tú, puedas habitar distintos universos. Es un suceso aparentemente imposible, pero eso mismo le han dicho a los grandes científicos de la historia. De todos modos la probabilidad siempre es condicionada por características muy precisas, aunque siempre está el elemento del azar. Eso es lo que vamos a tratar de descubrir.
-¿El azar qué tiene que ver en esto?
-Si, mira. Con base en lo que veamos hoy, podremos saber, tal vez, si los lugares a donde te vas tienen un objetivo preciso de ser visitados por ti o si solamente eres atraída por fuerzas que se basan en el azar. Por ejemplo, cuando tiras los dados en un juego de un casino, las probabilidades se acotan puesto que los números del dado en un juego convencional llegan hasta el 12. Tienes que contabilizar el número de posibles resultados al lanzar el dado varias veces. Ahora, todo es más complicado si añades otro dado y si le sumas otro, o sea, si tienes tres, encontrarás que hay 216 combinaciones posibles. Lo mismo sucede con esto. Puede ser que por cada viaje que hagas, miles y millones de probabilidades se sumen a la gráfica de la estadística. Galileo Galilei fue el que llegó a esta conclusión utilizando el cálculo de 216=6(3). También desarrolló la teoría de los errores. Y aquí, muchachita hay que prestar atención. Eso mismo pasa con esto. No sabemos cuántas puertas atraviesas y tampoco el objetivo de ello. A lo mejor te estás equivocando y ya no te quedan muchas fichas para jugar. Una probabilidad puede ser aleatoria y puede tener valor de un rango que a su vez puede ser infinito, pero primero tenemos que ver la densidad de probabilidad y de su distribución acumulada. Tendremos que ver también la variabilidad dentro de la probabilidad que postulemos como la mayor. Pero sobre todo, tenemos que ser cautelosos con los errores. En este caso, puede ser de vida o muerte, pero ten calma. Vamos a ir entendiendo poco a poco.
-Lo único que entiendo es que voy a tener que viajar mucho y que es peligroso. ¿Es así?
-Mmm. Sí. Básicamente es eso. Pongámonos optimistas y hagamos como Christian Huygens, quien introdujo el concepto de “esperanza matemática” para variables aleatorias que toman dos o tres valores.
Pat trató de entender y guardarse aquellos datos, pero las palabras “probabilidad” y “azar” le sonaban como algo distante y lejano dichas desde ese lenguaje. A ella esos dos conceptos siempre le habían parecido de lo más mágicos; de esas cosas que no pueden explicarse pero que te toman por sorpresa y te hacen el día. Como cuando no tienes un centavo, sales a caminar y te encuentras con una cartera que dentro tiene 600 pesos. Piensas qué vas a comprar con eso. Decides que primero guardarás 300, luego irás a la dulcería, comprarás 100 gramos, no 200 gramos de mango con chamoy, pasarás por la librería y conseguirás un buen libro, irás al cine a ver una película dominguera, y en el asiento de al lado te encontrarás con un hombre con el que terminarás viviendo un tórrido “affair” en las Bahamas.
Además era rarísimo que alguien creara fórmulas para la probabilidad y el azar. Claro, seguro que esta visión sí que le serviría al dueño de un casino. Encima, resultaba que un loco, había inventado el concepto de “esperanza matemática”. Qué absurdo. De por sí ya era difícil hablar de la esperanza en un mundo como éste y por si fuera poco alguien la trataba de explicar, siendo algo totalmente abstracto, desde las reglas de los números.
-No me acuerdo quién dice que la esperanza sólo alarga el tiempo de agonía, pero pienso que es totalmente cierto. -Dijo Pat mientras prendía un cigarrillo.
-Hay demasiadas construcciones como la esperanza y la fé que lo único que hacen es aumentar el dolor y la agonía humana, pero no se trata de eso, chiquilla. Estamos a punto de descubrir algo que va a cambiar la historia de la ciencia. Y seguramente la historia de tu vida también.
Fueron escaleras arriba y se encontraron con todo un laboratorio que parecía de la NASA. Otif había preparado un circuito de televisión para poder dejarla sola a Pat y al tiempo, monitorear lo que físicamente le pasaba. Le puso una serie de cables complicadísimos con cinta adhesiva en la cabeza y en el pecho, los cuales medirían su pulso y el movimiento de las terminaciones nerviosas durante el viaje. Éstos estaban conectados a un aparatito que marcaba una gráfica en una pantalla de plasma. Otif se lo presumía orgulloso. Ya enchufada en todo el asunto tecnológico, se quedó sola en la habitación. Otif salió y se sentó en otra recámara, la cual tenía una televisión en la cual podía verla a ella.
Esperó.
Pasaron dos horas y no sucedió nada.
-Otif. ¿Me escuchas? ¿Puedes verme?
-Te escucho y te veo perfectamente.
-Sabes, creo que esto no va a funcionar. Te digo, no puedo planearlo. Me sucede de repente. Pienso que estoy tratando de concentrarme en irme y mientras más lo hago, tu probabilidad o lo que sea, se ve más lejana.
-No te preocupes, si quieres paramos.
-No, está bien. Sigamos un poco más.
-¿Por qué no intentas distraerte? Te dejé un par de películas y discos para que tengas qué hacer.
Patricia vio los films que Otif le dejó en el buró. Los títulos eran “Danza con lobos”, “Las memorias de Antonia”, “Adiós a mi concubina”, “Pulp ficition”, “Mar adentro”, “Los tres García”, “Naranja mecánica”, “Monster”, “Perdidos en Tokio”, “Rojo”, “Amelié” y una compilación de “Monty Python”, entre otros. Optó por este último.
-Me renté todo el block-buster. No sabía qué tipo de películas te gustaban así que te traje de todo un poco. -Se escuchaba la voz de Otif en una bocina que colgaba de una esquina de la habitación.
-Está buenísima tu selección. Opto por algo que me haga reír.
Sacó el disco de Monty Python de la caja, lo insertó en el dvd y se acomodó en la cama. La película empezó. Pat estaba disfrutándola, pero los números en el lector del aparato que marcan cuánto tiempo va y cuánto falta, la distraían.
Pestañeó. Abrió los ojos de nuevo en el instante en el que el lector marcó 60 60. Eran 60 minutos los que habían transcurrido y 60 los que faltaban para que terminara la película.
-Otif, ¿sigues ahí?
-¡Corre! ¡Por lo que más quieras, corre, no vuelvas más acá! ¿Por qué vienes? ¿De qué estás escapando?
-No escapo de nada. ¿Quién eres? ¿Dónde estamos?
-En Alaska o en Milán o en París, no importa.
-Todo está muy oscuro, no puedo verte bien.
-No es necesario que me veas. Es necesario que te vayas. No tienes mucho tiempo.
-¿Por qué todo el mundo me habla como en enigmas? ¿Dónde estoy? ¿Por qué hace tanto frío? ¿Quién vive en esas casas que están al fondo?
-Nadie. Todos. El tiempo vive allí. Los vivos y los muertos. Las respuestas y las interrogaciones. La locura y la razón.
-¿Los muertos? Ahora me vas a decir que eres una condenada muerta que me habla porque su espíritu no puede descansar.
-Nada más voy a decirte que tienes que buscar en otro lado. De tu lado. Tienes que buscar en ti.
-¿Y qué es exactamente lo que tengo que buscar?
-Trata de recordar. No te des por vencida.
-Por favor, ayúdame. Recientemente, ustedes los de esta acá, no han hecho más que confundirme.
-Yo no pertenezco a este sitio. Sólo estoy de paso. Yo voy a otro lado. Esto es como una estación. Un lugar en donde se conectan a su vez, más lugares.
-¿A dónde vas?
-¿A dónde vas?
-¿No me vas a decir nada?
-Recuerda. Permítete recordar. Es una historia realmente bonita. Me tengo que ir. Buena suerte Patricia.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-No sé… No es importante. Lo que sí importa es que tú no olvides ese nombre. No lo hagas.
-¿Cuál nombre? ¿De quién?
-Sólo recuerda.
-Lo haré, espero. Gracias, supongo.
-Oye, ¿puedes hacerme un favor?
-¿Un favor?
-Sí, un favor.
-Supongo que sí.
-¿Puedes decirle a Otif que no estoy enfadada con él.
-¿Qué? ¿Cómo sabes que conozco a Otif?
-Te digo que nada de eso importa. ¿Puedes hacerlo?
-Sí, creo que sí, si me acuerdo cuando regrese. ¿Quién le manda ese recado?
-Melina. Por favor dile que Melina le manda ese recado.
martedì 21 dicembre 2010
lo specchio
I pensieri possono portarti all'assoluta negazione di certe cose pratiche.
Il raziocinio non entra allora... alla merda tutto... Questo mondo crolla e sembra che nessuno si ferma a chiedere se qualcosa va male...
a te non rimane più che riderti di te stesso... vederti allo specchio e riderti di te stesso... perchè né tu ti fermi...
nello spechio si trovano gli orrori che più odi...
affacciati, dà un´occhiata... sei tu... vuota... non c´è niente da pensare.
Il raziocinio non entra allora... alla merda tutto... Questo mondo crolla e sembra che nessuno si ferma a chiedere se qualcosa va male...
a te non rimane più che riderti di te stesso... vederti allo specchio e riderti di te stesso... perchè né tu ti fermi...
nello spechio si trovano gli orrori che più odi...
affacciati, dà un´occhiata... sei tu... vuota... non c´è niente da pensare.
giovedì 16 dicembre 2010
"Ain´t funny anymore"
funny how I felt so saved while falling
funny how that made me smile and cry
funny all the memories and a tired voice calling
funny all the times we did not try.
funny how we killed and hurt each other
funny how you saw me bleeding and…
funny how you slowly turned off, colder
funny how you changed my heart for sand.
funny darlin´ now I really like to go back
and see you again hanging out with my time
funny sugar I swear I would not have done that
cause babe I know meeting you was the biggest crime.
funny how that made me smile and cry
funny all the memories and a tired voice calling
funny all the times we did not try.
funny how we killed and hurt each other
funny how you saw me bleeding and…
funny how you slowly turned off, colder
funny how you changed my heart for sand.
funny darlin´ now I really like to go back
and see you again hanging out with my time
funny sugar I swear I would not have done that
cause babe I know meeting you was the biggest crime.
venerdì 26 novembre 2010
"QUIERO Y RE TRUCO"
Me sentè a tu mesa a jugar a las cartas haciéndome la fuerte.
Tiraste un par mediano... Algo que decìa que tenìa oportunidad de ganar... me la creì hasta que llegò la tercia y mi reina se ahorcò con la dupla de ese envido mal cantado.
La guerra habìa terminado y sin embargo no pude detenerme. Subì la apuesta intentando disimular. Estaba totalmente en quiebra.
Tirè igual la baraja de nuevo... Adivinando tu juego, contè y volvì a hacer un anàlisis concreto de tus gestos como para saber si los bastos andaban entre tus dedos...
Flor imperial, dijiste mostrando las cartas.
Y ahì lo supe... Quiero y re truco, dije.
Me miraste, diste un trago, me levantè, abrì la puerta y me fui perdiendo la partida... Me saludaste apenas...
El azar de las cartas rompìa sus propias reglas de juego. Nosotros habìamos roto ya màs que lo que la suerte pudo arreglar alguna vez. Las apuestas eran sòlo intentos de mantenernos sentados siquiera.
Hacìa mucho que tù y yo ya no jugàbamos lo mismo.
Tiraste un par mediano... Algo que decìa que tenìa oportunidad de ganar... me la creì hasta que llegò la tercia y mi reina se ahorcò con la dupla de ese envido mal cantado.
La guerra habìa terminado y sin embargo no pude detenerme. Subì la apuesta intentando disimular. Estaba totalmente en quiebra.
Tirè igual la baraja de nuevo... Adivinando tu juego, contè y volvì a hacer un anàlisis concreto de tus gestos como para saber si los bastos andaban entre tus dedos...
Flor imperial, dijiste mostrando las cartas.
Y ahì lo supe... Quiero y re truco, dije.
Me miraste, diste un trago, me levantè, abrì la puerta y me fui perdiendo la partida... Me saludaste apenas...
El azar de las cartas rompìa sus propias reglas de juego. Nosotros habìamos roto ya màs que lo que la suerte pudo arreglar alguna vez. Las apuestas eran sòlo intentos de mantenernos sentados siquiera.
Hacìa mucho que tù y yo ya no jugàbamos lo mismo.
"TORMENTA SIN ABRIGOS"
te invito una tormenta sin abrigos...
te robo una o dos ideas de sal para darles agua en època de sequìa.
Te invito a tomar un vino, te escucho. Brindo por ti y por las vìas que te portaràn de una vez por todas lejos...
Brindo por lo que no se deberìa decir, por la impertinencia del nervio y por la derrota.
Te invito una tormenta sin abrigos...
pulmonìa que se cura con cigarros...
te robo una o dos ideas de sal para darles agua en època de sequìa.
Te invito a tomar un vino, te escucho. Brindo por ti y por las vìas que te portaràn de una vez por todas lejos...
Brindo por lo que no se deberìa decir, por la impertinencia del nervio y por la derrota.
Te invito una tormenta sin abrigos...
pulmonìa que se cura con cigarros...
martedì 26 ottobre 2010
Parte meteorológico. Despedida.
El parte meteorològico de hoy, despuès de un perìodo considerable de tiempo anuncia confusiones de nùmeros, desencuentros catastròficos y encuentros accidentales que se tornan con el paso de los dìas una excusa para planear la ùltima despedida...
Me parece que debì haber sido una hija de puta y cuidar màs aquellos detalles que te desarman cualquier intento de protecciòn... pero se me saliò decir en silencio "te quiero imbècil".
Solamente para que conste en acta, ahì todo se fue sencillamente al diablo.
Me parece que debì haber sido una hija de puta y cuidar màs aquellos detalles que te desarman cualquier intento de protecciòn... pero se me saliò decir en silencio "te quiero imbècil".
Solamente para que conste en acta, ahì todo se fue sencillamente al diablo.
sabato 23 ottobre 2010
"A dangerous shower"
Taking a dangerous shower...
After all this time suddenly the past shows up asking for a cleaning session.
lets`see what is going to happpen, I thought...
I realize... time is the best friend of forgive...
And wounds are the best friends of love.
Now I think if I had the capacity of being a bitch at least for a moment, maybe I would not be in the wrong place at the wrong time again... but those eyes, those eyes...
Taking a dangerous shower... It´s an ocassion for say nothing... Knowing since the begining that anyway it`s going to hurt...
Water get confused with tears... and anyway does not wash neither blood nor scars.
Cold water I should have said... Cold heart I should have had... Now the only thing that keep dry is this past and its view... and its questions taken away by the time and all the warm we forgot...
So... Sometimes it`s better remain without a shower until sunday...
After all this time suddenly the past shows up asking for a cleaning session.
lets`see what is going to happpen, I thought...
I realize... time is the best friend of forgive...
And wounds are the best friends of love.
Now I think if I had the capacity of being a bitch at least for a moment, maybe I would not be in the wrong place at the wrong time again... but those eyes, those eyes...
Taking a dangerous shower... It´s an ocassion for say nothing... Knowing since the begining that anyway it`s going to hurt...
Water get confused with tears... and anyway does not wash neither blood nor scars.
Cold water I should have said... Cold heart I should have had... Now the only thing that keep dry is this past and its view... and its questions taken away by the time and all the warm we forgot...
So... Sometimes it`s better remain without a shower until sunday...
giovedì 14 ottobre 2010
SE FOSSE PRESENTE
dovrei avere una vittima nel armadio per poter colparla di questa impossibilità latente di dormire
solo per tirarla fuori e farla cantare nel letto.
dovrei avere una vittima a chi poter ferire coi coltelli e le mani
solo per baciare le sue cicatrici e fare un tunnel verso la memoria.
e saper... qualcosa...
e tornare all´inferno e bruciare la pelle e gli occhi... e solo così notare per forza che questo paradiso è soltanto una buggia.
dovrei avere una vittima...
solo per dirgli quanto potrei amarla se fosse presente.
solo per tirarla fuori e farla cantare nel letto.
dovrei avere una vittima a chi poter ferire coi coltelli e le mani
solo per baciare le sue cicatrici e fare un tunnel verso la memoria.
e saper... qualcosa...
e tornare all´inferno e bruciare la pelle e gli occhi... e solo così notare per forza che questo paradiso è soltanto una buggia.
dovrei avere una vittima...
solo per dirgli quanto potrei amarla se fosse presente.
VACÍO
Todavía hay restos de aquella noche en el armario.
Aún se asoma el fantasma de esa voz gritando y los autos pasando, y la calle empedrada, y las putadas, y las hojas dobladas y luego rotas... y ese invierno de mierda.
Todavía, por supuesto que todavía es muy difícil decir lo que sucede. Pero ya hay varias pistas, hay caminos por los que es necesario transitar.
Prender la luz.
Todavía pienso si debí haberte roto la boca. Todavía pienso si debiste habérmela roto a mí... y no amenazar... y luego sonrío y las piedras del suelo protegen la confesiòn con cura y todo, con iglesia y yo quemàndome en ella, con ansiolíticos en el bolsillo por si algo viene, y millones de preguntas atragantàndose junto al trago amargo que fue aquella noche, aquellas noches que se vistieron de flan con azúcar quemado.
Aún pienso en lo que hubieras hecho si hubieras escuchado... en lo que hubiera pasado si hubiera hablado.
Y ya está...
Vacìo... Ahora todo se llena de vacío... Y entonces se puede comenzar. Igual, tendrìas que saber que dejè de sonreìr con la frescura con la que lo hacía antes. Dejé de hablar con la soltura con la que solìa hacerlo. Dejé de decir tantas cosas falsas, tantos artificios y cuentos que no sucederàn. Vacío...
Y así es... simplemente. La vida va mucho más fácil ahora... la mayoría de las veces.
Pero todavía despierto y si siento que estás...
me guardo yo en el armario.
Vacío.
Aún un miedo que es un toque demasiado pa mí. Aún mil cosas dando vueltas como en un mambo mortuorio.
Estoy jodida. Todavía...
Vacío...
Aún se asoma el fantasma de esa voz gritando y los autos pasando, y la calle empedrada, y las putadas, y las hojas dobladas y luego rotas... y ese invierno de mierda.
Todavía, por supuesto que todavía es muy difícil decir lo que sucede. Pero ya hay varias pistas, hay caminos por los que es necesario transitar.
Prender la luz.
Todavía pienso si debí haberte roto la boca. Todavía pienso si debiste habérmela roto a mí... y no amenazar... y luego sonrío y las piedras del suelo protegen la confesiòn con cura y todo, con iglesia y yo quemàndome en ella, con ansiolíticos en el bolsillo por si algo viene, y millones de preguntas atragantàndose junto al trago amargo que fue aquella noche, aquellas noches que se vistieron de flan con azúcar quemado.
Aún pienso en lo que hubieras hecho si hubieras escuchado... en lo que hubiera pasado si hubiera hablado.
Y ya está...
Vacìo... Ahora todo se llena de vacío... Y entonces se puede comenzar. Igual, tendrìas que saber que dejè de sonreìr con la frescura con la que lo hacía antes. Dejé de hablar con la soltura con la que solìa hacerlo. Dejé de decir tantas cosas falsas, tantos artificios y cuentos que no sucederàn. Vacío...
Y así es... simplemente. La vida va mucho más fácil ahora... la mayoría de las veces.
Pero todavía despierto y si siento que estás...
me guardo yo en el armario.
Vacío.
Aún un miedo que es un toque demasiado pa mí. Aún mil cosas dando vueltas como en un mambo mortuorio.
Estoy jodida. Todavía...
Vacío...
giovedì 30 settembre 2010
DIEZ Y SIETE. 17 "UNA NOCHE DE COPAS, UNA NOCHE LOCA"
Pat sabía que no importaba qué le dijera a Otif, ni cuánto tratara de ayudarlo o de serle útil. La sensación de pérdida era algo que, como a ella, lo acompañaría mordiéndolo sin soltarlo jamás. Lo entendía a la perfección. Aunque hacía casi tres años de la muerte de su madre, a Patricia aún le parecía verla en casa. Todavía no se reponía del todo y no sabía si algún día iba a se capaz de hacerlo. Constantemente se la imaginaba en la primera fila de las butacas de algún teatro, viéndola actuar, poniendo cara de orgullo y alegría. En ocasiones, cuando no sabía qué hacer ante alguna situación, pensaba en lo que le diría su mamá y sólo entonces una pequeñita brisa de tranquilidad la ayudaba a ponerse en marcha y solucionar las cuestiones más prácticas de la vida. Igual, seguía sintiéndose sola. Igual, seguía necesitándola.
Anocheció. Después de la pizza, Otif abrió una botella de Malbec y se reprochó en voz alta a sí mismo el no haberla descorchado mientras comían. Se la bebieron toda. Luego, bajó las escaleras que parecían conducir a un sótano y regresó desempolvando otra botella más. Era un tinto. “El Puerto” 1984.
-La había estado guardando para una ocasión especial y me parece que esta noche es especial. O si no especial, por lo menos muy distinta. No sé, de pronto me apeteció abrirla. Capaz que mañana ya no la puedo probar, ¿no crees?
Pat suspiró. -No, hombre. Todo sigue, todo va. Nosotros seguimos aquí. Y me siento honrada, parece ser un buen vino. ¿Estás seguro de que lo quieres abrir hoy?
-Estoy seguro. ¿Para qué esperar más? Ya ha estado ahí durante… Mmm… 24 años.
La edad de Pat. Esa botella llevaba en este mundo la misma cantidad de años que ella. Se le hizo curioso ver que en la etiqueta estaban escritas sus iniciales y que coincidan con el nombre del vino: “El Puerto”. De algún modo se sintió con permiso para probarlo.
Otif descorchó la botella con la precisión de un neuro-cirujano. El sonido que hizo el corcho al separarse del borde de la boca de la botella fue limpio y tenue. Esperó un par de minutos, sirvió un poco en un vaso pues quién sabe en donde estarían regadas las copas, alzó la bebida para verla a contra luz, la movió con círculos pequeños, se pegó el vaso a la nariz, inhaló, lo apartó de su triste rostro y se lo dio a Pat. Ella, en automático repitió el procedimiento. Luego esperó.
-Anda, pruébalo. Dame tu opinión.
Pat dio un trago corto y firme. El vino era de un rojo intenso que tendía al negro. Tenía una consistencia ligera y un leve aroma a ciruela, los sabores del clavo y la vainilla aportados seguramente por la barrica de roble francés, se quedaban en la garganta el tiempo suficiente para percibir que era un tinto que provenía de uvas cortadas en verano. Prestó su paladar para ser seducida por las almendras y las nueces escondidas en los taninos. Pat se imaginó las manos de la gente de la finca que se encontraría, a lo mejor en Mendoza sobre 1200 metros sobre el nivel del mar que, cuidadosamente cortaban esas uvas. Todo el proceso de depositar el vino en las barricas con la temperatura exacta para hacerlo madurar y convertirlo en lo que hoy probaba le trajo a la mente una analogía con la mujer que era ella; el proceso por el que también había pasado hasta llegar a verse este día se le hacía parecido al del líquido dentro de un barril esperando paciente a ser embotellado y llevado a una boca en una ocasión especial.
Por supuesto, le pareció demasiado pretencioso y pedante decirle esto a Otif así que dijo:
-Está muy rico.
Esto sí lo había aprendido de este lado del charco. Su papá era un completo fan de los vinos. Era usual que en la comida o en la cena, su padre descorchara una botella y le enseñara a ella y a su hermano mayor a probarlo, a dejar que se quedara en la boca y a respirar para poder sentir todo el cuerpo de la bebida. Estaba acostumbrada y tenía entrenado el paladar. Este vino, por cierto, tenía historia. Una historia tan larga como la de la misma Patricia.
Otif le sirvió a Pat, luego llenó su vaso hasta la mitad, y dijo:
-Salud. Este vino lo compré cuando mi nena cumplió dos años. Ahora no tengo ninguna razón para brindar. No se me ocurre ninguna en este instante. ¿A ti?- Chocaba su vaso contra el de ella.
-Honestamente no. Brindemos porque sí, nada más. ¿Te parece?
-Vale. Por el hecho de seguir vivos.
Se bebieron el vino para la ocasión especial en menos de media hora. Otif daba tragos grandes y Pat no quiso quedarse atrás. Luego, él volvió a bajar al sótano trayendo otro. Esta vez era un “Portos 2006”. Lo abrió sin tanto cuidado y llenó el vaso de Pat, derramando algunas gotas en el suelo. Patricia se dio cuenta de que ella no era la única que estaba comenzando a embriagarse. Casi sin hablar se terminaron también esta botella.
-Bueno, ¿por fin me vas a contar o lo vas a dejar todo para mañana? -Decía Otif mientras acomodaba la cabeza en el brazo de una silla y estiraba las piernas sobre un almohadón moderno.
-La verdad es que estoy un poco tomada y no sé ni por dónde comenzar, pero ahí te va. Pasa que me sucede algo un tanto raro. Voy a tratar de ser sintética y específica y de no armar un desorden con mi revuelta manera de hablar: Me voy a otros lados sin saber por qué ni cómo. Es decir, una parte de mí se queda aquí, o no lo sé. O sea, no sé si me divido o no, pero el caso es que viajo a otras realidades. No tengo idea de por qué me pasa esto y quería ver si tú podrías ayudarme y explicármelo. Dime algo, Tú crees en la existencia de los universos paralelos, ¿verdad? Yo nunca me había puesto a pensar en ello. Digo, tal vez existan. Lo que no sé es si me voy o no a otras dimensiones o simplemente estoy chiflada. Y déjame contarte que los últimos viajes no han sido nada agradables. Sabes… tengo la sensación de tener que encontrar a alguien para decirle algo. Todo el tiempo estoy en peligro y nada acaba de concretarse. Me voy. No es que lo sueñe o me lo imagine, de verdad me voy y luego vuelvo. Y entonces hay días en que no sé de qué lado me pasan qué cosas y de qué lado otras. Pensaba que eran especies de sueños muy reales pero no. Ya he tenido la oportunidad de comprobar si me fui o sólo me lo imaginé. Sé que es probable que no me creas pero como te dije, es necesario que lo hagas. ¿Me estoy dando un poquito a entender?
Dio un trago de vino y volteó a ver a Otif. Él dormía con la cabeza caída y la barbilla pegada al pecho. Todo lo que había vivido en los últimos días lo tenía bastante cansado. Además, todo el vino que se habían tomado era como para derribar a cualquiera.
-¿Otif? ¿Quieres que te ayude a subir a tu habitación? Mira que si te quedas ahí, te va a agarrar una tortícolis que para qué te cuento. -Le dijo subiendo muchísimo la voz.
Itares movió la cabeza en señal de que iba a incorporarse. Lo hizo y Pat tuvo que sostenerlo para que no se cayera. Dijo algo sobre una habitación al lado en donde ella podría dormir y subieron las escaleras. En la habitación que Patricia supuso que era la de Otif había una cama gigantesca en donde él se abandonó boca abajo sin meterse dentro de las cobijas. Pat le quitó los zapatos y lo cubrió con una frazada que estaba doblada en una silla al lado de la cama. Apagó la luz, caminó hacia la habitación contigua y se encontró con una cama igualmente grande. ¿Cuánta gente habría dormido en esa casa? Tuvo una sensación de confianza. Se sacó los tennis y la sudadera, fue al cuarto de baño, se lavó la cara y se enjuagó la boca entintada de color violeta por el vino. Estaba bastante mareada y sus movimientos eran medio torpes. Cuando estuvo acostada en la cama mirando hacia el techo, todo daba vueltas. No pudo dormir inmediatamente.
Un reloj despertador en forma de cubo encima del buró al lado de la cama marcaba con números verdes fluorescentes la 1:01 am, más temprano de lo que pensaba. Puso la alarma despertadora a las 8: 00 am. Cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.
Al día siguiente se despertó con una sed tremenda. Volteó a ver el reloj. Estaba apagado. Tal vez se había ido la luz. Sacudió la cabeza y quiso inmediatamente lavarse los dientes. Volvió al cuarto de baño, hurgó en el mueblecillo del lavabo y encontró una vieja Colgate. Se puso una pequeña cantidad en el dedo índice y se lo llevó a la boca. Hizo gárgaras y sólo ahí se dio cuenta de que el baño no tenía espejo. Por la noche ni siquiera le había interesado ver cómo lucía pero hoy sí le importaba. Tenía dolor de cabeza. Descalza, fue a la recámara de Otif. Él no estaba ahí. Bajó las escaleras y poco a poco fue oliendo el aroma a pan tostado, huevos fritos, jugo de naranja y por supuesto, café. Se encontró con Otif preparando el desayuno. Tenía un aire en la manera en la que cocinaba, que hizo pensar a Pat que de ningún modo había bebido la noche anterior. Ella se había recogido el pelo y lavado la cara y los dientes así que no se veía tan mal, supuso.
-Buen día Otif. ¿Qué tal amaneciste? Parece que la cruda no te pegó.
Otif se dio vuelta y se le quedó viendo con una mirada fija y preocupada.
-¿Te encuentras bien, Pat?
-Sí. Bueno, me duelen las rodillas y siento que dormí toda chueca, pero de ahí en fuera, creo que estoy bien.
-Ya. ¿No recuerdas nada?
-¿Recordar? ¿Qué es lo que tendría que recordar? Pareces asustado. ¿Qué pasa?
-Ay, Pat. No sé cómo decirte esto. Ven, siéntate. ¿Quieres un poco de café y jugo? Los chilaquiles ya van a estar.
-Sí, gracias.
Se sentaron en el pequeño comedor de la cocina. Otif le tomó la mano y la examinó de arriba abajo con los ojos.
-Escucha. Ayer, bueno, hoy en la madrugada, mientras dormía en mi habitación, por cierto, gracias por ayudarme a subir.
-De nada.
-Mientras dormía, comencé a escuchar a lo lejos que alguien gritaba. Me costó trabajo reconocer que los gritos no provenían de la calle y que tampoco estaba teniendo pesadillas. Me senté en la cama, me acabé de desamodorrar y me percaté de que ya no estaba nada borracho. Presté atención y los gritos seguían. Pronto me di cuenta de que venían desde la habitación de al lado. Me levanté rápidamente, pues pensé que alguien se había metido en la casa y que te podría estar haciendo daño, pero cuando entré a la recámara en la que recuerdo que te dije que podrías dormir, no había nadie. Revisé debajo de la cama, en el baño y en el armario pero no te encontré. Luego pensé en que te habrías dormido en otro cuarto. Seguía escuchando los gritos. Gritabas Pat, ahora te oías lejos y yo no podía encontrarte. Te busqué en las demás habitaciones de la casa pero tampoco estabas. Bajé las escaleras y seguí buscándote en toda la casa. Salí al jardín y grité tu nombre. No contestaste. Cuando entré de nuevo, los gritos eran más audibles. Bajé al sótano, fui al estudio, al cuarto de billar, a la cocina, y nada. Volví a subir y mientras lo hacía seguí llamándote. Estaba muy asustado. Me disponía a subir al ático y de pronto los gritos pararon. Yo volví a llamarte por tu nombre. Pasé por el cuarto que está al lado del mío y te vi acostada en la cama de la misma recámara en la que te había buscado al principio. Dormías, de eso estoy seguro. Estabas llena de sudor, respirabas agitadamente y pude ver que tenías estas marcas.
-¿Cuáles marcas?
¿No te viste en el espejo?
-El cuarto de baño de la habitación no tiene espejo.
-Ah, es cierto. Ven, te voy a mostrar.
La llevó fuera de la cocina y en el espejo del salón le enseñó que tenía un moretón en el ojo izquierdo, huellas de manos grandes en el cuello y en los hombros y rasguños en la espalda.
-¿Qué me pasó? No me pude haber caído ni hecho daño yo sola. ¿Dices que me escuchaste gritar y no me encontrabas?
-Sí. Te busqué en el cuarto y no te encontré. Cuando volví a subir después de buscarte por toda la casa, estabas en la cama, temblando. Sangrabas de la nariz. Traté de despertarte y lo hice pero inmediatamente te desvaneciste. Te chequé el pulso y pronto se normalizó. Limpié la sangre de tu rostro y te puse una compresa de agua fría en la frente. Poco a poco me di cuenta de las marcas de lo que parece haber sido una paliza. Patricia, estoy seguro que desapareciste y volviste a aparecer como por acto de magia. Pensé en llamar a la policía pero me envalentoné, registré de nuevo la casa y no encontré a nadie. Nadie te movió ni trató de llevarte. Solamente estábamos tú y yo.
-No, quien me hizo esto no pertenece a esta dimensión. Puedes estar seguro de ello. Lo que es extraño es que me hayas escuchado gritar. Eso quiere decir que cuando voy volviendo, la gente de acá puede darse cuenta. -Dijo como pensando en voz alta.
-¿Cuál gente de acá? ¿Qué otra dimensión? ¿Qué fue lo que te pasó?
-No lo recuerdo. A veces sucede. Precisamente de eso quería hablarte desde la otra vez. Me voy. Sin pensarlo, desearlo ni planearlo, me largo a otros lados y luego vuelvo. Ahora sé por lo que me dices, que no es que una parte de mí se quede y la otra se vaya. Porque si primero no me encontrabas y luego de unos minutos me viste, quiere decir que viajo completa, que no me divido. Por lo menos eso es un avance.
-A ver. Despacio, por favor explícame todo este asunto, que ya estoy bastante asustado. De verdad te hicieron daño. ¿Quiénes? ¿Por qué?
-No sé. Te digo, en este momento no puedo recordarlo.
-Está bien. Calma. ¿Dices que sin que puedas controlarlo, tu cuerpo se va a otros lados y del mismo modo vuelve?
-Sí. Eso mismo.
-¿Desde cuándo te pasa esto?
-Cuando niña me pasaba, pero nunca me di cuenta ni puse mucha atención. Creía que era simplemente otra forma de imaginar o de jugar. A mis amiguitos les parecía fenomenal que tuviera tanta cuerda para inventarme cosas. Pero no me las inventaba. Nunca se los dije. Suponía que cada quien tenía su estilo, su manera. Luego, en la adolescencia pararon y cuando me iba, casi nunca lograba recordar nada, como ahora. Desde hace como 3 o 4 años me sucede una o dos veces al mes. Pero recientemente han sido mucho más seguido y mil veces más claros.
-Y dime, ¿a dónde te transportas?
-Nunca sé exactamente a dónde, pero por ejemplo, sé que he estado en Las Barrancas del cobre. Una vez vi una foto y sabía que conocía ese lugar. Luego, por curiosa investigué y todas las imágenes que encontré coincidían con mis recuerdos medio borrosos. Puedo jurarte que he ido a China, a Estambul y a Grecia. También hay lugares como casas o construcciones que no me remiten a ningún lado en particular.
-¿Y la época?
-Tampoco la sé. Por lo general, antes veía a gente común y corriente, se podría decir que era contemporánea, sólo que no siempre estaba en México. Luego, tuve un viaje, porque los llamo “viajes”, a una época que para nada era ésta. No sé cuál. La vestimenta era poco usual y me acuerdo que había carretas y las calles estaban llenas de lodo. Yo hacía fila para entrar a algún tipo de espectáculo y como siempre, estaba angustiada porque esperaba a alguien que no llegaba. Tampoco era que supiera quién era ese alguien. Siempre que me voy, una angustia que pesa como trescientos kilos me sujeta las piernas y no me deja caminar para ver a quién tengo que encontrar. Eso es lo único que nunca cambia. Una vez estaba en torneo de fút bol. De repente me vi en la tribuna gritándole a alguien que había perdido entre la multitud, sólo que por el ruido, ni yo misma alcanzaba a escuchar el nombre que desesperadamente salía de mi boca.
-Pero entonces, por lo que veo, lo que hagas allá tiene una repercusión directa con el mundo de acá. ¿No?
-Sí. Eso no tiene mucho que lo descubrí. Ahora tú me ayudas a descubrir también que no es que mi esquizoide cuerpo sufra una escisión ni que esté viviendo una doble vida. Últimamente todo ha sido un infierno. Hace unos días se detuvo por completo. Ignoro la razón, pero cuando volvió todo esto, me hizo viajar a lugares realmente espantosos. Cada uno va siendo peor que el anterior. Tengo miedo de irme otra vez. Tal vez lo mejor es que no me quede sola. Solamente me pasa cuando no hay nadie conmigo. No sabes, tengo miedo de que alguien me haga daño.
-Perdóname por dejarte así, tan desconsideradamente. De haber sabido…
-No te preocupes. ¿Cómo te ibas a imaginar esto? Ni yo misma lo entiendo.
-Es un asunto complicado. ¿Has oído hablar de la existencia de las puertas a otros universos y a otros tiempos?
-Poco, la verdad. Sólo lo que tú mencionaste la otra vez en casa de García.
-Puede ser que te esté pasando a ti. Que tengas que ir abriendo puertas sin número ni dirección para arreglar algo que dejaste incompleto; o que tengas una misión que no te ha sido revelada porque aún no es el tiempo correcto.
-¿Y por eso la gente de allá me lastima? Además, ¿quién soy yo para andar cargando con misiones? Por favor, no puedo ni recordar cuándo debo pagar la tenencia del coche; olvido regar las plantas que me obsequian, no me duran las mascotas, me paso las luces rojas de los semáforos, me pierdo hasta en mi colonia. En fin, a veces soy un desastre total.
-No sé, a lo mejor esa gente que te hizo daño te ve como una extraña, como una forastera que es peligrosa. ¿Nunca te han dicho nada que pueda servirte para saber por qué vas a esos lugares? ¿Una especie de clave, o algún mensaje oculto en las frases?
-No. Antes conversaba con gente. Todo parecía hasta cierto punto normal, pero la sensación de buscar siempre a alguien en específico se ha ido agudizando cada vez más. Y todos, de pronto, como si no quisieran ayudarme, dejaron de dirigirme la palabra. Ahora nada más me gritan cosas o me hablan en otros idiomas. Bueno, eso sin mencionar que ya llegó el punto en el cuál parece que no es para nada bien recibida mi presencia y están haciendo todo porque me vaya. Espera… -Pat apretó fuertemente los ojos. -Puedo acordarme ahora de que me encerraron en una especie de calabozo, pero había algo en él que me hacía pensar que era un calabozo moderno, no de los de antes. Estaba encadenada a una pared y un tipo, el que me pegaba, me decía algo así como que estaba de nuevo equivocada, que ése no era el lugar que estaba buscando; que dejara de hacerme la tonta. Sí, dijo eso. Que dejara de hacerme la tonta porque ya sabía en dónde encontrarlo.
-¿Encontrar a quién?
-No sé, Otif. Esto es desesperante. Y yo que pensé que podría tener su lado bueno, que podría ver a mamá o algo así. Pues no. Todo se ve negro. Todo me da miedo allá. Es como si todos supieran lo que tengo que hacer y nadie me dijera.
-¿Ver a tu mamá?
-Sí. Mi madre murió hace algunos años. Pensé que podría verla, encontrarme con ella pero no ha sucedido. Dicen que todo tiene sus pros y sus contras, pero recientemente no le veo ninguna ventaja a esto que me pasa.
Pat se tomó de un trago de jugo de naranja.
-¿Me crees, Otif? ¿No piensas que te lo estoy inventando?
-¿Cómo no voy a creerte? Y de todos modos, si no lo hiciera, lo de ayer fue más que una prueba tajante para que lo haga. Te digo, desapareciste y luego apareciste. Yo lo vi. Estoy seguro de que no estaba alucinando ni nada por el estilo.
-Eso me reconforta. Me duele muchísimo la cabeza. ¿Tienes una aspirina?
-Si. Espera, que te traigo una.
-Gracias.
Otif fue escaleras arriba. Se escuchó cómo removía objetos en un cajón. Volvió después de unos minutos. Pat estaba con el rostro entre las manos tratando de respirar hondo.
-Te traje dos. Te sirvo más jugo.
-Gracias. Dime algo, ¿vas a ayudarme a saber por qué me pasa esto?
-Te lo prometo. Pero creo que primero tienes que descansar un poco. En serio que no tienes una buena pinta.
-Sí, ya sé. Me imagino. Hay algo que me intriga. No sé si el lapso de tiempo en el que me voy de este mundo para abrir otras puertas, como dices tú, coincida con el que permanezco allá. Es decir, no sé si por ejemplo, si acá transcurren 10 minutos, allá también será la misma cantidad de tiempo, o sean horas o incluso días. Hasta ahora, todo me ha hecho pensar que más o menos es lo mismo, pero esta madrugada, tuve la sensación de que estuve mucho más de unos minutos. ¿Por qué me golpearon? ¿Será un tipo de advertencia o algo así?
-Si aquel hombre te dijo eso y te pegó hasta hacerte sangrar, sea lo que sea, creo que va en serio.
-Sí, de eso no hay duda. ¿Qué voy a decirle a todo el mundo? Mañana tengo función. Puedo decir que me estampé en el coche mientras no me miren la espalda.
-¿Y las marcas de sus manotas en tu cuello? Parece que alguien te las hubiera tatuado. No se te van a ir por lo menos en dos o tres días.
-Sí, es verdad. Puedo ponerme un collarín. Así digo que me lastimé el cuello en el choque y que por eso lo traigo. En el ojo me pegué con el volante.
-Te preguntarán por qué no traías el cinturón de seguridad.
-Ay, bueno. No hablaré mucho del tema, entonces.
-¿Y qué vas a hacer con tu coche? ¿Vas a chocarlo de verdad?
-No, ni hablar. Puedo decir que está en el taller mecánico porque lo están arreglando.
-Suena bien. Si quieres, puedes guardarlo aquí todo el tiempo que necesites.
-De verdad te lo agradezco, no puedo andar por ahí diciendo “Ah, sí, un tipo de otro mundo me agarró a puñetazos porque no acabo de entender algo que debo hacer.” He tenido que aprender a inventarme cosas para que nadie sospeche nada.
-No te preocupes. Si no lo permites, nadie preguntará de más.
-Muchas gracias por escucharme.
-No hay de qué. Tú también me escuchaste ayer y de verdad que te lo agradezco. No sé que voy a hacer ahora. Por lo menos tengo un objetivo preciso: Ayudarte a desentrañar este caso que te tiene hoy toda madreada. Digo, por lo menos para que puedas tener un poquito más clara la cosa. Pero déjame decirte que es un tema complejo y difícil de explicar y mucho más, de entender.
-No importa, por el momento lo único que quiero es no quedarme sola ni un segundo.
-No te preocupes, si no hay nadie en tu casa y necesites charlar o estar acompañada, ven. Yo no pienso moverme de aquí en un buen tiempo.
-Ok, lo haré.
-Te prometo que voy a ayudarte. Vas a ver que pronto vamos a encontrarle solución a esto. Está fenomenal que puedas viajar. La cuestión es que viajes a lugares que te gusten. Veremos qué se puede hacer.
Cambiaron de tema. Mientras tomaban el desayuno charlaban acerca de la vida de Otif, quien le contaba cómo era que había decidido hacerse físico matemático y cómo todo el mundo lo había tirado de a loco. Ese señor era brillante. Constantemente iba a otros países a dar charlas y conferencias. Fue catedrático varios años en una prestigiada escuela en Chicago y era respetado por todos sus colegas. Había logrado hacer el suficiente dinero para dejar todo y adentrarse en sus investigaciones personales. Tenía publicados varios libros y hasta una página de Internet.
-Bueno, creo que es momento de que me vaya. Hay varias cosas que tengo que hacer hoy. Tendré que pasar por una farmacia especializada y conseguirme un collarín ortopédico. En la función puedo quitármelo porque traigo una gabardina que puedo cerrarme hasta el cuello y casi todo el tiempo estoy detrás de una puerta, no creo que haya mucho problema.
-Bueno. Descansa un poco. ¿Habrá alguien en tu casa?
-Sí. Seguro estará mi hermano con algunos amigos y Alejandra, también.
-Qué bueno que no te quedas sola. Vamos a hacer algo: cuando te sientas lista, no tiene que ser mañana, me llamas, instalo un circuito de video, te quedas en una habitación y vemos si desapareces o no. Tratemos de mantener un vínculo con este lado. Una especie de cuerda que no te deje ir. Vamos a ver si eso es posible. ¿Te parece?
-Está bien. Tengo que solucionar esto a cualquier precio. No puedo seguir así. Hasta luego, Otif. Te llamo mañana para ver si vengo.
-Bueno. Mientras, asegúrate de mantenerte a salvo. En este lado también hay peligros.
-Sí. Lo haré. ¿Tú, vas a estar bien?
-Creo que sí. Necesitaré tiempo. Han pasado demasiadas cosas y demasiado rápido. Tengo que sentarme un minuto, pero no te preocupes. Espero tu llamada.
La acompañó hasta la puerta, la abrió con todo y truco y esperó ahí hasta que llegara un taxi. El auto lo dejó ahí.
Anocheció. Después de la pizza, Otif abrió una botella de Malbec y se reprochó en voz alta a sí mismo el no haberla descorchado mientras comían. Se la bebieron toda. Luego, bajó las escaleras que parecían conducir a un sótano y regresó desempolvando otra botella más. Era un tinto. “El Puerto” 1984.
-La había estado guardando para una ocasión especial y me parece que esta noche es especial. O si no especial, por lo menos muy distinta. No sé, de pronto me apeteció abrirla. Capaz que mañana ya no la puedo probar, ¿no crees?
Pat suspiró. -No, hombre. Todo sigue, todo va. Nosotros seguimos aquí. Y me siento honrada, parece ser un buen vino. ¿Estás seguro de que lo quieres abrir hoy?
-Estoy seguro. ¿Para qué esperar más? Ya ha estado ahí durante… Mmm… 24 años.
La edad de Pat. Esa botella llevaba en este mundo la misma cantidad de años que ella. Se le hizo curioso ver que en la etiqueta estaban escritas sus iniciales y que coincidan con el nombre del vino: “El Puerto”. De algún modo se sintió con permiso para probarlo.
Otif descorchó la botella con la precisión de un neuro-cirujano. El sonido que hizo el corcho al separarse del borde de la boca de la botella fue limpio y tenue. Esperó un par de minutos, sirvió un poco en un vaso pues quién sabe en donde estarían regadas las copas, alzó la bebida para verla a contra luz, la movió con círculos pequeños, se pegó el vaso a la nariz, inhaló, lo apartó de su triste rostro y se lo dio a Pat. Ella, en automático repitió el procedimiento. Luego esperó.
-Anda, pruébalo. Dame tu opinión.
Pat dio un trago corto y firme. El vino era de un rojo intenso que tendía al negro. Tenía una consistencia ligera y un leve aroma a ciruela, los sabores del clavo y la vainilla aportados seguramente por la barrica de roble francés, se quedaban en la garganta el tiempo suficiente para percibir que era un tinto que provenía de uvas cortadas en verano. Prestó su paladar para ser seducida por las almendras y las nueces escondidas en los taninos. Pat se imaginó las manos de la gente de la finca que se encontraría, a lo mejor en Mendoza sobre 1200 metros sobre el nivel del mar que, cuidadosamente cortaban esas uvas. Todo el proceso de depositar el vino en las barricas con la temperatura exacta para hacerlo madurar y convertirlo en lo que hoy probaba le trajo a la mente una analogía con la mujer que era ella; el proceso por el que también había pasado hasta llegar a verse este día se le hacía parecido al del líquido dentro de un barril esperando paciente a ser embotellado y llevado a una boca en una ocasión especial.
Por supuesto, le pareció demasiado pretencioso y pedante decirle esto a Otif así que dijo:
-Está muy rico.
Esto sí lo había aprendido de este lado del charco. Su papá era un completo fan de los vinos. Era usual que en la comida o en la cena, su padre descorchara una botella y le enseñara a ella y a su hermano mayor a probarlo, a dejar que se quedara en la boca y a respirar para poder sentir todo el cuerpo de la bebida. Estaba acostumbrada y tenía entrenado el paladar. Este vino, por cierto, tenía historia. Una historia tan larga como la de la misma Patricia.
Otif le sirvió a Pat, luego llenó su vaso hasta la mitad, y dijo:
-Salud. Este vino lo compré cuando mi nena cumplió dos años. Ahora no tengo ninguna razón para brindar. No se me ocurre ninguna en este instante. ¿A ti?- Chocaba su vaso contra el de ella.
-Honestamente no. Brindemos porque sí, nada más. ¿Te parece?
-Vale. Por el hecho de seguir vivos.
Se bebieron el vino para la ocasión especial en menos de media hora. Otif daba tragos grandes y Pat no quiso quedarse atrás. Luego, él volvió a bajar al sótano trayendo otro. Esta vez era un “Portos 2006”. Lo abrió sin tanto cuidado y llenó el vaso de Pat, derramando algunas gotas en el suelo. Patricia se dio cuenta de que ella no era la única que estaba comenzando a embriagarse. Casi sin hablar se terminaron también esta botella.
-Bueno, ¿por fin me vas a contar o lo vas a dejar todo para mañana? -Decía Otif mientras acomodaba la cabeza en el brazo de una silla y estiraba las piernas sobre un almohadón moderno.
-La verdad es que estoy un poco tomada y no sé ni por dónde comenzar, pero ahí te va. Pasa que me sucede algo un tanto raro. Voy a tratar de ser sintética y específica y de no armar un desorden con mi revuelta manera de hablar: Me voy a otros lados sin saber por qué ni cómo. Es decir, una parte de mí se queda aquí, o no lo sé. O sea, no sé si me divido o no, pero el caso es que viajo a otras realidades. No tengo idea de por qué me pasa esto y quería ver si tú podrías ayudarme y explicármelo. Dime algo, Tú crees en la existencia de los universos paralelos, ¿verdad? Yo nunca me había puesto a pensar en ello. Digo, tal vez existan. Lo que no sé es si me voy o no a otras dimensiones o simplemente estoy chiflada. Y déjame contarte que los últimos viajes no han sido nada agradables. Sabes… tengo la sensación de tener que encontrar a alguien para decirle algo. Todo el tiempo estoy en peligro y nada acaba de concretarse. Me voy. No es que lo sueñe o me lo imagine, de verdad me voy y luego vuelvo. Y entonces hay días en que no sé de qué lado me pasan qué cosas y de qué lado otras. Pensaba que eran especies de sueños muy reales pero no. Ya he tenido la oportunidad de comprobar si me fui o sólo me lo imaginé. Sé que es probable que no me creas pero como te dije, es necesario que lo hagas. ¿Me estoy dando un poquito a entender?
Dio un trago de vino y volteó a ver a Otif. Él dormía con la cabeza caída y la barbilla pegada al pecho. Todo lo que había vivido en los últimos días lo tenía bastante cansado. Además, todo el vino que se habían tomado era como para derribar a cualquiera.
-¿Otif? ¿Quieres que te ayude a subir a tu habitación? Mira que si te quedas ahí, te va a agarrar una tortícolis que para qué te cuento. -Le dijo subiendo muchísimo la voz.
Itares movió la cabeza en señal de que iba a incorporarse. Lo hizo y Pat tuvo que sostenerlo para que no se cayera. Dijo algo sobre una habitación al lado en donde ella podría dormir y subieron las escaleras. En la habitación que Patricia supuso que era la de Otif había una cama gigantesca en donde él se abandonó boca abajo sin meterse dentro de las cobijas. Pat le quitó los zapatos y lo cubrió con una frazada que estaba doblada en una silla al lado de la cama. Apagó la luz, caminó hacia la habitación contigua y se encontró con una cama igualmente grande. ¿Cuánta gente habría dormido en esa casa? Tuvo una sensación de confianza. Se sacó los tennis y la sudadera, fue al cuarto de baño, se lavó la cara y se enjuagó la boca entintada de color violeta por el vino. Estaba bastante mareada y sus movimientos eran medio torpes. Cuando estuvo acostada en la cama mirando hacia el techo, todo daba vueltas. No pudo dormir inmediatamente.
Un reloj despertador en forma de cubo encima del buró al lado de la cama marcaba con números verdes fluorescentes la 1:01 am, más temprano de lo que pensaba. Puso la alarma despertadora a las 8: 00 am. Cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.
Al día siguiente se despertó con una sed tremenda. Volteó a ver el reloj. Estaba apagado. Tal vez se había ido la luz. Sacudió la cabeza y quiso inmediatamente lavarse los dientes. Volvió al cuarto de baño, hurgó en el mueblecillo del lavabo y encontró una vieja Colgate. Se puso una pequeña cantidad en el dedo índice y se lo llevó a la boca. Hizo gárgaras y sólo ahí se dio cuenta de que el baño no tenía espejo. Por la noche ni siquiera le había interesado ver cómo lucía pero hoy sí le importaba. Tenía dolor de cabeza. Descalza, fue a la recámara de Otif. Él no estaba ahí. Bajó las escaleras y poco a poco fue oliendo el aroma a pan tostado, huevos fritos, jugo de naranja y por supuesto, café. Se encontró con Otif preparando el desayuno. Tenía un aire en la manera en la que cocinaba, que hizo pensar a Pat que de ningún modo había bebido la noche anterior. Ella se había recogido el pelo y lavado la cara y los dientes así que no se veía tan mal, supuso.
-Buen día Otif. ¿Qué tal amaneciste? Parece que la cruda no te pegó.
Otif se dio vuelta y se le quedó viendo con una mirada fija y preocupada.
-¿Te encuentras bien, Pat?
-Sí. Bueno, me duelen las rodillas y siento que dormí toda chueca, pero de ahí en fuera, creo que estoy bien.
-Ya. ¿No recuerdas nada?
-¿Recordar? ¿Qué es lo que tendría que recordar? Pareces asustado. ¿Qué pasa?
-Ay, Pat. No sé cómo decirte esto. Ven, siéntate. ¿Quieres un poco de café y jugo? Los chilaquiles ya van a estar.
-Sí, gracias.
Se sentaron en el pequeño comedor de la cocina. Otif le tomó la mano y la examinó de arriba abajo con los ojos.
-Escucha. Ayer, bueno, hoy en la madrugada, mientras dormía en mi habitación, por cierto, gracias por ayudarme a subir.
-De nada.
-Mientras dormía, comencé a escuchar a lo lejos que alguien gritaba. Me costó trabajo reconocer que los gritos no provenían de la calle y que tampoco estaba teniendo pesadillas. Me senté en la cama, me acabé de desamodorrar y me percaté de que ya no estaba nada borracho. Presté atención y los gritos seguían. Pronto me di cuenta de que venían desde la habitación de al lado. Me levanté rápidamente, pues pensé que alguien se había metido en la casa y que te podría estar haciendo daño, pero cuando entré a la recámara en la que recuerdo que te dije que podrías dormir, no había nadie. Revisé debajo de la cama, en el baño y en el armario pero no te encontré. Luego pensé en que te habrías dormido en otro cuarto. Seguía escuchando los gritos. Gritabas Pat, ahora te oías lejos y yo no podía encontrarte. Te busqué en las demás habitaciones de la casa pero tampoco estabas. Bajé las escaleras y seguí buscándote en toda la casa. Salí al jardín y grité tu nombre. No contestaste. Cuando entré de nuevo, los gritos eran más audibles. Bajé al sótano, fui al estudio, al cuarto de billar, a la cocina, y nada. Volví a subir y mientras lo hacía seguí llamándote. Estaba muy asustado. Me disponía a subir al ático y de pronto los gritos pararon. Yo volví a llamarte por tu nombre. Pasé por el cuarto que está al lado del mío y te vi acostada en la cama de la misma recámara en la que te había buscado al principio. Dormías, de eso estoy seguro. Estabas llena de sudor, respirabas agitadamente y pude ver que tenías estas marcas.
-¿Cuáles marcas?
¿No te viste en el espejo?
-El cuarto de baño de la habitación no tiene espejo.
-Ah, es cierto. Ven, te voy a mostrar.
La llevó fuera de la cocina y en el espejo del salón le enseñó que tenía un moretón en el ojo izquierdo, huellas de manos grandes en el cuello y en los hombros y rasguños en la espalda.
-¿Qué me pasó? No me pude haber caído ni hecho daño yo sola. ¿Dices que me escuchaste gritar y no me encontrabas?
-Sí. Te busqué en el cuarto y no te encontré. Cuando volví a subir después de buscarte por toda la casa, estabas en la cama, temblando. Sangrabas de la nariz. Traté de despertarte y lo hice pero inmediatamente te desvaneciste. Te chequé el pulso y pronto se normalizó. Limpié la sangre de tu rostro y te puse una compresa de agua fría en la frente. Poco a poco me di cuenta de las marcas de lo que parece haber sido una paliza. Patricia, estoy seguro que desapareciste y volviste a aparecer como por acto de magia. Pensé en llamar a la policía pero me envalentoné, registré de nuevo la casa y no encontré a nadie. Nadie te movió ni trató de llevarte. Solamente estábamos tú y yo.
-No, quien me hizo esto no pertenece a esta dimensión. Puedes estar seguro de ello. Lo que es extraño es que me hayas escuchado gritar. Eso quiere decir que cuando voy volviendo, la gente de acá puede darse cuenta. -Dijo como pensando en voz alta.
-¿Cuál gente de acá? ¿Qué otra dimensión? ¿Qué fue lo que te pasó?
-No lo recuerdo. A veces sucede. Precisamente de eso quería hablarte desde la otra vez. Me voy. Sin pensarlo, desearlo ni planearlo, me largo a otros lados y luego vuelvo. Ahora sé por lo que me dices, que no es que una parte de mí se quede y la otra se vaya. Porque si primero no me encontrabas y luego de unos minutos me viste, quiere decir que viajo completa, que no me divido. Por lo menos eso es un avance.
-A ver. Despacio, por favor explícame todo este asunto, que ya estoy bastante asustado. De verdad te hicieron daño. ¿Quiénes? ¿Por qué?
-No sé. Te digo, en este momento no puedo recordarlo.
-Está bien. Calma. ¿Dices que sin que puedas controlarlo, tu cuerpo se va a otros lados y del mismo modo vuelve?
-Sí. Eso mismo.
-¿Desde cuándo te pasa esto?
-Cuando niña me pasaba, pero nunca me di cuenta ni puse mucha atención. Creía que era simplemente otra forma de imaginar o de jugar. A mis amiguitos les parecía fenomenal que tuviera tanta cuerda para inventarme cosas. Pero no me las inventaba. Nunca se los dije. Suponía que cada quien tenía su estilo, su manera. Luego, en la adolescencia pararon y cuando me iba, casi nunca lograba recordar nada, como ahora. Desde hace como 3 o 4 años me sucede una o dos veces al mes. Pero recientemente han sido mucho más seguido y mil veces más claros.
-Y dime, ¿a dónde te transportas?
-Nunca sé exactamente a dónde, pero por ejemplo, sé que he estado en Las Barrancas del cobre. Una vez vi una foto y sabía que conocía ese lugar. Luego, por curiosa investigué y todas las imágenes que encontré coincidían con mis recuerdos medio borrosos. Puedo jurarte que he ido a China, a Estambul y a Grecia. También hay lugares como casas o construcciones que no me remiten a ningún lado en particular.
-¿Y la época?
-Tampoco la sé. Por lo general, antes veía a gente común y corriente, se podría decir que era contemporánea, sólo que no siempre estaba en México. Luego, tuve un viaje, porque los llamo “viajes”, a una época que para nada era ésta. No sé cuál. La vestimenta era poco usual y me acuerdo que había carretas y las calles estaban llenas de lodo. Yo hacía fila para entrar a algún tipo de espectáculo y como siempre, estaba angustiada porque esperaba a alguien que no llegaba. Tampoco era que supiera quién era ese alguien. Siempre que me voy, una angustia que pesa como trescientos kilos me sujeta las piernas y no me deja caminar para ver a quién tengo que encontrar. Eso es lo único que nunca cambia. Una vez estaba en torneo de fút bol. De repente me vi en la tribuna gritándole a alguien que había perdido entre la multitud, sólo que por el ruido, ni yo misma alcanzaba a escuchar el nombre que desesperadamente salía de mi boca.
-Pero entonces, por lo que veo, lo que hagas allá tiene una repercusión directa con el mundo de acá. ¿No?
-Sí. Eso no tiene mucho que lo descubrí. Ahora tú me ayudas a descubrir también que no es que mi esquizoide cuerpo sufra una escisión ni que esté viviendo una doble vida. Últimamente todo ha sido un infierno. Hace unos días se detuvo por completo. Ignoro la razón, pero cuando volvió todo esto, me hizo viajar a lugares realmente espantosos. Cada uno va siendo peor que el anterior. Tengo miedo de irme otra vez. Tal vez lo mejor es que no me quede sola. Solamente me pasa cuando no hay nadie conmigo. No sabes, tengo miedo de que alguien me haga daño.
-Perdóname por dejarte así, tan desconsideradamente. De haber sabido…
-No te preocupes. ¿Cómo te ibas a imaginar esto? Ni yo misma lo entiendo.
-Es un asunto complicado. ¿Has oído hablar de la existencia de las puertas a otros universos y a otros tiempos?
-Poco, la verdad. Sólo lo que tú mencionaste la otra vez en casa de García.
-Puede ser que te esté pasando a ti. Que tengas que ir abriendo puertas sin número ni dirección para arreglar algo que dejaste incompleto; o que tengas una misión que no te ha sido revelada porque aún no es el tiempo correcto.
-¿Y por eso la gente de allá me lastima? Además, ¿quién soy yo para andar cargando con misiones? Por favor, no puedo ni recordar cuándo debo pagar la tenencia del coche; olvido regar las plantas que me obsequian, no me duran las mascotas, me paso las luces rojas de los semáforos, me pierdo hasta en mi colonia. En fin, a veces soy un desastre total.
-No sé, a lo mejor esa gente que te hizo daño te ve como una extraña, como una forastera que es peligrosa. ¿Nunca te han dicho nada que pueda servirte para saber por qué vas a esos lugares? ¿Una especie de clave, o algún mensaje oculto en las frases?
-No. Antes conversaba con gente. Todo parecía hasta cierto punto normal, pero la sensación de buscar siempre a alguien en específico se ha ido agudizando cada vez más. Y todos, de pronto, como si no quisieran ayudarme, dejaron de dirigirme la palabra. Ahora nada más me gritan cosas o me hablan en otros idiomas. Bueno, eso sin mencionar que ya llegó el punto en el cuál parece que no es para nada bien recibida mi presencia y están haciendo todo porque me vaya. Espera… -Pat apretó fuertemente los ojos. -Puedo acordarme ahora de que me encerraron en una especie de calabozo, pero había algo en él que me hacía pensar que era un calabozo moderno, no de los de antes. Estaba encadenada a una pared y un tipo, el que me pegaba, me decía algo así como que estaba de nuevo equivocada, que ése no era el lugar que estaba buscando; que dejara de hacerme la tonta. Sí, dijo eso. Que dejara de hacerme la tonta porque ya sabía en dónde encontrarlo.
-¿Encontrar a quién?
-No sé, Otif. Esto es desesperante. Y yo que pensé que podría tener su lado bueno, que podría ver a mamá o algo así. Pues no. Todo se ve negro. Todo me da miedo allá. Es como si todos supieran lo que tengo que hacer y nadie me dijera.
-¿Ver a tu mamá?
-Sí. Mi madre murió hace algunos años. Pensé que podría verla, encontrarme con ella pero no ha sucedido. Dicen que todo tiene sus pros y sus contras, pero recientemente no le veo ninguna ventaja a esto que me pasa.
Pat se tomó de un trago de jugo de naranja.
-¿Me crees, Otif? ¿No piensas que te lo estoy inventando?
-¿Cómo no voy a creerte? Y de todos modos, si no lo hiciera, lo de ayer fue más que una prueba tajante para que lo haga. Te digo, desapareciste y luego apareciste. Yo lo vi. Estoy seguro de que no estaba alucinando ni nada por el estilo.
-Eso me reconforta. Me duele muchísimo la cabeza. ¿Tienes una aspirina?
-Si. Espera, que te traigo una.
-Gracias.
Otif fue escaleras arriba. Se escuchó cómo removía objetos en un cajón. Volvió después de unos minutos. Pat estaba con el rostro entre las manos tratando de respirar hondo.
-Te traje dos. Te sirvo más jugo.
-Gracias. Dime algo, ¿vas a ayudarme a saber por qué me pasa esto?
-Te lo prometo. Pero creo que primero tienes que descansar un poco. En serio que no tienes una buena pinta.
-Sí, ya sé. Me imagino. Hay algo que me intriga. No sé si el lapso de tiempo en el que me voy de este mundo para abrir otras puertas, como dices tú, coincida con el que permanezco allá. Es decir, no sé si por ejemplo, si acá transcurren 10 minutos, allá también será la misma cantidad de tiempo, o sean horas o incluso días. Hasta ahora, todo me ha hecho pensar que más o menos es lo mismo, pero esta madrugada, tuve la sensación de que estuve mucho más de unos minutos. ¿Por qué me golpearon? ¿Será un tipo de advertencia o algo así?
-Si aquel hombre te dijo eso y te pegó hasta hacerte sangrar, sea lo que sea, creo que va en serio.
-Sí, de eso no hay duda. ¿Qué voy a decirle a todo el mundo? Mañana tengo función. Puedo decir que me estampé en el coche mientras no me miren la espalda.
-¿Y las marcas de sus manotas en tu cuello? Parece que alguien te las hubiera tatuado. No se te van a ir por lo menos en dos o tres días.
-Sí, es verdad. Puedo ponerme un collarín. Así digo que me lastimé el cuello en el choque y que por eso lo traigo. En el ojo me pegué con el volante.
-Te preguntarán por qué no traías el cinturón de seguridad.
-Ay, bueno. No hablaré mucho del tema, entonces.
-¿Y qué vas a hacer con tu coche? ¿Vas a chocarlo de verdad?
-No, ni hablar. Puedo decir que está en el taller mecánico porque lo están arreglando.
-Suena bien. Si quieres, puedes guardarlo aquí todo el tiempo que necesites.
-De verdad te lo agradezco, no puedo andar por ahí diciendo “Ah, sí, un tipo de otro mundo me agarró a puñetazos porque no acabo de entender algo que debo hacer.” He tenido que aprender a inventarme cosas para que nadie sospeche nada.
-No te preocupes. Si no lo permites, nadie preguntará de más.
-Muchas gracias por escucharme.
-No hay de qué. Tú también me escuchaste ayer y de verdad que te lo agradezco. No sé que voy a hacer ahora. Por lo menos tengo un objetivo preciso: Ayudarte a desentrañar este caso que te tiene hoy toda madreada. Digo, por lo menos para que puedas tener un poquito más clara la cosa. Pero déjame decirte que es un tema complejo y difícil de explicar y mucho más, de entender.
-No importa, por el momento lo único que quiero es no quedarme sola ni un segundo.
-No te preocupes, si no hay nadie en tu casa y necesites charlar o estar acompañada, ven. Yo no pienso moverme de aquí en un buen tiempo.
-Ok, lo haré.
-Te prometo que voy a ayudarte. Vas a ver que pronto vamos a encontrarle solución a esto. Está fenomenal que puedas viajar. La cuestión es que viajes a lugares que te gusten. Veremos qué se puede hacer.
Cambiaron de tema. Mientras tomaban el desayuno charlaban acerca de la vida de Otif, quien le contaba cómo era que había decidido hacerse físico matemático y cómo todo el mundo lo había tirado de a loco. Ese señor era brillante. Constantemente iba a otros países a dar charlas y conferencias. Fue catedrático varios años en una prestigiada escuela en Chicago y era respetado por todos sus colegas. Había logrado hacer el suficiente dinero para dejar todo y adentrarse en sus investigaciones personales. Tenía publicados varios libros y hasta una página de Internet.
-Bueno, creo que es momento de que me vaya. Hay varias cosas que tengo que hacer hoy. Tendré que pasar por una farmacia especializada y conseguirme un collarín ortopédico. En la función puedo quitármelo porque traigo una gabardina que puedo cerrarme hasta el cuello y casi todo el tiempo estoy detrás de una puerta, no creo que haya mucho problema.
-Bueno. Descansa un poco. ¿Habrá alguien en tu casa?
-Sí. Seguro estará mi hermano con algunos amigos y Alejandra, también.
-Qué bueno que no te quedas sola. Vamos a hacer algo: cuando te sientas lista, no tiene que ser mañana, me llamas, instalo un circuito de video, te quedas en una habitación y vemos si desapareces o no. Tratemos de mantener un vínculo con este lado. Una especie de cuerda que no te deje ir. Vamos a ver si eso es posible. ¿Te parece?
-Está bien. Tengo que solucionar esto a cualquier precio. No puedo seguir así. Hasta luego, Otif. Te llamo mañana para ver si vengo.
-Bueno. Mientras, asegúrate de mantenerte a salvo. En este lado también hay peligros.
-Sí. Lo haré. ¿Tú, vas a estar bien?
-Creo que sí. Necesitaré tiempo. Han pasado demasiadas cosas y demasiado rápido. Tengo que sentarme un minuto, pero no te preocupes. Espero tu llamada.
La acompañó hasta la puerta, la abrió con todo y truco y esperó ahí hasta que llegara un taxi. El auto lo dejó ahí.
mercoledì 29 settembre 2010
IN YOUR POCKET
I think I left my high heel in your pocket...
I hadn´t realized til now I don´t walk in any road...
I think I should have said no to be a smoker...
And after all this time, all those things, the show must go on.
I hadn´t realized til now I don´t walk in any road...
I think I should have said no to be a smoker...
And after all this time, all those things, the show must go on.
venerdì 24 settembre 2010
"ENTRE EL INTER Y EL MEDIO"
Me pidieron que escribiera sobre un tema en particular...
Resulta que esta noche me es bastante difícil. Y es que tengo los incendios todavía muy presentes y a mi madre muy cerca de acá. Eso està bueno, tenerla a mamá cerca... Lo de los incendios también está bueno. Igual con todo y el destiempo.
Pasa que me piden, no tengo mucha idea por qué, (porque no es que tenga una fama de escritora sumamente avispada; más bien es casi nula... la fama de escritora). Bue, el caso es que me han pedido que escriba sobre un tema en particular que por ningún motivo puede contener citas ni notas al pie de página. Pero ¿cómo hacer? Si mi vida está hecha de frases que no me pertenecen. ¿No puedo poner ninguna referencia? Me parece una premisa totalitarista y tiránica por no decir que totalmente irrealizable de mi parte, ya que chupo como esponjita marina todo aquello que me conviene (y también lo que no porque si no fuera así, me ahorraría muchos problemas). y me es totalmente quimérico e ilusiorio no escribir con base en ninguna referencia. Se confundieron, no soy un portento epistolar ni etimológico. Es más, quitémosle el eti, ni lógico... Apenas logro poner afuera la mitad de lo que pasa en mi cabeza con un poquito de discernimiento y recién empiezo a ver la raíz y el origen de este suceso... En fin...
No tengo la menor idea de cómo comenzar a escribir sobre la interdisciplina en la vida cotidiana. Me subo al metro pa ver? forse, forse... Si he tenido que hacerla de todo. De todo. Tal cual. ¿Interdisciplina en qué sentido? ¿Me puede repetir la pregunta? ¿que no la disciplina se refiere sobre todo a actividades intelectuales o artísticas? ¿Qué cazzo tiene que ver la interdisciplina en el colectivo o en que si se le ocurre a alguien aventarse a la interestatal y pararla por tres o cuatro horas? Eso sì, jode la vida de muchos, por lo menos ese día. Pero eso más bien vendría siendo respectividad, no interdisciplina... qué se yo... Ya me perdí.
Me introduzco inter... interina.. en la ducha como si fuera un meteoro que va al espacio exterior... y me quedo allì... mientras siento que las teclas de la compu gritan cual esquizoides con una dosis pasadita de mezcalina; cual ezbirros de mi cabeza negándose a someterse a la dictadura de las neuronas que han quedado inmóviles y paralizadas ante el descontrol... Y luego me entero de que es común, mucho más común de lo que pensaba, eso de que la gente se meta al baño como escapatoria; que se quede en el lavabo, que deshile las toallas y se coma las pastillas de jabón o que escriba mensajes ocultos en el rollo de papel higiénico que hay de repuesto, o que guarden algún objeto extraño en el tanque del agua.
Es muy común que la gente se esconda en el baño ante una discusión. Que metan el seguro y que se nieguen a salir, o que abran la llave del agua simulando no sé que cosas... Es muy común el llanto a escondidas sentado en el retrete, con las manos escondiendo la cara de los azulejos y el cloro. Del espejo...
interacciòn intercalada de interrogantes que interpretan no acabo de entender qué mientras interactúan e intercambian internaciones inter... chingada madre. alguien sabe de dònde me apago? dònde está el interruptor pa mandarme al carajo?
Vuelvo al baño.
Mientras me pego una ducha fría (miento, no es fría, soy una coyona). Mientras me pego una ducha, la sangre de herida en la rodilla se va por el desagüe. Se arrancó la costra de tajo. Como debe ser. Mientras froto la rodilla y me aseguro de que no se infecte, las teclas de la compu me gritan frenéticas y coléricas que vuelva, que escriba sobre la interdiscipli... la puta madre... La interdisciplinar... los signos y significantes en la vida cotidiana. Y después en la publicidad y de cómo nos hacen vivir dóciles y obedientes, respetuosos y suicidas. Y qué invento... si también es algo que escuché ya. No es una deducción mía.
Entonces no me quedan ganas de escribir, ni de hablar, pero apenas salga le voy a dar con todo a la hiperactividad de la boca, a la hiperbolización de mi idotez y a mi rescindido filtro de decir cosas. Cosas sin sentido... o cosas totalmente fuera de la realidad. Por eso mejor me he quedado calladita estos meses... Pa no decir cosas... Sin la menor composición gramática, sin la menor relación con ninguna materialidad. Como una buena publicidad en la que no entiendes nada pero acabas asintiendo con la cabeza.
Me quedo en el baño, pero no gasto mucha agua. Consciencia de que el mundo se va al diablo... e mi porta con se.
Abro la llave... me gusta más la canilla... Abro y cierro, abro y cierro...
"Ignora esa pesadilla del baño. No es más que otro repugnante refugio de la generación del amor, otro lisiado, otro condenado sin remedio que es incapaz de soportar la presión" Me gritan las teclas de la compu. Así que salgo y escribo taradeces que definitivamente no voy a entregar mañana a la editorial. Adhiero mi descontrol estructurado a que mañana es viernes y a que estaría bueno no sentirme tan destemporal... ¿existe esa palabra?
me meto de nuevo a la bañera...
Resulta que esta noche me es bastante difícil. Y es que tengo los incendios todavía muy presentes y a mi madre muy cerca de acá. Eso està bueno, tenerla a mamá cerca... Lo de los incendios también está bueno. Igual con todo y el destiempo.
Pasa que me piden, no tengo mucha idea por qué, (porque no es que tenga una fama de escritora sumamente avispada; más bien es casi nula... la fama de escritora). Bue, el caso es que me han pedido que escriba sobre un tema en particular que por ningún motivo puede contener citas ni notas al pie de página. Pero ¿cómo hacer? Si mi vida está hecha de frases que no me pertenecen. ¿No puedo poner ninguna referencia? Me parece una premisa totalitarista y tiránica por no decir que totalmente irrealizable de mi parte, ya que chupo como esponjita marina todo aquello que me conviene (y también lo que no porque si no fuera así, me ahorraría muchos problemas). y me es totalmente quimérico e ilusiorio no escribir con base en ninguna referencia. Se confundieron, no soy un portento epistolar ni etimológico. Es más, quitémosle el eti, ni lógico... Apenas logro poner afuera la mitad de lo que pasa en mi cabeza con un poquito de discernimiento y recién empiezo a ver la raíz y el origen de este suceso... En fin...
No tengo la menor idea de cómo comenzar a escribir sobre la interdisciplina en la vida cotidiana. Me subo al metro pa ver? forse, forse... Si he tenido que hacerla de todo. De todo. Tal cual. ¿Interdisciplina en qué sentido? ¿Me puede repetir la pregunta? ¿que no la disciplina se refiere sobre todo a actividades intelectuales o artísticas? ¿Qué cazzo tiene que ver la interdisciplina en el colectivo o en que si se le ocurre a alguien aventarse a la interestatal y pararla por tres o cuatro horas? Eso sì, jode la vida de muchos, por lo menos ese día. Pero eso más bien vendría siendo respectividad, no interdisciplina... qué se yo... Ya me perdí.
Me introduzco inter... interina.. en la ducha como si fuera un meteoro que va al espacio exterior... y me quedo allì... mientras siento que las teclas de la compu gritan cual esquizoides con una dosis pasadita de mezcalina; cual ezbirros de mi cabeza negándose a someterse a la dictadura de las neuronas que han quedado inmóviles y paralizadas ante el descontrol... Y luego me entero de que es común, mucho más común de lo que pensaba, eso de que la gente se meta al baño como escapatoria; que se quede en el lavabo, que deshile las toallas y se coma las pastillas de jabón o que escriba mensajes ocultos en el rollo de papel higiénico que hay de repuesto, o que guarden algún objeto extraño en el tanque del agua.
Es muy común que la gente se esconda en el baño ante una discusión. Que metan el seguro y que se nieguen a salir, o que abran la llave del agua simulando no sé que cosas... Es muy común el llanto a escondidas sentado en el retrete, con las manos escondiendo la cara de los azulejos y el cloro. Del espejo...
interacciòn intercalada de interrogantes que interpretan no acabo de entender qué mientras interactúan e intercambian internaciones inter... chingada madre. alguien sabe de dònde me apago? dònde está el interruptor pa mandarme al carajo?
Vuelvo al baño.
Mientras me pego una ducha fría (miento, no es fría, soy una coyona). Mientras me pego una ducha, la sangre de herida en la rodilla se va por el desagüe. Se arrancó la costra de tajo. Como debe ser. Mientras froto la rodilla y me aseguro de que no se infecte, las teclas de la compu me gritan frenéticas y coléricas que vuelva, que escriba sobre la interdiscipli... la puta madre... La interdisciplinar... los signos y significantes en la vida cotidiana. Y después en la publicidad y de cómo nos hacen vivir dóciles y obedientes, respetuosos y suicidas. Y qué invento... si también es algo que escuché ya. No es una deducción mía.
Entonces no me quedan ganas de escribir, ni de hablar, pero apenas salga le voy a dar con todo a la hiperactividad de la boca, a la hiperbolización de mi idotez y a mi rescindido filtro de decir cosas. Cosas sin sentido... o cosas totalmente fuera de la realidad. Por eso mejor me he quedado calladita estos meses... Pa no decir cosas... Sin la menor composición gramática, sin la menor relación con ninguna materialidad. Como una buena publicidad en la que no entiendes nada pero acabas asintiendo con la cabeza.
Me quedo en el baño, pero no gasto mucha agua. Consciencia de que el mundo se va al diablo... e mi porta con se.
Abro la llave... me gusta más la canilla... Abro y cierro, abro y cierro...
"Ignora esa pesadilla del baño. No es más que otro repugnante refugio de la generación del amor, otro lisiado, otro condenado sin remedio que es incapaz de soportar la presión" Me gritan las teclas de la compu. Así que salgo y escribo taradeces que definitivamente no voy a entregar mañana a la editorial. Adhiero mi descontrol estructurado a que mañana es viernes y a que estaría bueno no sentirme tan destemporal... ¿existe esa palabra?
me meto de nuevo a la bañera...
DIEZ Y SEIS. 16 "LA PÈRDIDA DE OTIF"
El miércoles volvió a encontrarse con Otif. Cuando llegó a su casa las dos puertas estaban abiertas. Entró con cautela llamándolo por su nombre y lo encontró sentado en el viejo sillón gris con una expresión que recordaba a la angustia de un escritor ante el papel en blanco; daba la sensación de que sus pensamientos se hubieran cristalizado en una imagen como una piedra en una mina y no fuera capaz de echar mano de sus herramientas para sacarlos de la oscuridad en la que habitaban cientos de metros bajo tierra.
A Pat le pareció verlo más flaco pero no quiso decirle nada. No era un buen comienzo para una conversación, sobre todo, cuando se había ido de aquella manera a la India. Otif tenía la mirada perdida en algún recuerdo que no lograba colocar en el anaquel correspondiente; tardó un par de minutos en percatarse de la presencia de ella. Bebía café con una mano y con la otra hacía dibujitos en el aire. Antes de decir palabra, Pat se dio cuenta de que todos los cuadros que había visto abandonados como huérfanos ante la puerta de un hospicio la última vez que estuvo en la casa, habían desparecido. En su lugar habitaban restos de humedad y más polvo que en un campamento en el desierto.
Pensó que el repentino viaje de Otif a la India tenía directamente que ver con su ex mujer. Incluso, era posible que ella hubiera estado ahí hacía algunas horas; tal vez por fin se hubiera decidido a llevarse los recuerdos materializados que dejó cuando se fue. De pronto, una leve corriente de aire entró por la ventana que estaba abierta, moviendo la cortina y dejando percibir a Pat, y seguramente a Otif también, un leve olor a perfume fino que se colaba vagamente por su nariz recordándole de nuevo que no estaba más ahí.
-Hola Pat, ¿Cómo va todo?
-Bien, supongo. ¿Tú cómo estás? ¿Todo bien en la India?
-Mi hija murió.
Soltó la frase con una naturalidad tal, que hizo que Pat relacionara su tono de voz y su cadencia en las palabras, con la manera cotidiana y apesadumbrada del sujeto que cada mañana da el pronóstico del tiempo en un canal de televisión por cable. Ese sujeto que un buen día, amablemente avisa al policía del edificio en el que trabaja que va a suicidarse. Toma el elevador, sube al último piso y se avienta. Todo sin hacer alboroto, sin gritos ni luces alarmantes. Lo único que queda de él después de que se alejan las sirenas de las patrullas y las ambulancias es un escalofriante y sordo silencio; justo como el que habitaba ahora en la casa de Otif.
-Y ¿sabes? -Continuó esbozando una sonrisa que anunciaba lo que viene después de la catástrofe. -Lo más chistoso de todo es que murió de cólera. Ella, que tenía un carácter tan afable. Se enfermó, seguramente por algo que comió; estuvo sola encerrada en un maldito monasterio o qué se yo, no se atendió y rápidamente se complicó todo. Estaba aislada casi por completo y cuando la encontraron y la llevaron al hospital fue demasiado tarde. Es absurdo, es totalmente absurdo.
En el ambiente reinaba no solamente el olor a perfume fino, sino una cierta insatisfacción rabiosa por aceptar el sinsentido de lo acontecido.
-No. Espera. Hay algo más chistoso que eso. -Siguió él con la mirada fija en un remolino grasiento e inexistente. -Antes de que se fuera quedamos de vernos. Ella tenía algo importante que contarme, dijo. No nos veíamos muy seguido. Siempre andaba haciendo sus prácticas antropológicas y yo, ya sabes, en lo mío, pero podría decir que nos llevábamos bastante bien. Era una relación alejada y cercana a la vez, o al menos así me lo parecía a mí. A sus 26 años era una chica bastante independiente y desapegada pero aquella vez me pidió que nos viéramos porque partía al África y luego a la India. Debo confesarte, si me lo permites, que no puse mucha atención cuando me dijo a qué se iba, pero supuse que me contaría cuando la viera. Teníamos casi 4 meses de no vernos y su estancia en el extranjero no sería corta, así que me entró un sentimiento paternal y supuse importante encontrarme con ella.
Otif bajó la mirada, dio un sorbo grande al café, apretó los labios y prosiguió.
-Total que quedamos de encontrarnos en un restaurante que solíamos frecuentar cuando era más pequeña, porque, seguía siendo pequeña, ¿no? Era un par de años más grande que tú, tenía toda una vida por delante. -Hizo una pausa corta, cerró los ojos e inhaló en el vacío. -Recuerdo que cada vez que íbamos a aquel lugar, ella siempre pedía algo distinto. Se probó todo el menú, era un restaurante de comida griega y aunque los nombres de los platillos no invitaran al apetito, ella los probaba. Siempre fue medio aventurada y muy valiente, de esas personas que parecen no conocer el miedo. El caso es que yo, concentrado en una investigación, no llegué aquella vez a nuestra cita. La verdad es que se me fue el tiempo y me di cuenta que no sólo había oscurecido, sino que eran casi las seis de la mañana. La llamé inmediatamente y la grabación de su contestador me respondió con un alegre: “Estoy de viaje, deja tu número y nombre y te llamo cuando vuelva.”
Patricia se sentó a su lado. A Otif se le fueron llenando los ojos de lágrimas y Pat sintió cómo si el puño de un gigante le pusiera unas pinzas para cortar alambres en el lado derecho del corazón. Inevitablemente pensó en su madre, pensó que los días que venían iban a ser más que duros para Otif. No sabía cómo era perder a un hijo pero supuso que era mucho peor que perder a un padre.
-Yo dejé un recado confuso y entrecortado. Intentaba pedirle disculpas de mil maneras, pero no sabía cómo. Ella ya se habría ido seguramente, no escucharía el mensaje hasta que volviera, así que sin más, corté tratando de apagar mi culpa, pensando en que se pondría en contacto conmigo en cuanto llegara al África. Pero no lo hizo. Supe entonces, que estaba realmente enfadada conmigo y no hubo manera de comunicarme. Estaba en la selva o algo así. Después pensé que se le pasaría y que me contaría aquello de lo que quiso hablarme con tanta urgencia esa tarde. Los meses pasaron y no supe nada de ella hasta que Rebeca me llamó para decirme que mi hija, lo que más quise en la vida, estaba muriéndose en un jodido hospitalito de la India, que la habían contactado a través de la embajada y que fuera inmediatamente para allá. Fue demasiado tarde, volví a llegar tarde a verla. Como cuando en la escuela la dejé olvidada más de un par de veces los días que me tocaba recogerla y ella se iba caminando solita hasta casa de su madre y luego me llamaba preocupadísima para ver si no me había ocurrido algo. Le reproché a Beca que no me hubiera avisado antes, pero ella, furiosa, alzando la ceja derecha como suele hacerlo cuando algo la crispa, tratando de mantener la calma por la presencia del doctor y la enfermera, me dijo en un tono suave que me heló la piel, que estuvo tratando de localizarme, pero que como siempre, tenía desconectado el teléfono y que prefirió volar inmediatamente que venir a mi casa a intentar encontrarme y sacarme de mi asquerosa vida egoísta y patética. Fíjate, ésas fueron las palabras que usó. “Tu asquerosa vida egoísta y patética.” Evidentemente no pude decirle nada, en este momento le doy completamente la razón. Un silencio pesado me iba llenando los pulmones y ella, con la voz más aguda que nunca, apenas salieron el doctor y la enfermera, después de cubrirla a mi nena toda con una sábana y anotar no sé que cosas en un expediente, me dijo que seguramente lo que quería contarme esa vez, era que estaba embarazada. Que tenía una relación desde hace un año y medio con Jonás. “El etnólogo ¿te acuerdas? Porque, sí te lo presentó ¿No?”, me dijo con el tono irónico que se le asoma cuando el dolor puede más que su fuerza interna. Que vivían juntos hace un año. Eso ya lo sabía, repuse yo. Que la cuestión era que tenía casi dos meses de embarazo, siguió sin escucharme, que viajaría porque no podía perderse esta oportunidad, ya que la Universidad de antropología la había becado y que volvería después de tener al nene. Que si era niño, le iba poner Otif, y si era nena, Rebeca. Pues bueno, ahora no tendríamos ni nieto, ni hija y por lo tanto, nada más que nos uniera; que no quería volver a verme ni a saber nada de mí; que se encargaría junto con Jonás de todos los trámites para traer el cuerpo a México y que por favor, no tuviera la poca vergüenza de presentarme al entierro.
Pat no sabía cómo procesar aquella información. No sabía si abrazarlo, seguir sentada con las rodillas dobladas, tronarse los dedos hasta despedazárselos o salir corriendo por la puerta.
-¿Cómo no voy a ir al entierro? No jodas, Rebeca. Es mi hija, dame por lo menos la oportunidad de enterrarla, de despedirme, dije yo. Ella se quedó callada y después de unos instantes, me dijo que nos veríamos acá, en México, pero que por favor, ahora me limitara simplemente a no estorbar, regresar y darle la noticia a quien lo considerara pertinente. Y así lo hice. En el entierro no estuvieron sino los realmente cercanos. Jonás, sus padres, un par de amigos, Beca y yo. No puedo dejar de pensar en lo absurdo de su muerte, ni en que tenía tan poquito camino recorrido. El no haberla visto cuando quedamos, va a ser algo que, estoy seguro, va a torturarme por mucho tiempo. Lo asumo, no creas, no me victimizo. Lo hecho, hecho está. ¿No te parece? Ahora sólo queda esperar a que los días me den la calma que necesito. Me es preciso comenzar algún proyecto, sé que si no lo hago, algo malo va a suceder y todo esto va a terminar de derrumbarse.
-¿Hay alguna cosa en la que pueda ayudarte? -Murmuró Pat.
-No, gracias. Por el momento solamente te pido que te quedes un par de horas. La verdad es que no quiero estar solo. ¿Comiste ya? Yo no tengo hambre, pero sé que debo comer algo. ¿Te apetece pizza?
-Sí. Espera, que la pido yo.
Tomó el teléfono y mientras marcaba el número de la pizzería famosa aquella, que se sabía de memoria, y trataba de que el desconcierto no la terminara de invadir, sin pensarlo fijó su mirada en el vacío que los cuadros de Rebeca habían dejado en el suelo de la sala. Era algo similar al espacio que no habitaba ya la hija de Otif, de quien por cierto, tiempo después, en circunstancias bastante extrañas, conocería el nombre.
-Ah, sí. Los cuadros. -Otif se dio cuenta de que Pat veía fijamente lo efímeras que a veces son las cosas materiales. -Vino por ellos hace un rato, Rebeca. Amablemente se ofreció a traerme a casa. Me extrañó, pero, evidentemente no tenía ganas de discutir. Nos vimos por la mañana, entró, dio un vistazo rápido, hizo gestos de disgusto y sin decir palabra alguna, se los llevó. Lo hizo como si quisiera quitarme un peso de encima. Tal vez supuso que me pesaría más ahora tenerlos aquí, así que, intuitiva y solidariamente los subió a la cajuela de la lujosa camioneta de su marido millonario y diciéndome que todo iba a estar bien, salió con Jonás que la ayudaba y quien se despidió de mí, avisándome con la mirada que él tampoco quería volver a verme. ¿La puedes pedir de anchoas y pimiento? Hace mucho que no como una pizza de anchoas y pimiento.
La pizza llegó, Pat se ofreció a pagarla, recibió al chico en motocicleta que llevaba un casco que le venía grande, y que por su corta edad parecía sacado de una caricatura de los Power Rangers, le dio una generosa propina y se sentó junto a Otif en la mugrienta y descuidada alfombra. Comieron en silencio. Justo cuando a Pat le parecía que la tarde no iba a darse como para contarle el pendiente que tenían, Itares le preguntó de la manera más casual y tranquila qué era lo que no había podido decirle la otra vez.
-Por favor, cuéntame lo tuyo, que me va a servir para distraerme un poco. Antes voy a darte un consejo, puedes hacerme caso o no.
-Dime, soy toda oídos. -Dijo Patricia tratando de hacer sentir bien a Otif.
-No dejes nada pendiente nunca. No dejes nada para la próxima vez. Si tienes que decir algo, dilo. Si sientes que tienes que hacer algo, por muy estúpido que parezca, hazlo. En ocasiones, la vida nos abofetea enseñándonos que no siempre hay una próxima vez. Así que, por lo que más quieras y aunque parezca no tener sentido, aunque parezca que es algo sin importancia, no te vayas a dormir jamás con la sensación de que dejarás para mañana un asunto. A lo mejor te suena dramático pero puedes encontrarte al lado de la almohada la posibilidad de que no haya un mañana. Y no me refiero a que andes por el mundo haciendo estupideces, sino por el contrario, a que camines por la vida teniendo la capacidad de discernir entre las cosas sin importancia, que no siempre son las cosas sencillas, y aquello que va a darle un sentido distinto a tu destino. Mira, que si yo me hubiera escuchado hace algunos años, no hubiera cometido errores que hoy sólo me dan palabras para intentar formular un sentido en un enorme vacío. Me siento como avanzando con un aparente disimulo ante mí mismo en una consecutiva decepción de todo lo que he hecho y de todo lo que he dejado de hacer. Por eso Pat, no andes por ahí arrepintiéndote por nada.
A Pat le pareció verlo más flaco pero no quiso decirle nada. No era un buen comienzo para una conversación, sobre todo, cuando se había ido de aquella manera a la India. Otif tenía la mirada perdida en algún recuerdo que no lograba colocar en el anaquel correspondiente; tardó un par de minutos en percatarse de la presencia de ella. Bebía café con una mano y con la otra hacía dibujitos en el aire. Antes de decir palabra, Pat se dio cuenta de que todos los cuadros que había visto abandonados como huérfanos ante la puerta de un hospicio la última vez que estuvo en la casa, habían desparecido. En su lugar habitaban restos de humedad y más polvo que en un campamento en el desierto.
Pensó que el repentino viaje de Otif a la India tenía directamente que ver con su ex mujer. Incluso, era posible que ella hubiera estado ahí hacía algunas horas; tal vez por fin se hubiera decidido a llevarse los recuerdos materializados que dejó cuando se fue. De pronto, una leve corriente de aire entró por la ventana que estaba abierta, moviendo la cortina y dejando percibir a Pat, y seguramente a Otif también, un leve olor a perfume fino que se colaba vagamente por su nariz recordándole de nuevo que no estaba más ahí.
-Hola Pat, ¿Cómo va todo?
-Bien, supongo. ¿Tú cómo estás? ¿Todo bien en la India?
-Mi hija murió.
Soltó la frase con una naturalidad tal, que hizo que Pat relacionara su tono de voz y su cadencia en las palabras, con la manera cotidiana y apesadumbrada del sujeto que cada mañana da el pronóstico del tiempo en un canal de televisión por cable. Ese sujeto que un buen día, amablemente avisa al policía del edificio en el que trabaja que va a suicidarse. Toma el elevador, sube al último piso y se avienta. Todo sin hacer alboroto, sin gritos ni luces alarmantes. Lo único que queda de él después de que se alejan las sirenas de las patrullas y las ambulancias es un escalofriante y sordo silencio; justo como el que habitaba ahora en la casa de Otif.
-Y ¿sabes? -Continuó esbozando una sonrisa que anunciaba lo que viene después de la catástrofe. -Lo más chistoso de todo es que murió de cólera. Ella, que tenía un carácter tan afable. Se enfermó, seguramente por algo que comió; estuvo sola encerrada en un maldito monasterio o qué se yo, no se atendió y rápidamente se complicó todo. Estaba aislada casi por completo y cuando la encontraron y la llevaron al hospital fue demasiado tarde. Es absurdo, es totalmente absurdo.
En el ambiente reinaba no solamente el olor a perfume fino, sino una cierta insatisfacción rabiosa por aceptar el sinsentido de lo acontecido.
-No. Espera. Hay algo más chistoso que eso. -Siguió él con la mirada fija en un remolino grasiento e inexistente. -Antes de que se fuera quedamos de vernos. Ella tenía algo importante que contarme, dijo. No nos veíamos muy seguido. Siempre andaba haciendo sus prácticas antropológicas y yo, ya sabes, en lo mío, pero podría decir que nos llevábamos bastante bien. Era una relación alejada y cercana a la vez, o al menos así me lo parecía a mí. A sus 26 años era una chica bastante independiente y desapegada pero aquella vez me pidió que nos viéramos porque partía al África y luego a la India. Debo confesarte, si me lo permites, que no puse mucha atención cuando me dijo a qué se iba, pero supuse que me contaría cuando la viera. Teníamos casi 4 meses de no vernos y su estancia en el extranjero no sería corta, así que me entró un sentimiento paternal y supuse importante encontrarme con ella.
Otif bajó la mirada, dio un sorbo grande al café, apretó los labios y prosiguió.
-Total que quedamos de encontrarnos en un restaurante que solíamos frecuentar cuando era más pequeña, porque, seguía siendo pequeña, ¿no? Era un par de años más grande que tú, tenía toda una vida por delante. -Hizo una pausa corta, cerró los ojos e inhaló en el vacío. -Recuerdo que cada vez que íbamos a aquel lugar, ella siempre pedía algo distinto. Se probó todo el menú, era un restaurante de comida griega y aunque los nombres de los platillos no invitaran al apetito, ella los probaba. Siempre fue medio aventurada y muy valiente, de esas personas que parecen no conocer el miedo. El caso es que yo, concentrado en una investigación, no llegué aquella vez a nuestra cita. La verdad es que se me fue el tiempo y me di cuenta que no sólo había oscurecido, sino que eran casi las seis de la mañana. La llamé inmediatamente y la grabación de su contestador me respondió con un alegre: “Estoy de viaje, deja tu número y nombre y te llamo cuando vuelva.”
Patricia se sentó a su lado. A Otif se le fueron llenando los ojos de lágrimas y Pat sintió cómo si el puño de un gigante le pusiera unas pinzas para cortar alambres en el lado derecho del corazón. Inevitablemente pensó en su madre, pensó que los días que venían iban a ser más que duros para Otif. No sabía cómo era perder a un hijo pero supuso que era mucho peor que perder a un padre.
-Yo dejé un recado confuso y entrecortado. Intentaba pedirle disculpas de mil maneras, pero no sabía cómo. Ella ya se habría ido seguramente, no escucharía el mensaje hasta que volviera, así que sin más, corté tratando de apagar mi culpa, pensando en que se pondría en contacto conmigo en cuanto llegara al África. Pero no lo hizo. Supe entonces, que estaba realmente enfadada conmigo y no hubo manera de comunicarme. Estaba en la selva o algo así. Después pensé que se le pasaría y que me contaría aquello de lo que quiso hablarme con tanta urgencia esa tarde. Los meses pasaron y no supe nada de ella hasta que Rebeca me llamó para decirme que mi hija, lo que más quise en la vida, estaba muriéndose en un jodido hospitalito de la India, que la habían contactado a través de la embajada y que fuera inmediatamente para allá. Fue demasiado tarde, volví a llegar tarde a verla. Como cuando en la escuela la dejé olvidada más de un par de veces los días que me tocaba recogerla y ella se iba caminando solita hasta casa de su madre y luego me llamaba preocupadísima para ver si no me había ocurrido algo. Le reproché a Beca que no me hubiera avisado antes, pero ella, furiosa, alzando la ceja derecha como suele hacerlo cuando algo la crispa, tratando de mantener la calma por la presencia del doctor y la enfermera, me dijo en un tono suave que me heló la piel, que estuvo tratando de localizarme, pero que como siempre, tenía desconectado el teléfono y que prefirió volar inmediatamente que venir a mi casa a intentar encontrarme y sacarme de mi asquerosa vida egoísta y patética. Fíjate, ésas fueron las palabras que usó. “Tu asquerosa vida egoísta y patética.” Evidentemente no pude decirle nada, en este momento le doy completamente la razón. Un silencio pesado me iba llenando los pulmones y ella, con la voz más aguda que nunca, apenas salieron el doctor y la enfermera, después de cubrirla a mi nena toda con una sábana y anotar no sé que cosas en un expediente, me dijo que seguramente lo que quería contarme esa vez, era que estaba embarazada. Que tenía una relación desde hace un año y medio con Jonás. “El etnólogo ¿te acuerdas? Porque, sí te lo presentó ¿No?”, me dijo con el tono irónico que se le asoma cuando el dolor puede más que su fuerza interna. Que vivían juntos hace un año. Eso ya lo sabía, repuse yo. Que la cuestión era que tenía casi dos meses de embarazo, siguió sin escucharme, que viajaría porque no podía perderse esta oportunidad, ya que la Universidad de antropología la había becado y que volvería después de tener al nene. Que si era niño, le iba poner Otif, y si era nena, Rebeca. Pues bueno, ahora no tendríamos ni nieto, ni hija y por lo tanto, nada más que nos uniera; que no quería volver a verme ni a saber nada de mí; que se encargaría junto con Jonás de todos los trámites para traer el cuerpo a México y que por favor, no tuviera la poca vergüenza de presentarme al entierro.
Pat no sabía cómo procesar aquella información. No sabía si abrazarlo, seguir sentada con las rodillas dobladas, tronarse los dedos hasta despedazárselos o salir corriendo por la puerta.
-¿Cómo no voy a ir al entierro? No jodas, Rebeca. Es mi hija, dame por lo menos la oportunidad de enterrarla, de despedirme, dije yo. Ella se quedó callada y después de unos instantes, me dijo que nos veríamos acá, en México, pero que por favor, ahora me limitara simplemente a no estorbar, regresar y darle la noticia a quien lo considerara pertinente. Y así lo hice. En el entierro no estuvieron sino los realmente cercanos. Jonás, sus padres, un par de amigos, Beca y yo. No puedo dejar de pensar en lo absurdo de su muerte, ni en que tenía tan poquito camino recorrido. El no haberla visto cuando quedamos, va a ser algo que, estoy seguro, va a torturarme por mucho tiempo. Lo asumo, no creas, no me victimizo. Lo hecho, hecho está. ¿No te parece? Ahora sólo queda esperar a que los días me den la calma que necesito. Me es preciso comenzar algún proyecto, sé que si no lo hago, algo malo va a suceder y todo esto va a terminar de derrumbarse.
-¿Hay alguna cosa en la que pueda ayudarte? -Murmuró Pat.
-No, gracias. Por el momento solamente te pido que te quedes un par de horas. La verdad es que no quiero estar solo. ¿Comiste ya? Yo no tengo hambre, pero sé que debo comer algo. ¿Te apetece pizza?
-Sí. Espera, que la pido yo.
Tomó el teléfono y mientras marcaba el número de la pizzería famosa aquella, que se sabía de memoria, y trataba de que el desconcierto no la terminara de invadir, sin pensarlo fijó su mirada en el vacío que los cuadros de Rebeca habían dejado en el suelo de la sala. Era algo similar al espacio que no habitaba ya la hija de Otif, de quien por cierto, tiempo después, en circunstancias bastante extrañas, conocería el nombre.
-Ah, sí. Los cuadros. -Otif se dio cuenta de que Pat veía fijamente lo efímeras que a veces son las cosas materiales. -Vino por ellos hace un rato, Rebeca. Amablemente se ofreció a traerme a casa. Me extrañó, pero, evidentemente no tenía ganas de discutir. Nos vimos por la mañana, entró, dio un vistazo rápido, hizo gestos de disgusto y sin decir palabra alguna, se los llevó. Lo hizo como si quisiera quitarme un peso de encima. Tal vez supuso que me pesaría más ahora tenerlos aquí, así que, intuitiva y solidariamente los subió a la cajuela de la lujosa camioneta de su marido millonario y diciéndome que todo iba a estar bien, salió con Jonás que la ayudaba y quien se despidió de mí, avisándome con la mirada que él tampoco quería volver a verme. ¿La puedes pedir de anchoas y pimiento? Hace mucho que no como una pizza de anchoas y pimiento.
La pizza llegó, Pat se ofreció a pagarla, recibió al chico en motocicleta que llevaba un casco que le venía grande, y que por su corta edad parecía sacado de una caricatura de los Power Rangers, le dio una generosa propina y se sentó junto a Otif en la mugrienta y descuidada alfombra. Comieron en silencio. Justo cuando a Pat le parecía que la tarde no iba a darse como para contarle el pendiente que tenían, Itares le preguntó de la manera más casual y tranquila qué era lo que no había podido decirle la otra vez.
-Por favor, cuéntame lo tuyo, que me va a servir para distraerme un poco. Antes voy a darte un consejo, puedes hacerme caso o no.
-Dime, soy toda oídos. -Dijo Patricia tratando de hacer sentir bien a Otif.
-No dejes nada pendiente nunca. No dejes nada para la próxima vez. Si tienes que decir algo, dilo. Si sientes que tienes que hacer algo, por muy estúpido que parezca, hazlo. En ocasiones, la vida nos abofetea enseñándonos que no siempre hay una próxima vez. Así que, por lo que más quieras y aunque parezca no tener sentido, aunque parezca que es algo sin importancia, no te vayas a dormir jamás con la sensación de que dejarás para mañana un asunto. A lo mejor te suena dramático pero puedes encontrarte al lado de la almohada la posibilidad de que no haya un mañana. Y no me refiero a que andes por el mundo haciendo estupideces, sino por el contrario, a que camines por la vida teniendo la capacidad de discernir entre las cosas sin importancia, que no siempre son las cosas sencillas, y aquello que va a darle un sentido distinto a tu destino. Mira, que si yo me hubiera escuchado hace algunos años, no hubiera cometido errores que hoy sólo me dan palabras para intentar formular un sentido en un enorme vacío. Me siento como avanzando con un aparente disimulo ante mí mismo en una consecutiva decepción de todo lo que he hecho y de todo lo que he dejado de hacer. Por eso Pat, no andes por ahí arrepintiéndote por nada.
sabato 18 settembre 2010
giovedì 19 agosto 2010
straniera
va be... sono stata guidando tutta la maleddetta sera... no, no, meglio.. sono stata in macchina tutta la maleddetta sera e non sono mai arrivata...
la cittá é tanto diversa da quando mi sono andata. so che é mia, la mia cittá mi piace. mi piacciono le strade... ma peró credo che mi piacciono le strade di tutte le cittá. ma la mia... con quella nostalgia, con quella malinconia presente sempre, col spirito povero e lo sguardo basso.... e la sua gente camminando per lavorare.
la gente grida ed io urlo in macchina. la luce rossa ha sempre ´na durata piú lunga. l´obbietivo non é stato riagunto oggi. cammino, abandono, puoi camminare sempre e abbandonare sempre, ma non puoi correre da te... quindi, ritorno e ascendo nuovamente la macchina.
poi la sera finiva...
io guidavo e cercavo di non disperarmi pensando forse nell´ultima volta che avevo una raggione per sorridere.
che tipo di umano sei se non hai una raggione per sorridere? non lo so... non ho neanche una per parlare... per ció che non avevo parlato con freud fincche oggi. (volevo, voglio dire).
mi ricordo... le cittá... sucede che in tutte mi sento straniera.
oddio non potter controllare delle cose che mi mettono male...
fan culo!!!
oggi é stato un giorno di merdaaaa!!!
ma ho trovato qualcosa... ho imparato a dire "no". no... dico no a quello con qui non sono d´acordo.
comunque...
chi semina vento...
la cittá é tanto diversa da quando mi sono andata. so che é mia, la mia cittá mi piace. mi piacciono le strade... ma peró credo che mi piacciono le strade di tutte le cittá. ma la mia... con quella nostalgia, con quella malinconia presente sempre, col spirito povero e lo sguardo basso.... e la sua gente camminando per lavorare.
la gente grida ed io urlo in macchina. la luce rossa ha sempre ´na durata piú lunga. l´obbietivo non é stato riagunto oggi. cammino, abandono, puoi camminare sempre e abbandonare sempre, ma non puoi correre da te... quindi, ritorno e ascendo nuovamente la macchina.
poi la sera finiva...
io guidavo e cercavo di non disperarmi pensando forse nell´ultima volta che avevo una raggione per sorridere.
che tipo di umano sei se non hai una raggione per sorridere? non lo so... non ho neanche una per parlare... per ció che non avevo parlato con freud fincche oggi. (volevo, voglio dire).
mi ricordo... le cittá... sucede che in tutte mi sento straniera.
oddio non potter controllare delle cose che mi mettono male...
fan culo!!!
oggi é stato un giorno di merdaaaa!!!
ma ho trovato qualcosa... ho imparato a dire "no". no... dico no a quello con qui non sono d´acordo.
comunque...
chi semina vento...
sabato 31 luglio 2010
NUMERO SBAGLIATO. SCENA 3.
SCENA 3.
Lei dorme. Il telefono suona. Lei si alza senza ascendere la luce e lo prende. Nell´altra metá dell´escena é lui. Mangia chinese food. Gioca con gli sticks. Sembra tranquilo, ma piange. Mangia e parla nello stesso tempo.
-Lei (senza svegliarse totalmente): Pronto?
-Lui: sai che sei la persona piú...
-Lei: Ma chi é?
-Lui: Sono io.
-Lei: Ah, (scende la luce) cosa vuoi?
-Lui: Dirti che... Sei una troia.
-Lei: Ah. E va be... L´hai detto.
-Lui: Sei lo peglio. Se non ti avrei conosciuto...
-Lei: E allora perché chiami ancora?
-Lui: Non lo so...
-Lei: Dai. Se non mi avresti conosciuto saresti l´uomo piú felice sulla terra, certo? Ma non e cosí... Allora, perché cavolo chiami ancora?
-Lui: Non lo so... Mi metti... Comunque, cosa vuol dire chiamarti ancora?
-Lei: Mi odi... Oppure hai qualcosa che non é... Non lo so, avevi detto che non volevi saper niente. Questo comincia a farmi paura.
-Lui: Si, lo so. Scusa per l´ora.
-Lei: Non ti preocupare. Vuoi venire a bere un caffe?
-Lui: Ma perché sei cosí? Sai cosa sucederá se vengo a bere qualcosa?
-Lei: Posso immagginare... Forse...
-Lui: Se ti vedo, dovró fare qualcosa determinante.
-Lei: Cioé?
-Lui: ...
-Lei: Come sempre...
-Lui: Scusa per chiamarti.
-Lei: Cambio il mio numero.
-Lui: Si.
-Lei: Ciao H.
-Lui: Ciao H.
Lei dorme. Il telefono suona. Lei si alza senza ascendere la luce e lo prende. Nell´altra metá dell´escena é lui. Mangia chinese food. Gioca con gli sticks. Sembra tranquilo, ma piange. Mangia e parla nello stesso tempo.
-Lei (senza svegliarse totalmente): Pronto?
-Lui: sai che sei la persona piú...
-Lei: Ma chi é?
-Lui: Sono io.
-Lei: Ah, (scende la luce) cosa vuoi?
-Lui: Dirti che... Sei una troia.
-Lei: Ah. E va be... L´hai detto.
-Lui: Sei lo peglio. Se non ti avrei conosciuto...
-Lei: E allora perché chiami ancora?
-Lui: Non lo so...
-Lei: Dai. Se non mi avresti conosciuto saresti l´uomo piú felice sulla terra, certo? Ma non e cosí... Allora, perché cavolo chiami ancora?
-Lui: Non lo so... Mi metti... Comunque, cosa vuol dire chiamarti ancora?
-Lei: Mi odi... Oppure hai qualcosa che non é... Non lo so, avevi detto che non volevi saper niente. Questo comincia a farmi paura.
-Lui: Si, lo so. Scusa per l´ora.
-Lei: Non ti preocupare. Vuoi venire a bere un caffe?
-Lui: Ma perché sei cosí? Sai cosa sucederá se vengo a bere qualcosa?
-Lei: Posso immagginare... Forse...
-Lui: Se ti vedo, dovró fare qualcosa determinante.
-Lei: Cioé?
-Lui: ...
-Lei: Come sempre...
-Lui: Scusa per chiamarti.
-Lei: Cambio il mio numero.
-Lui: Si.
-Lei: Ciao H.
-Lui: Ciao H.
lunedì 19 luglio 2010
LOS REDONDOS. "todo un palo"
PERO PORSU QUE VIENE A CUENTAS.
SOLAMENTE PARA QUE CONSTE EN ACTA, SE ME HIZO HÁBITO, EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO ACABO EN EL TEATRO LOS DOMINGOS.
ME HARÉ CARGO DE QUE TAMBIÉN EL HÁBITO SEA EL DE TOMAR UN HELADO DESPUÉS... MÍNIMO... Y TAL VEZ CHARLAR UN RATITO MÁS CON LA GENTE.
SÓLO PARA QUE SEPAS, TENDRÍA QUE SER DE FRESA.
SOLTANDO.
CAMBIO.
FUERA.
CUAC.
"GOTEROS"
Y bueno...
Cuando despertó aún daba vueltas la cabeza.
Las ideas se obstinan en no dejar dormir y se visten de insomnio.
Los medicamentos se hacen metáforas. Y no hay nada que espante más que una metáfora saliéndose del carril del lenguaje en la carretera para estamparse en el cerco de "precaución" de la realidad.
No puedes pretender tener un proceso de mejoramiento si te bebes un sorbo de palabras acomodadas de tal manera, que igual te den en la madre.
Realidad... que de igual modo está trastocada, hundida, despedazada, corazón de melón, ¿qué puedo hacer por ti?
Dejar de tener prisa porque esté bien.
¿Y si no me da la gana?
Bueno...
Me tomo un vaso de metáforas desgastadas con gotero. Fabricaciones dulces de palabras al revés. También pueden ser grandes espejismos y constructoras de arena en los pies.
Me bebo la dosis, menos 2 gotas. Duermo. Hace falta algo... Pero no son las gotas.
Eso fue lo que le dije al Doc. De modo que dejé de tomarlas.
De modo que ¿de verdad no hay algo que pueda hacer por ti?
Dejar de tener prisa porque esté bien.
¿Y si no me da la gana?
Bue...
No me compres más goteros. ¿Estamos?
Está bien. No pares de escribir. Sólo eso. ¿Estamos?
Dale.
Cuando despertó aún daba vueltas la cabeza.
Las ideas se obstinan en no dejar dormir y se visten de insomnio.
Los medicamentos se hacen metáforas. Y no hay nada que espante más que una metáfora saliéndose del carril del lenguaje en la carretera para estamparse en el cerco de "precaución" de la realidad.
No puedes pretender tener un proceso de mejoramiento si te bebes un sorbo de palabras acomodadas de tal manera, que igual te den en la madre.
Realidad... que de igual modo está trastocada, hundida, despedazada, corazón de melón, ¿qué puedo hacer por ti?
Dejar de tener prisa porque esté bien.
¿Y si no me da la gana?
Bueno...
Me tomo un vaso de metáforas desgastadas con gotero. Fabricaciones dulces de palabras al revés. También pueden ser grandes espejismos y constructoras de arena en los pies.
Me bebo la dosis, menos 2 gotas. Duermo. Hace falta algo... Pero no son las gotas.
Eso fue lo que le dije al Doc. De modo que dejé de tomarlas.
De modo que ¿de verdad no hay algo que pueda hacer por ti?
Dejar de tener prisa porque esté bien.
¿Y si no me da la gana?
Bue...
No me compres más goteros. ¿Estamos?
Está bien. No pares de escribir. Sólo eso. ¿Estamos?
Dale.
QUINCE. 15. "ENCIMA DE TODO, NÁUSEAS"
A pesar de la premura del tiempo, hicieron el amor otra vez. Esta vez no fue en la habitación. Fue en el pasillo, en las escaleras, en el lava manos, en la ventana, en la mesa. Y fue igualmente bello con la adición de la consciencia de los amantes cuando saben que les queda poco tiempo para estar juntos. Ahora se encontraban en igual posición, los dos contaban con la misma información, pero eso a Pat no la hizo sentir menos triste.
Pese a la noticia reciente, todo había estado más que bien, era el mejor sexo que había tenido. Debe decirse que Pat no era precisamente una santa y Leo tenía su historial, pero ni siquiera había lugar para comparaciones. Se acoplaban de una manera genial. Todo marchaba mejor que nunca hasta que un acontecimiento no esperado sucedió:
El preservativo se había roto. A Pat no le había pasado nunca. Revisó su calendario, hizo cuentas y vio que estaba el día más fértil del mes.
-Qué mala pasada, voy a tener que tomarme una de esas pastillas del día siguiente.
Bonita anécdota para platicarle a los amigos en un domingo mientras se toma un helado.
-¿Querés que las vaya a comprar yo?
-No, gracias. Al rato le llamo a Valeria y le pregunto cuál debo comprar. No tengo idea pero ella seguro me pasa el nombre.
-¿Valeria?
-Una amiga que hace un tiempo tuvo que tomarlas también.
-Ah, pará. ¿Hay algo que pueda hacer por vos?
-No te preocupes, no es nada del otro mundo. En otra época tendría que haberte presentado con mis padres como mi futuro esposo o aguantarme la vergüenza en sociedad de ser mamá soltera, o morir en un aborto mal hecho, pero ahora las cosas son distintas. Bueno, más o menos. Por el momento no tengo planeado convertirme en madre y no creo que tú en padre.
-No, la verdad no. Me gustaría, en un par de años, tal vez. ¿Cuántos años tenés?
-24. ¿Tú?
-28. Somos casi unos pibes.
-Sí. Pues ya está, a la tarde me las tomo y problema resuelto.
Todo había girado179 grados. Resultó que por la mañana “El rascacielos” le decía que partía para su tierra y la dejaba a “La casita de perro” con la importante misión de no traer a nadie al mundo.
-Escuchame, si necesitás algo, de verdad, decímelo. Qué bajón, che.
-Tranquilo, que no pasa nada. Ya vas a ver.
-Decime tu número para llamarte y estar en contacto.
Pat dudó. No quería ser grosera pero en ese momento no se sentía con muchas ganas de que el tema se repitiera en ninguna conversación. A decir verdad, no tenía la menor gana de verlo otra vez y no quería volver a acordarse de su nombre.
De todos modos, sin pensarlo mucho, se lo dio, él le dio el suyo, se vistieron, tomaron un poco de café, un último beso y Leonardo se fue.
-Cuidate y si necesitás algo, me llamás. ¿Dale?
-Sip. Tú también cuídate.
Cerró la puerta y se lo imaginó caminando por la cuadra. La gente siempre se iba de su vida. Por un momento tuvo ganas de ser ella la que se marchara de la vida de los demás, así, sin avisar, dejar impunemente a alguien como lo hacen sin anunciarlo, de pronto, los tornillos de las puertas de una construcción vieja.
La resaca comenzaba a asomarse. Tenía hambre, había dormido poco y pensó que no le vendría mal dormirse un rato. Qué bueno que no tenía función de “Grande y Pequeño” aquél día, pensó. Antes de dormir tenía que llamar a Val para preguntarle por el nombre de las pastillas. Tomó el teléfono y marcó su número.
-Hola. ¿Quién habla? -Val atendía la llamada con la voz alegre que siempre tenía. Se oía música oriental al fondo.
-Hola nena. ¿Cómo andas? Te habla Patricia.
-¡Hey! Bien ¿y tú? ¡Qué milagro! ¿Qué te has hecho? ¿En qué andas?
-Bien también. Nada, en esto y aquello. Oye, ¿te acuerdas del nombre de aquellas pastillas de emergencia?
-Sí, ¿cómo olvidarlo? “Las pastillas del abuelo”. ¡Grandes!
No pudo evitarlo, Pat rió por la broma que le hacía Vale.
-¿Te acuerdas de la primera vez que los escuchamos?
-Si, buenos tiempos aquellos. Tendríamos que vernos para oírlos otra vez. Pero ya, en serio. ¿Cómo se llaman?
-Granillca. ¿Por qué? ¿Necesitas comprarlas?
-Ajá. Condón roto.
-Uy, qué mala onda. ¿Con quién?
-Historia larga. Un conocido argentino que se regresa a su país.
-¡Uff! Coincidencia con las pastillas. No bueno, pues tómatelas ya. Son dos. Te tomas una y a las doce horas otra. Si te mareas, no te asustes, es normal.
-Ok. Son súper efectivas ¿no?
-Sí, no hay bronca. Es seguro.
-¿Por qué se oye música china? ¿Qué haces?
-Yoga. Estoy calmando mi espíritu y alimentando mi cuerpo con energía.
-Buenísimo. Estás re loca, oye… hay que vernos en la semana, te llamo. Gracias por el dato. Cariños.
-Sí, perfecto. Puedo el miércoles o jueves por la tarde. Cuídate y cualquier cosa, me echas un fon y me cuentas de tu argentino. ¿Va?
-Si, te vas a reír hasta que te duela la panza. Mala suerte que tengo. Gracias.
-Besitos. Salúdame a Alejandra.
-Sí, le paso tu saludo.
No sólo se mareó. Las pastas aquellas le provocaron todo el asco del mundo. Tuvo que regresar a la farmacia y comprar otras porque la primera la vomitó a la media hora. Pasó una tarde fatal, comió un sandwich y se fue a dormir. Había quedado en ir al teatro con David, un amigo, pero llamó para cancelar. Estaban dando Antígona en el CNA y Pat moría por verla pero se sentía como si le hubieran pasado encima una mezcladora de cemento.
-Maldita caliente. ¿Ya ves? Por andar metiendo ampones en tu cama. -Decía David del otro lado del teléfono, mientras soltaba una carcajada.
-No es un ampón, tarado. Si yo te contara, no me la creerías.
-Solía decir William Blake: “Extraños compañeros de cama nos da la miseria”. Encima de todo, es argentino. Vaya galanes que te consigues.
-Oscar Wild.
-¿Qué?
-Quien decía eso era Oscar Wild. Y cállate, que si hablamos de las tuyas no sales bien librado. Perdona, pero esta vez vas a tener que ir solo al teatro.
-No hay fijón. Descansa y recupérate pronto, nos estamos viendo. Chau.
¿Qué probabilidad hay de que un preservativo se rompa? La cajita dice 99% efectivo. ¿Por qué le había tocado precisamente a ella estar en la estadística del 1%? Qué mala suerte.
¿Qué probabilidad había de que Leo y Pat se conocieran esa noche? Si también había estado en la estadística del 1%, pese al percance nada agradable y pese a que Leo se le iba, por el solo hecho de haberlo visto, qué buena suerte.
Estaba a mano. “Even-steven”.
Hizo una cita con su ginecóloga y se durmió toda la tarde.
Por la noche, mientras tomaba la otra ración atestada de hormonas, recibió un mensaje de Otif:
“Hola Pat. Estoy de vuelta. Llegué hace un par de días. Dime cuándo nos vemos.”
Pat respondía un poco fastidiada. No quería saber nada de los viajes mentados ni de nadie, quería solamente dormir y soñar algo bonito, o si no, de menos, no acordarse de lo soñado.
“Hola. Espero que todo haya salido bien. ¿Puedes el miércoles por la tarde? Digamos, ¿a las 4:00 pm?”
“Sí. Nos hablamos para confirmar. Un abrazo”.
Los días pasaron. Ensayos, textos, mate. De viajes, hasta el momento, nada.
Los análisis médicos que su doctora le había mandado se los haría el jueves.
-Nunca está de más, no lo conoces, es para estar tranquilas. -Le había dicho la ginecóloga.
Lo único que habitaba su entorno era un desasosiego que crecía con cada minuto que pasaba y lo llenaba de algo muy parecido a lo que saben los jugos gástricos untados con un cuchillo oxidado en un pan podrido.
Solamente la salvaba “Grande y pequeño”. A veces se sentía muy similar a Lotte, hablando sola y buscando todo el tiempo saber quién era, con la complicación de no poder hacerse las preguntas de la manera correcta.
Últimamente nada parecía estar funcionando bien. A ella, como a Lotte, también le hubiera gustado tener el sosiego de una mente lógica.
Si hubiera podido decirle... También le hubiera dicho que era Shakespeare.
Si tan sólo se hubiera quedado un poquito fuera de la estadística… Carajo, si ese condón no se hubiera roto…
Pese a la noticia reciente, todo había estado más que bien, era el mejor sexo que había tenido. Debe decirse que Pat no era precisamente una santa y Leo tenía su historial, pero ni siquiera había lugar para comparaciones. Se acoplaban de una manera genial. Todo marchaba mejor que nunca hasta que un acontecimiento no esperado sucedió:
El preservativo se había roto. A Pat no le había pasado nunca. Revisó su calendario, hizo cuentas y vio que estaba el día más fértil del mes.
-Qué mala pasada, voy a tener que tomarme una de esas pastillas del día siguiente.
Bonita anécdota para platicarle a los amigos en un domingo mientras se toma un helado.
-¿Querés que las vaya a comprar yo?
-No, gracias. Al rato le llamo a Valeria y le pregunto cuál debo comprar. No tengo idea pero ella seguro me pasa el nombre.
-¿Valeria?
-Una amiga que hace un tiempo tuvo que tomarlas también.
-Ah, pará. ¿Hay algo que pueda hacer por vos?
-No te preocupes, no es nada del otro mundo. En otra época tendría que haberte presentado con mis padres como mi futuro esposo o aguantarme la vergüenza en sociedad de ser mamá soltera, o morir en un aborto mal hecho, pero ahora las cosas son distintas. Bueno, más o menos. Por el momento no tengo planeado convertirme en madre y no creo que tú en padre.
-No, la verdad no. Me gustaría, en un par de años, tal vez. ¿Cuántos años tenés?
-24. ¿Tú?
-28. Somos casi unos pibes.
-Sí. Pues ya está, a la tarde me las tomo y problema resuelto.
Todo había girado179 grados. Resultó que por la mañana “El rascacielos” le decía que partía para su tierra y la dejaba a “La casita de perro” con la importante misión de no traer a nadie al mundo.
-Escuchame, si necesitás algo, de verdad, decímelo. Qué bajón, che.
-Tranquilo, que no pasa nada. Ya vas a ver.
-Decime tu número para llamarte y estar en contacto.
Pat dudó. No quería ser grosera pero en ese momento no se sentía con muchas ganas de que el tema se repitiera en ninguna conversación. A decir verdad, no tenía la menor gana de verlo otra vez y no quería volver a acordarse de su nombre.
De todos modos, sin pensarlo mucho, se lo dio, él le dio el suyo, se vistieron, tomaron un poco de café, un último beso y Leonardo se fue.
-Cuidate y si necesitás algo, me llamás. ¿Dale?
-Sip. Tú también cuídate.
Cerró la puerta y se lo imaginó caminando por la cuadra. La gente siempre se iba de su vida. Por un momento tuvo ganas de ser ella la que se marchara de la vida de los demás, así, sin avisar, dejar impunemente a alguien como lo hacen sin anunciarlo, de pronto, los tornillos de las puertas de una construcción vieja.
La resaca comenzaba a asomarse. Tenía hambre, había dormido poco y pensó que no le vendría mal dormirse un rato. Qué bueno que no tenía función de “Grande y Pequeño” aquél día, pensó. Antes de dormir tenía que llamar a Val para preguntarle por el nombre de las pastillas. Tomó el teléfono y marcó su número.
-Hola. ¿Quién habla? -Val atendía la llamada con la voz alegre que siempre tenía. Se oía música oriental al fondo.
-Hola nena. ¿Cómo andas? Te habla Patricia.
-¡Hey! Bien ¿y tú? ¡Qué milagro! ¿Qué te has hecho? ¿En qué andas?
-Bien también. Nada, en esto y aquello. Oye, ¿te acuerdas del nombre de aquellas pastillas de emergencia?
-Sí, ¿cómo olvidarlo? “Las pastillas del abuelo”. ¡Grandes!
No pudo evitarlo, Pat rió por la broma que le hacía Vale.
-¿Te acuerdas de la primera vez que los escuchamos?
-Si, buenos tiempos aquellos. Tendríamos que vernos para oírlos otra vez. Pero ya, en serio. ¿Cómo se llaman?
-Granillca. ¿Por qué? ¿Necesitas comprarlas?
-Ajá. Condón roto.
-Uy, qué mala onda. ¿Con quién?
-Historia larga. Un conocido argentino que se regresa a su país.
-¡Uff! Coincidencia con las pastillas. No bueno, pues tómatelas ya. Son dos. Te tomas una y a las doce horas otra. Si te mareas, no te asustes, es normal.
-Ok. Son súper efectivas ¿no?
-Sí, no hay bronca. Es seguro.
-¿Por qué se oye música china? ¿Qué haces?
-Yoga. Estoy calmando mi espíritu y alimentando mi cuerpo con energía.
-Buenísimo. Estás re loca, oye… hay que vernos en la semana, te llamo. Gracias por el dato. Cariños.
-Sí, perfecto. Puedo el miércoles o jueves por la tarde. Cuídate y cualquier cosa, me echas un fon y me cuentas de tu argentino. ¿Va?
-Si, te vas a reír hasta que te duela la panza. Mala suerte que tengo. Gracias.
-Besitos. Salúdame a Alejandra.
-Sí, le paso tu saludo.
No sólo se mareó. Las pastas aquellas le provocaron todo el asco del mundo. Tuvo que regresar a la farmacia y comprar otras porque la primera la vomitó a la media hora. Pasó una tarde fatal, comió un sandwich y se fue a dormir. Había quedado en ir al teatro con David, un amigo, pero llamó para cancelar. Estaban dando Antígona en el CNA y Pat moría por verla pero se sentía como si le hubieran pasado encima una mezcladora de cemento.
-Maldita caliente. ¿Ya ves? Por andar metiendo ampones en tu cama. -Decía David del otro lado del teléfono, mientras soltaba una carcajada.
-No es un ampón, tarado. Si yo te contara, no me la creerías.
-Solía decir William Blake: “Extraños compañeros de cama nos da la miseria”. Encima de todo, es argentino. Vaya galanes que te consigues.
-Oscar Wild.
-¿Qué?
-Quien decía eso era Oscar Wild. Y cállate, que si hablamos de las tuyas no sales bien librado. Perdona, pero esta vez vas a tener que ir solo al teatro.
-No hay fijón. Descansa y recupérate pronto, nos estamos viendo. Chau.
¿Qué probabilidad hay de que un preservativo se rompa? La cajita dice 99% efectivo. ¿Por qué le había tocado precisamente a ella estar en la estadística del 1%? Qué mala suerte.
¿Qué probabilidad había de que Leo y Pat se conocieran esa noche? Si también había estado en la estadística del 1%, pese al percance nada agradable y pese a que Leo se le iba, por el solo hecho de haberlo visto, qué buena suerte.
Estaba a mano. “Even-steven”.
Hizo una cita con su ginecóloga y se durmió toda la tarde.
Por la noche, mientras tomaba la otra ración atestada de hormonas, recibió un mensaje de Otif:
“Hola Pat. Estoy de vuelta. Llegué hace un par de días. Dime cuándo nos vemos.”
Pat respondía un poco fastidiada. No quería saber nada de los viajes mentados ni de nadie, quería solamente dormir y soñar algo bonito, o si no, de menos, no acordarse de lo soñado.
“Hola. Espero que todo haya salido bien. ¿Puedes el miércoles por la tarde? Digamos, ¿a las 4:00 pm?”
“Sí. Nos hablamos para confirmar. Un abrazo”.
Los días pasaron. Ensayos, textos, mate. De viajes, hasta el momento, nada.
Los análisis médicos que su doctora le había mandado se los haría el jueves.
-Nunca está de más, no lo conoces, es para estar tranquilas. -Le había dicho la ginecóloga.
Lo único que habitaba su entorno era un desasosiego que crecía con cada minuto que pasaba y lo llenaba de algo muy parecido a lo que saben los jugos gástricos untados con un cuchillo oxidado en un pan podrido.
Solamente la salvaba “Grande y pequeño”. A veces se sentía muy similar a Lotte, hablando sola y buscando todo el tiempo saber quién era, con la complicación de no poder hacerse las preguntas de la manera correcta.
Últimamente nada parecía estar funcionando bien. A ella, como a Lotte, también le hubiera gustado tener el sosiego de una mente lógica.
Si hubiera podido decirle... También le hubiera dicho que era Shakespeare.
Si tan sólo se hubiera quedado un poquito fuera de la estadística… Carajo, si ese condón no se hubiera roto…
giovedì 15 luglio 2010
"D´Buffo" Para Frankenstein
Una brutal y divertida experiencia teatral dirigida por Roberto Duarte.
¡¡¡CORRAN LA VOZ!!!
La novela Frankenstein (1818), de la escritora británica Mary Shelley, es considerada uno de los grandes clásicos de la literatura universal. En esta ocasión, una manada de bufones de la ciudad de México, se apropian de un inolvidable argumento: el monstruo sin amor, y nos invitan a recorrer con ellos un hilarante viaje teatral que se estrena el próximo lunes 9 de agosto, en el Polyforum Cultural Siqueiros y estará en cartelera todos los lunes de agosto a las 20:00 horas.
Esta adaptación, de una obra maestra de la literatura gótica, está dirigida por el controvertido Roberto Duarte, creador escénico que nos ha sorprendido con trabajos como El esqueleto de la señora morales (2007) y Alaska (2009).
Por primera vez, en nuestro país, llega a los escenarios una manada de bufones; cuerpos blancos deformados, hilarantes híbridos humanoides, que harán, con la carcajada del espectador, el soundtrack de D´Buffo para Frankenstein.
D´Buffo para Frankenstein, un portento de tragedia, romance, comedia, aventura, música y pasión, introduce a la audiencia a la esencia entera de las emociones humanas. Es una experiencia teatral que nadie debe perderse pues, después de contemplarla, cambiará el sentido de los sueños.
La trama tiene como personaje central a Víctor Frankenstein quien, después del fallecimiento de su madre, se obsesiona con la idea de detener a la muerte. Así, deja a su familia y a su prometida para ir a la universidad y encontrar el conocimiento para cumplir su cometido, aunque, al hacerlo, esté condenándose a sí mismo y a todos los que ama.
De este modo, el Dr. Víctor Frankenstein, su familia, sus amigos y su creación: el monstruo sin amor, cobran vida en un maravilloso y conmovedor viaje, en el que los bufones evidencian, burlándose, el carácter absurdo de la organización de la vida de los hombres.
Avasalladora, exquisita, soberbia, imaginativa, elocuente, atroz y original, son algunos de los múltiples calificativos que recibe esta obra y que la convierten, sin duda, en una de las piezas teatrales que dejará una profunda huella en la historia.
Los boletos se encuentran a la venta a partir del 19 de julio de 2010. Se pueden conseguir en las taquillas del teatro y en el sistema Ticketmaster, al 5325 9000 y en www.ticketmaster.com.mx
¡¡¡CORRAN LA VOZ!!!
La novela Frankenstein (1818), de la escritora británica Mary Shelley, es considerada uno de los grandes clásicos de la literatura universal. En esta ocasión, una manada de bufones de la ciudad de México, se apropian de un inolvidable argumento: el monstruo sin amor, y nos invitan a recorrer con ellos un hilarante viaje teatral que se estrena el próximo lunes 9 de agosto, en el Polyforum Cultural Siqueiros y estará en cartelera todos los lunes de agosto a las 20:00 horas.
Esta adaptación, de una obra maestra de la literatura gótica, está dirigida por el controvertido Roberto Duarte, creador escénico que nos ha sorprendido con trabajos como El esqueleto de la señora morales (2007) y Alaska (2009).
Por primera vez, en nuestro país, llega a los escenarios una manada de bufones; cuerpos blancos deformados, hilarantes híbridos humanoides, que harán, con la carcajada del espectador, el soundtrack de D´Buffo para Frankenstein.
D´Buffo para Frankenstein, un portento de tragedia, romance, comedia, aventura, música y pasión, introduce a la audiencia a la esencia entera de las emociones humanas. Es una experiencia teatral que nadie debe perderse pues, después de contemplarla, cambiará el sentido de los sueños.
La trama tiene como personaje central a Víctor Frankenstein quien, después del fallecimiento de su madre, se obsesiona con la idea de detener a la muerte. Así, deja a su familia y a su prometida para ir a la universidad y encontrar el conocimiento para cumplir su cometido, aunque, al hacerlo, esté condenándose a sí mismo y a todos los que ama.
De este modo, el Dr. Víctor Frankenstein, su familia, sus amigos y su creación: el monstruo sin amor, cobran vida en un maravilloso y conmovedor viaje, en el que los bufones evidencian, burlándose, el carácter absurdo de la organización de la vida de los hombres.
Avasalladora, exquisita, soberbia, imaginativa, elocuente, atroz y original, son algunos de los múltiples calificativos que recibe esta obra y que la convierten, sin duda, en una de las piezas teatrales que dejará una profunda huella en la historia.
Los boletos se encuentran a la venta a partir del 19 de julio de 2010. Se pueden conseguir en las taquillas del teatro y en el sistema Ticketmaster, al 5325 9000 y en www.ticketmaster.com.mx
lunedì 12 luglio 2010
"DOMINGO, MALDITO DOMINGO"
El parte meteorológico de hoy anuncia, y.. anunció un tiroteo de escenas.
Solamente para que conste en acta, no es buena idea traer al desasosiego en el bolso mientras esperas que empiece una función. Es mejor dejarlo a Pessoa en el librero, eso ya lo sabes... sobre todo si es domingo y tú recièn vas llegando, recièn te reconoces.
Solamente para que conste en acta, deberìas leerte algo màs tranqui, al Graves... maybe baby.
Cuando te duela la cabeza y defiendas tu negación a tomarte el medicamento ése con terminación en "am", bebe agua. mucha agua.
Solamente para que conste en acta, al parte meteorológico se le ha venido encima un huracán que estuvo fuera de control, que dejó de ser predecible. El desastre natural convierte al verano en charcos que en un parpadeo mutan en inundaciones. Solamente para que conste en acta, es una linda imagen. ésa, la del charco convertido en inhundación un domingo mientras conduces sobre el asfalto que te dice en cada semáforo que sí, que puedes conducir. Que llegaste, que vas llegando y que sí, ya puedes conducir. El diagnòstico ha sido favorable. este útlimo, al menos. Sólo para que lo sepas, no sè si in-hundaciones va con h o sin h. y si dejó de ser muda o si se rebela nomàs para joder en domingo y de pronto comienza a hablar, a decir que se niega rotundamente a seguir bajo esas circunstancias.
Cuando te salude tu gente y te pregunte còmo ha ido todo, bebe agua. mucha agua. Y cuenta... 1, 2, 3... Y luego responde sin ahogarte. Pregùntale a alguno sobre la h muda. sobre el hacer sin h. sobre el hacha y la hache. Sobre por què el nombre va justo con h. o sin... y què pasa con la p del segundo y la h del primero... y viceversa. què pasa con la doble l en la lìnea del ecuador.
¿Còmo suena la primera e sin h, la segunda h sin p. y la p? ah, es que es del segundo y al revès es del primero. e, h, muda. h, e, p. hablando. poco. empezando. con cuidado al decir lo que se dice. eso. en eso consiste dejar de ser muda.
maldito domingo.
sobre la mudez... solamente para que conste en acta, si a la h se le da la gana dejar de ser muda, si se atreve finalmente, puedes invertar la palabra "mudez".
El parte meteorológico te encuentra un domingo por la tarde. El pronòstico fue acertado. Llueve, la puta madre.
La escena es graciosa. La tuya, sentada en la banca frente a la vieja, no tan vieja escuela. Los bolígrafos en la mano listos pa escribir sobre la h muda de Troya y Hécuba y su historia y hacia apenitas llegàndole al dònde.
y la h de Cortès que quemò algo màs que las naves de aquella conquista destructiva en el puerto. dai, si tambièn piensas en eso, bebe agua.
Si se te olvidò el papel y tienes que acordarte y forzar un toque a la memoria, tarde para arrepentirse. Bebe agua, mucha agua.
Solamente para que conste en acta, el domingo es día de descanso. Si a tu cabeza no le quedó claro todavía y las zancadas son grandes porque llegas tarde al teatro con la tinta chorreando en el bolso, pintàndolo a Pessoa de azul, para un poco y bebe agua... Que comienza la funciòn y es Dostoievsky y su epilepsia hecha genialidad en escena.
Si extrañas un poquito un escenario con h de hacer, ciertos olores, ciertas voces, y el domingo te sume en la butaca haciéndote pensar que el arrepentimiento es parecidòn al miedo chafa al cuestionamiento neto, hìjole... bebe agua. No tanta, que falta un rato pa`l intermedio.
El parte meteorològico de hoy anuncia tormenta tropical con olas que llegan a las ciudades. Dai, di hola a este otro escenario, que estrenas en un mes.
Solamente para que lo sepas, tú... sí, sí. tú. solamente para que lo sepas, es domingo... Aquello que te hubiera gustado decir, o no decir, que te hubiera gustado hacer o no hacer, aquello que viene a la cabeza y se acomoda (tarde según tu actual parecer), sirve, tanto cuanto... Es demasiado pronto... toma agua.
Domingo... maldito domingo. Tienes que aceptarlo. Te... los domingos.
Tà bueno que la h estè empezando a dejar de ser muda, a hablar poco... Es demasiado pronto... decir lo necesario. Y tomar agua.
Toma agua. Es domingo. Y realmente es un dìa muy estùpido para arrepentirse.
Solamente para que conste en acta, no es buena idea traer al desasosiego en el bolso mientras esperas que empiece una función. Es mejor dejarlo a Pessoa en el librero, eso ya lo sabes... sobre todo si es domingo y tú recièn vas llegando, recièn te reconoces.
Solamente para que conste en acta, deberìas leerte algo màs tranqui, al Graves... maybe baby.
Cuando te duela la cabeza y defiendas tu negación a tomarte el medicamento ése con terminación en "am", bebe agua. mucha agua.
Solamente para que conste en acta, al parte meteorológico se le ha venido encima un huracán que estuvo fuera de control, que dejó de ser predecible. El desastre natural convierte al verano en charcos que en un parpadeo mutan en inundaciones. Solamente para que conste en acta, es una linda imagen. ésa, la del charco convertido en inhundación un domingo mientras conduces sobre el asfalto que te dice en cada semáforo que sí, que puedes conducir. Que llegaste, que vas llegando y que sí, ya puedes conducir. El diagnòstico ha sido favorable. este útlimo, al menos. Sólo para que lo sepas, no sè si in-hundaciones va con h o sin h. y si dejó de ser muda o si se rebela nomàs para joder en domingo y de pronto comienza a hablar, a decir que se niega rotundamente a seguir bajo esas circunstancias.
Cuando te salude tu gente y te pregunte còmo ha ido todo, bebe agua. mucha agua. Y cuenta... 1, 2, 3... Y luego responde sin ahogarte. Pregùntale a alguno sobre la h muda. sobre el hacer sin h. sobre el hacha y la hache. Sobre por què el nombre va justo con h. o sin... y què pasa con la p del segundo y la h del primero... y viceversa. què pasa con la doble l en la lìnea del ecuador.
¿Còmo suena la primera e sin h, la segunda h sin p. y la p? ah, es que es del segundo y al revès es del primero. e, h, muda. h, e, p. hablando. poco. empezando. con cuidado al decir lo que se dice. eso. en eso consiste dejar de ser muda.
maldito domingo.
sobre la mudez... solamente para que conste en acta, si a la h se le da la gana dejar de ser muda, si se atreve finalmente, puedes invertar la palabra "mudez".
El parte meteorológico te encuentra un domingo por la tarde. El pronòstico fue acertado. Llueve, la puta madre.
La escena es graciosa. La tuya, sentada en la banca frente a la vieja, no tan vieja escuela. Los bolígrafos en la mano listos pa escribir sobre la h muda de Troya y Hécuba y su historia y hacia apenitas llegàndole al dònde.
y la h de Cortès que quemò algo màs que las naves de aquella conquista destructiva en el puerto. dai, si tambièn piensas en eso, bebe agua.
Si se te olvidò el papel y tienes que acordarte y forzar un toque a la memoria, tarde para arrepentirse. Bebe agua, mucha agua.
Solamente para que conste en acta, el domingo es día de descanso. Si a tu cabeza no le quedó claro todavía y las zancadas son grandes porque llegas tarde al teatro con la tinta chorreando en el bolso, pintàndolo a Pessoa de azul, para un poco y bebe agua... Que comienza la funciòn y es Dostoievsky y su epilepsia hecha genialidad en escena.
Si extrañas un poquito un escenario con h de hacer, ciertos olores, ciertas voces, y el domingo te sume en la butaca haciéndote pensar que el arrepentimiento es parecidòn al miedo chafa al cuestionamiento neto, hìjole... bebe agua. No tanta, que falta un rato pa`l intermedio.
El parte meteorològico de hoy anuncia tormenta tropical con olas que llegan a las ciudades. Dai, di hola a este otro escenario, que estrenas en un mes.
Solamente para que lo sepas, tú... sí, sí. tú. solamente para que lo sepas, es domingo... Aquello que te hubiera gustado decir, o no decir, que te hubiera gustado hacer o no hacer, aquello que viene a la cabeza y se acomoda (tarde según tu actual parecer), sirve, tanto cuanto... Es demasiado pronto... toma agua.
Domingo... maldito domingo. Tienes que aceptarlo. Te... los domingos.
Tà bueno que la h estè empezando a dejar de ser muda, a hablar poco... Es demasiado pronto... decir lo necesario. Y tomar agua.
Toma agua. Es domingo. Y realmente es un dìa muy estùpido para arrepentirse.
giovedì 8 luglio 2010
mercoledì 7 luglio 2010
"BUENOS AIRES APESTA"
Mateo despertó con la sorpresa de que al reloj le había parecido que una huelga no vendría mal después de 10 años de funcionar indetenidamente.
Se pegó una ducha rapidísima para salir. Lo haría esta vez aunque el exterior fuera como dulce de leche enmolado, alegría comprada en la esquina, alfajor caduco. Todo era un asco sin ella. Desde que no estaba, el mundo había venido girando mal. Hoy sería diferente, pensó. Salió sabiendo que igual el sol le jodería la mirada mientras sus pasos torturaran las aceras hasta el café. Corrientes estaba horrorosa. Las marquesinas apagadas agrietaban los recuerdos de los buenos tiempos. Entró al café y la vio. Quiso acercarse y pedirle perdón, esa era la intención; lo había ensayado ya en el espejo. Quiso tomar valor, caminar tranquilo hasta la mesa y decirle lo siento. Pero no pudo. Su corazón se detuvo en la entrada. Cayó al suelo. Al corazón como al reloj también le pareció que era tiempo de parar. La gente tapó la puerta. Ella no alcanzó a verlo, salió del café y entre las ambulancias y Córdoba se perdieron sus pasos. La ciudad era burda y escandalosamente gris. Ausencia. A eso olía Buenos Aires cuando ella volvió a su casa sin saber por qué él esta vez tampoco había llegado.
Se pegó una ducha rapidísima para salir. Lo haría esta vez aunque el exterior fuera como dulce de leche enmolado, alegría comprada en la esquina, alfajor caduco. Todo era un asco sin ella. Desde que no estaba, el mundo había venido girando mal. Hoy sería diferente, pensó. Salió sabiendo que igual el sol le jodería la mirada mientras sus pasos torturaran las aceras hasta el café. Corrientes estaba horrorosa. Las marquesinas apagadas agrietaban los recuerdos de los buenos tiempos. Entró al café y la vio. Quiso acercarse y pedirle perdón, esa era la intención; lo había ensayado ya en el espejo. Quiso tomar valor, caminar tranquilo hasta la mesa y decirle lo siento. Pero no pudo. Su corazón se detuvo en la entrada. Cayó al suelo. Al corazón como al reloj también le pareció que era tiempo de parar. La gente tapó la puerta. Ella no alcanzó a verlo, salió del café y entre las ambulancias y Córdoba se perdieron sus pasos. La ciudad era burda y escandalosamente gris. Ausencia. A eso olía Buenos Aires cuando ella volvió a su casa sin saber por qué él esta vez tampoco había llegado.
"DEL OTRO LADO DE LA CAMA"
Hace no mucho tiempo…
Hace no sé cuánto tiempo que podía quedarme a perder los minutos, las horas entre la parte izquierda de la cama y el insomnio.
Hace no sé cuánto tiempo… me acuerdo… ¿me acuerdo? Y sí… Creo que aún me acuerdo, me parece que todavía puedo recordar una tarde en la que hacía cosas que le gustaban, por ejemplo, quedarme callada. Quedarme callada cuando mi naturaleza es hablar hasta por los codos. Quedarme callada porque sabía que él lo necesitaba… Así, sin pensar que algo andaba mal. Callarme sólo para escuchar que no decía nada. Y con ese decir nada estaba todo. Pasar una tarde entera viendo videos que le gustaban y jugar x-box con sus amigos a pesar de que me aburría en la segunda partida. Eran realmente buenos los días a su lado.
“You are the only one” dijo una noche. Y luego no dijo nada, y tomamos un taxi de regreso a su casa y no dijimos nada… Pero yo sabía… Yo supe. Y entonces cambió todo. Con un par de palabras dichas desde la nada, lo ví… y ví esa mirada y supe que no tendría otro remedio que decirle “sí” a todo. Así como él se dio cuenta inmediatamente de mis puntos flacos, así como en un segundo se percató de mi talón de Aquiles, de los muchos que tengo y en lugar de aplastarlos, los mordió entre sus sábanas mientras se lo pedía en voz bajita.
Hace no mucho que mi voz no taladraba su cabeza un martes temprano diciéndole: “la puta madre, es re tarde. Me voy, no sé si hay algo en la nevera, no sé si quedó algo de ayer”.
Y hoy… Hoy lo veo dormido. Me despierto un martes intentando romperle la madre a la rutina, lo beso como hace siglos que no lo hago… Se da vuelta, se corre hacia el lado opuesto de la cama, aquél del que juré no moverme para dejarlo dormir, y se da vuelta. Y soy nada. Se da vuelta en la cama en un martes y me doy cuenta, me doy cuenta...
Antes intentaba abrir los ojos y balbucear algo, lo que fuera, intentaba hacerme sentir bien, desearme un buen día, un “nos vemos para cenar”…
Hoy apenas abro los ojos para verlo dormido y saber que da igual que yo esté ahí o no.
Salgo del apartamento pensando en aquella noche en la que dijo “you are the only one” con un vaso en la mano, con una sonrisa, con ganas, sabiendo que podría ser, pensando en lo que pude ser… En que soy sólo un ser humano más en este asco de planeta, en que se me perdió el espacio y el tiempo para decirle que me es importante.
Eran realmente buenos los días a su lado… Hasta que todo se fue a la mierda. Hasta que nos perdimos el uno del otro entre el 4º y el 5º piso del edificio. Hasta que dejó de importarnos si necesitábamos hablar.
Y él, él hace un intento enorme por hacerme sentir que todo marcha bien. Pero los dos sabemos que da exactamente igual que yo esté o no esté ahí, en ese lado de la cama.
Hace no sé cuánto tiempo que podía quedarme a perder los minutos, las horas entre la parte izquierda de la cama y el insomnio.
Hace no sé cuánto tiempo… me acuerdo… ¿me acuerdo? Y sí… Creo que aún me acuerdo, me parece que todavía puedo recordar una tarde en la que hacía cosas que le gustaban, por ejemplo, quedarme callada. Quedarme callada cuando mi naturaleza es hablar hasta por los codos. Quedarme callada porque sabía que él lo necesitaba… Así, sin pensar que algo andaba mal. Callarme sólo para escuchar que no decía nada. Y con ese decir nada estaba todo. Pasar una tarde entera viendo videos que le gustaban y jugar x-box con sus amigos a pesar de que me aburría en la segunda partida. Eran realmente buenos los días a su lado.
“You are the only one” dijo una noche. Y luego no dijo nada, y tomamos un taxi de regreso a su casa y no dijimos nada… Pero yo sabía… Yo supe. Y entonces cambió todo. Con un par de palabras dichas desde la nada, lo ví… y ví esa mirada y supe que no tendría otro remedio que decirle “sí” a todo. Así como él se dio cuenta inmediatamente de mis puntos flacos, así como en un segundo se percató de mi talón de Aquiles, de los muchos que tengo y en lugar de aplastarlos, los mordió entre sus sábanas mientras se lo pedía en voz bajita.
Hace no mucho que mi voz no taladraba su cabeza un martes temprano diciéndole: “la puta madre, es re tarde. Me voy, no sé si hay algo en la nevera, no sé si quedó algo de ayer”.
Y hoy… Hoy lo veo dormido. Me despierto un martes intentando romperle la madre a la rutina, lo beso como hace siglos que no lo hago… Se da vuelta, se corre hacia el lado opuesto de la cama, aquél del que juré no moverme para dejarlo dormir, y se da vuelta. Y soy nada. Se da vuelta en la cama en un martes y me doy cuenta, me doy cuenta...
Antes intentaba abrir los ojos y balbucear algo, lo que fuera, intentaba hacerme sentir bien, desearme un buen día, un “nos vemos para cenar”…
Hoy apenas abro los ojos para verlo dormido y saber que da igual que yo esté ahí o no.
Salgo del apartamento pensando en aquella noche en la que dijo “you are the only one” con un vaso en la mano, con una sonrisa, con ganas, sabiendo que podría ser, pensando en lo que pude ser… En que soy sólo un ser humano más en este asco de planeta, en que se me perdió el espacio y el tiempo para decirle que me es importante.
Eran realmente buenos los días a su lado… Hasta que todo se fue a la mierda. Hasta que nos perdimos el uno del otro entre el 4º y el 5º piso del edificio. Hasta que dejó de importarnos si necesitábamos hablar.
Y él, él hace un intento enorme por hacerme sentir que todo marcha bien. Pero los dos sabemos que da exactamente igual que yo esté o no esté ahí, en ese lado de la cama.
martedì 6 luglio 2010
"TEMPORAL"
Eran las 5:00 am. El parte meteorológico anunciaba que el huracán "Alex" había subido de categoría. Era ahora mucho más peligroso. La chica del clima recibió el informe; tendría que recomendar abrigarse y evitar olvidar el paraguas. El huracán, por cierto, golpearía al golfo también. La ciudad sería un caos, además.
La mañana aparecía entre nubes y edifios y gotas de agua que entorpecían el paso de cualquiera.
La chica del clima salió esa mañana ya con la previa de cómo estaría climatológicamente el día.
Solamente para que conste en acta, ella, que tenía la estadística de las condiciones climáticas, que sabía en qué momento tal vez saldría el sol y cuándo dejaría de llover, no se imaginó que "Alex" llegaría doblando una esquina tirándole mucho más que el papeleo con mapas y números.
No hablaron demasiado. En la calle, el encuentro accidental, el primero, fue breve. Él venía cubiréndose de la lluvia con un maletín pequeño que formaba una figura típicamente imposible de ser seria, y ella entrecerraba los ojos mientras caminaba en contra del viento con su gabardina cerrada hasta el cuello.
Doblaban la ezquina y se toparon típicamente al dar la vuelta cada uno con su prisa personal, con la mente ubicada entre no perder la marcha del paso y llegar a tiempo. El choque fue duro, lo suficientemente duro como para que los sacara del encimismamiento cotidiano. La hebilla del maletín de él le dió a ella justo en la parte de la ceja, causando un brote de sangre pequeño pero escandaloso. El se escusó y ofreció acompañarla hasta un consultorio médico, ella medio atolondrada, dijo que no era necesario, que iría a la farmacia y que se pondría un bendolete. Miró el reloj y le advirtió que tenía que darse prisa, que era preciso llegar al canal de televisión en el que trabajaba para dar su predicción del tiempo. Sin embargo, él la tomó del brazo y la llevó hasta su auto, que no estaba lejos, diciéndole que después la llevaría al canal y que así llegarían más rápido.
La sangre no debaja de chorrear.
Pararon en una farmacia. El tráfico era total. Él se bajó del auto, ya sin importarle mojarse y volvió con un par de gasas y cinta adhesiva. El fenómeno climatológico los encerró en el auto y en el tráfico. Él, con calma le curó la herida. Había olvidado el alcohol o el mertiolate. Ella lo observaba de cerca los gestos que su rostro hacía al colcarle con cuidado la gasa y pegarla con la cinta.
A ella poco le importó la falta de alcohol o mertiolate. Él tenía las manos más cuidadosas que jamás había visto. Pensó que tal vez era doctor. A él no le importó llenarse todo de sangre. Ella tenía los ojos más atrayentes, el olor más rico que había percibido en mucho tiempo.
La herida dejó de sangrar. Paró de llover. Arrancaron el auto. Él condujo sin preguntar a dónde.
Después de un par de horas de plática, se encontraron en la carretera.
Otras dos horas... Alex se llamaba quien la llevaba entre cirrus y stratus en un motel de la autopista.
Pasaron todo el día allí. Toda la noche.
Cuando el reloj marcó las 7:00 am ella estaba lejos de decir si llovería o no, sabía sólo que se encontraba dormida en medio del huracán.
No llegó al canal a recomendar vitamina c y abrigos.
No fue más la chica del clima del canal 12.
Solamente para que conste en acta, algo que no le dijeron del parte meteorológico es que los fenómenos climatológicos son también caprichosos.
No se podía sentir mejor entre los restos de la tormenta y la cama caliente cuando se asomó a la ventana.
No, no. Ese día no salió el sol. y "Alex", húracán, temporal, se fue a media mañana.
La mañana aparecía entre nubes y edifios y gotas de agua que entorpecían el paso de cualquiera.
La chica del clima salió esa mañana ya con la previa de cómo estaría climatológicamente el día.
Solamente para que conste en acta, ella, que tenía la estadística de las condiciones climáticas, que sabía en qué momento tal vez saldría el sol y cuándo dejaría de llover, no se imaginó que "Alex" llegaría doblando una esquina tirándole mucho más que el papeleo con mapas y números.
No hablaron demasiado. En la calle, el encuentro accidental, el primero, fue breve. Él venía cubiréndose de la lluvia con un maletín pequeño que formaba una figura típicamente imposible de ser seria, y ella entrecerraba los ojos mientras caminaba en contra del viento con su gabardina cerrada hasta el cuello.
Doblaban la ezquina y se toparon típicamente al dar la vuelta cada uno con su prisa personal, con la mente ubicada entre no perder la marcha del paso y llegar a tiempo. El choque fue duro, lo suficientemente duro como para que los sacara del encimismamiento cotidiano. La hebilla del maletín de él le dió a ella justo en la parte de la ceja, causando un brote de sangre pequeño pero escandaloso. El se escusó y ofreció acompañarla hasta un consultorio médico, ella medio atolondrada, dijo que no era necesario, que iría a la farmacia y que se pondría un bendolete. Miró el reloj y le advirtió que tenía que darse prisa, que era preciso llegar al canal de televisión en el que trabajaba para dar su predicción del tiempo. Sin embargo, él la tomó del brazo y la llevó hasta su auto, que no estaba lejos, diciéndole que después la llevaría al canal y que así llegarían más rápido.
La sangre no debaja de chorrear.
Pararon en una farmacia. El tráfico era total. Él se bajó del auto, ya sin importarle mojarse y volvió con un par de gasas y cinta adhesiva. El fenómeno climatológico los encerró en el auto y en el tráfico. Él, con calma le curó la herida. Había olvidado el alcohol o el mertiolate. Ella lo observaba de cerca los gestos que su rostro hacía al colcarle con cuidado la gasa y pegarla con la cinta.
A ella poco le importó la falta de alcohol o mertiolate. Él tenía las manos más cuidadosas que jamás había visto. Pensó que tal vez era doctor. A él no le importó llenarse todo de sangre. Ella tenía los ojos más atrayentes, el olor más rico que había percibido en mucho tiempo.
La herida dejó de sangrar. Paró de llover. Arrancaron el auto. Él condujo sin preguntar a dónde.
Después de un par de horas de plática, se encontraron en la carretera.
Otras dos horas... Alex se llamaba quien la llevaba entre cirrus y stratus en un motel de la autopista.
Pasaron todo el día allí. Toda la noche.
Cuando el reloj marcó las 7:00 am ella estaba lejos de decir si llovería o no, sabía sólo que se encontraba dormida en medio del huracán.
No llegó al canal a recomendar vitamina c y abrigos.
No fue más la chica del clima del canal 12.
Solamente para que conste en acta, algo que no le dijeron del parte meteorológico es que los fenómenos climatológicos son también caprichosos.
No se podía sentir mejor entre los restos de la tormenta y la cama caliente cuando se asomó a la ventana.
No, no. Ese día no salió el sol. y "Alex", húracán, temporal, se fue a media mañana.
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